Yo creo a Dylan Farrow

 

Hace 21 años  mucha gente creyó a Woody Allen. Mucha gente creyó la historia de que Mia Farrow no era más que una mujer celosa que había orquestado toda una sórdida historia de abusos a una menor solo para vengarse de su ex. Mucha gente cretó  todo lo que sobre Mia se contaba, que era una loca despechada e histérica. Mucha gente creyó  la historia de los abogados de Allen según la cual Dylan Farrow repetía una y otra vez la misma historia “ como si la tuviera ensayada” y como si la madre se la hubiera metido en la cabeza.

 

Farrow y Allen cuando eran felices. Dylan, en los brazos de Allen

 

En una carta abierta publicada en el  periódico New York Times el sábado, Dylan Farrow ofreció sus primeras declaraciones en público sobre el incidente ocurrido en 1992. En la carta, enviada a  Nicholas Kristof, columnista de la sección de opinión del periódico, Dylan afirmaba que el hecho de que Hollywood siga acogiendo a Allen la llevó a retomar el caso.

“Que él haya salido impune de lo que hizo me persiguió mientras crecía”, escribió Farrow. “Me siento culpable de que yo le haya permitido estar cerca de otras niñas pequeñas”.

Farrow aseguraba que decidió hablar al respecto  tras que Allen fuera galardonado recientemente con un premio por su trayectoria en la entrega de los Globos de Oro.

En la carta, Dylan Farrow sostiene que en 1992, en la casa de la familia en Connecticut, Allen la llevó a un “oscuro ático parecido a un armario” y “luego abusó sexualmente de mí”. Farrow no detalló las acciones de Allen, pero describió otras conductas de abuso.

Farrow agregó que Allen la metía en su cama a su lado, y en otras ocasiones “colocaba su cabeza en mi regazo desnudo e inhalaba y exhalaba”.

“Desde que tengo memoria, mi padre ha estado haciéndome cosas que no me gustaban”, dijo Farrow. “Estas cosas sucedían tan seguido, de forma tan rutinaria, tan hábilmente ocultas de una madre que me habría protegido de haberlo sabido, que yo creí que era algo normal”.

Las autoridades investigaron en 1993 al cineasta tras las acusaciones del presunto abuso sexual infantil, pero nunca se enfrentó a un juicio. La denuncia fue sobreseída por falta de pruebas

El  fiscal del condado de Litchfield, Frank S. Maco, dijo en una conferencia de prensa que existía “causa probable” para acusar a Allen, pero que decidió no hacerlo.

Se ve que los que decís que Mia Farrow es una manipuladora no tenéis hijos. Es prácticamente imposible conseguir que un niño mienta de forma creíble.
Yo he intentado mil veces que mi hija lo haga. Que no le cuente a mi madre que en realidad en casa me pongo siempre las zapatillas que mi madre detesta y que una vez tiró a la basura ( y yo rescaté), que no le cuente que de vez en cuando aún veo al Zutanito al que ella tiene atravesado, que no suelte en el colegio que su madre cuando se enfada suelta palabrotas. Y lo larga TODO. Cualquier madre que conozcáis os cuenta historias parecidas. Los niños mienten, a veces, cuando quieren, pero sus mentiras no son consistentes. Y en cuanto a lo de que ” Dylan no diferencia realidad y ficción” , te diré que los niños pueden no diferenciar realidad y ficción a la hora de creerse que el Furby es de verdad, o que existe el Monster High donde estudia Draculaura, pero que como fantasía se invente que su padre le toca… No. Pero esta sociedad no cree ni respeta a los niños. No solo en este caso. En muchos.

Mañana aparecerá en el ARA un artículo sobre por qué creo a Dylan Farrow, por qué este caso en particular tiene toda la pinta de ser cierto, por qué hay detalles que apuntan claramente a la culpabilidad de Allen.
Ahora voy a hablar de otros casos, de muchos casos.

 

Cuando se publicó  TU CORAZÓN NO ESTÁ BIEN DE LA CABEZA  me llegaron muchas cartas, algunas de ellas verdaderamente conmovedoras.

 

tucorazonnoeliaMuchas de ellas hablaban de abusos sexuales en la infancia.

¿Por qué un problema de tamaña magnitud, que nos afecta a tantos, nunca halla eco o resonancia en los medios de comunicación?

Tengo muchas posibles respuestas, y haría falta un libro entero ofrecerlas todas. Pero se me ocurra una que ya apuntaba en aquel artículo: el hecho de que la sociedad re-victimice a la víctima y exima al culpable

Piensen, por ejemplo, en José Luis Moreno. Ha pasado por una experiencia verdaderamente traumática. Pero ha podido dar una conferencia de prensa para narrarla, y,  a ojos de muchos, se ha convertido en un héroe. Y él sabe que el resto de su vida será “ José Luis Moreno, el valiente productor”, y no “ José Luis Moreno, la víctima”

Pero imaginen que yo contara en estas páginas que he sido víctima, en la infancia, de abuso sexual. Pues bien, desde entonces toda mi obra literaria se analizaría a través de ese prisma. Y todas mis salidas de tono, mis borracheras, mis arrebatos de mal humor, mis depresiones y mis nostalgias, ya tendrían una razón a los ojos de los demás. Nadie diría: “El carácter le viene de la madre”, “Ha tenido ese pronto porque está sometida a mucha presión”, o “Está triste porque el novio le ha dejado”, sino “La pobre, con lo que le pasó… es normal que sea así, rarita”. La victima de abuso sexual se encuentra a menudo con esta falsa compasión paternalista, eso cuando no oye que en realidad fue ella o él quien incitó, como afirmaba  hace poco el obispo de Tenerife.

Y es cada sociedad crea sus propios mitos, y la nuestra ha creado el mito de Lolita.

 

Lolita …… esa niña que seduce a un profesor treinta años mayor que ella. Lolita es una historia de abuso y maltrato, pero la crítica la llama “historia de amor”, al igual que llamó “historia de amor” a Memorias de mis putas tristes, en la que un señor decide celebrar su noventa cumpleaños comprando una adolescente virgen a una madama de burdel y en la que él mismo nonagenario viola analmente a su criada, añadiendo al oprobio el hecho de tirarle a la cara unos billetes después de consumado el acto, acto justificado porque la mucama, siempre según el violador, le amaba, es decir “quería que la violaran”, que viene a ser la justificación ultima del violador y el abusador: ella quería, ella lo buscaba.

En ese libro la niña de catorce años se enamora del viejo de noventa. En la vida real a las niñas de catorce años los viejos les dan asco, así de simple, excepto si tienen muchíííísimo dinero o poder, pero esa es otra historia.

Se me dice que el escritor tiene derecho a escribir sobre lo que quiere. Vale. Pero no creo que el crítico tenga derecho a llamar “historia de amor” a lo que no lo es, porque así se justifica al verdugo, que no era un enamorado, como nos quieran hacer creer, sino un psicópata, que elige a niños a la hora de mantener una relación sexual porque quiere sentirse superior, dominante, controlador, poderoso. Y por eso el viejo del libro de García Márquez tiene que pagar por las niñas y violar a las criadas, porque teme a las mujeres de verdad, adultas y libres, que podrían decirle “no”.

En este blog  figuran muchas citas, pero creo que la más importante que voy a incluir no la ha escrito ningún autor famoso: “Me llamo Marta, pertenezco al taller de incesto, soy una superviviente. Soy INOCENTE de las circunstancias de los otros, que se perdonen a sí mismos. Mi trabajo no es hacer el suyo, a mí me quitaron una palabra: INOCENTE; y ahora yo la traigo. Esa inocencia que me hace libre, porque conozco la verdad, soy la persona más libre de este mundo”.

El tema tabú por antonomasia  debería hablarse, tratarse, salir  de las catacumbas de Lo Que No Se Dice para  que se le conceda la importancia que tiene: Fundamental.

Hace poco, Goyo realizó un curso sobre el asunto, y se quedó estupefacto cuando escuchó que alrededor del 20% de las niñas y del 10% de los niños antes de la mayoría de edad sufren algún tipo de abuso de tipo sexual. La profesora del curso, experta en el tema, le dejó claro que el abuso no entiende de clases sociales (por mucho que algunos se empeñen en asociarlo a cierta marginalidad) y que suele quedar “en casa” o en ámbitos familiares próximos.

Fue muy directa:

-¿Cuántos niños hay en tu cole?

-Ciento y muchos

-Pues piensa que probablemente entre diez y veinte sufren, han sufrido o van a sufrir algún tipo de abuso sexual antes de cumplir diecisiete años.
Así de crudo y así de duro.

Si vemos las fotos que Lewis Carroll le hizo a Alicia Liddell (el modelo real para la “Alicia” literaria)  y a sus hermanas, nos sorprenderá el hecho de que se consideraran, en su día, fotos pornográficas. A día de hoy nos parecen de lo más ingenuas. Porque, como ya he apuntado antes, estamos acostumbrados a ver en los medios de comunicación imágenes sexualizadas de niñas pequeñas. Quizá por eso, por esa insistencia en sexualizar a los niños el  abuso sexual se está extendiendo tanto. Una falsa creencia en torno a su incidencia nos hace creer que los abusos sexuales infantiles son casos excepcionales. Pero lo cierto es que el abuso sexual crece en todos los niveles sociales. Según el informe de Save Children (1998) a nivel internacional se calcula que un  20% de niñas  y 10%  de niños sufren abuso sexual.

Hablando con víctimas de abuso sexual me sorprendía como en muchos casos, si no la mayoría, tendían a exculpar a su agresor e incluso, en la distancia, a narrar el hecho como algo casi agradable, sobre todo cuando los abusados eran hombres. A mí me gustaba, me decían, yo lo busqué. Pero esa insistencia en reconstruir el pasado es en realidad una estrategia de defensa para convertir desde el recuerdo una experiencia traumática en algo agradable, y así no sentirse tan mal.

Si el abuso sexual se llama precisamente “abuso” no es porque el problema sea lo sexual, sino el abuso de poder. El problema no es que a un niño o niña le toquen o le besen sino, sobre todo, que le manipulen emocionalmente, que le conviertan en un objeto, que se aprovechen de él, de su sentimiento de soledad, de su falta de afecto. El niño o niña más vulnerable al abuso es aquel que se encuentra solo o sola, el que está tan necesitado de atención que confunde la manipulación del adulto con el afecto.

Las relaciones adultos-niñ@s están basadas en un modelo vertical, en el cual los adultos tienen más poder, que niños y niñas.

Desgraciadamente en este modelo muchos adultos ejercen el poder utilizando estrategias coercitivas, que implican uso se la fuerza, la agresión, la amenaza, la imposición, la intimidación, el chantaje sentimental etc…

Estilos educativos como el dictador  (“vas a hacer lo que yo diga”), el chantajista (“ entre todos me estáis amargando la vida”), el tiránico (“o te comes el pollo o te doy un bofetón”), el sobreprotector (“no puedes ir a jugar a casa de tu amiga porque a mí me da miedo que te pase algo”),  el desdeñoso (“ si es que tú eres un inútil y así no vas a aprobar las matemáticas en la vida) o el comparativo (“ a ver si aprendes de tu hermana que es la que vale en esta familia”) no son sino ESTRATEGIAS DE ABUSO Y MALTRATO que, desgraciadamente, son avaladas, aprobadas e institucionalizadas socialmente, y que se repiten como forma aceptable tanto en la escuela como la familia.

Este modelo de relaciones de poder siembra la semilla a partir de la cual germina el abuso sexual, porque predispone a que los niños y niñas  toleren y estructuren aprendizajes de indefensión frente al abuso. Es decir, que se queden paralizados como el ratón frente a la serpiente el día en que un adulto les toca.  Desde este modelo, practicado en la escuela y la familia, niños y niñas aprenden que otros tienen más poder (los adultos), y se entrenan para obedecer sumisamente y estructuran una ciega obediencia que no puede cuestionar la autoridad.

El modelo de relaciones de poder “sumisión-dominio”, entre adultos y menores genera condiciones psicológicas y patrones de actitud y comportamiento  que favorecen el aprendizaje de respuestas de sumisión y pasividad ante el maltrato al que los niños son sometidos cotidianamente por parte de los adultos, quienes encarnan un “rol de autoridad incuestionable”.

Así, se facilita la estructuración de patrones de comportamiento y emocionales que les impiden defenderse ante las diferentes formas de maltrato de los adultos, sean sexuales o no sexuales.

Si no se  reformula en la escuela y en la familia  un modelo de relaciones de poder y de convivencia basado en el RESPETO por el otro, en la autonomía, en la no instrumentalización y en  la no violencia, el niño no sabrá defenderse de ningún abuso, ni del sexual, ni del mobbing de sus compañeros.

La mayoría de los padres y madres creemos que algo así nunca nos podrá pasar a nosotros. Siguiendo esta tónica, ningún libro sobre parenting que yo haya leído habla sobre el abuso sexual, porque se da por hecho que el lector nunca se va a encontrar con ese problema.  Esta insistencia en negar la realidad, en dar por hecho  que es algo que ocurrirá en otras familias, y no en la propia, predispone a que no se haga una adecuada prevención del abuso sexual.

Pero el abuso sexual no es siempre una cosa que les pasa a otros.

De hecho, yo tengo tres amigas cercanas que lo han sufrido, y teniendo en cuenta que no tengo cientos de amigas, uno puede  caer en la cuenta de que es un mal muy extendido: uno de cada cuatro mujeres lo ha vivido en mayor o menor grado. Este dato me lo confirmaron en el CAVAS ( Centro de Atención a la Victima de Agresión Sexual), de la misma forma que me confirmaron que muchas de las mujeres que acudían allí eran victimas cuyas familias no tenían ni idea de lo que les había pasado. Las niñas ( el CAVAS trata casi exclusivamente a mujeres) no se habían atrevido a contarlo porque habían interiorizado durante años la idea de que la culpa de lo que había pasado era suya y solo suya. Al fin y al cabo, ellas no se habían movido. Pero ¿ cómo se va a mover una niña de seis, ocho, once, doce años a la que le han enseñado que hay que obedecer siempre a los mayores? Pero no, no hay que obedecer siempre y ciegamente a los mayores.

Por otra parte la ausencia de programas intencionados, sistemáticos y permanentes de educación sexual, especialmente en las escuelas, limita que entre todos podamos desarrollar  estrategias y acciones concretas y efectivas contra el abuso sexual. Si en la mayoría de nuestros colegios no existen clases de educación sexual, mucho menos se les educa a los niños, niñas y adolescentes a prevenir el abuso.

7 comments for “Yo creo a Dylan Farrow

  1. Montse
    3 febrero, 2014 at 11:55

    Gracias Lucía. Con este artículo estoy más convencida de estar educando bien a mi hijo,enfrentándome incluso a su padre,para que no obedezca ciegamente y solo porque somos adultos.Prefiero mil veces sus protestas y su forma de razonar por qué no quiere hacer algo, que haberlo obligado a besar a la familia cuando me dijo que tenía un problema con los besos cuando era muy pequeñito.
    Gracias por todo lo que cuentas, y sobre todo, por cómo lo cuentas.

  2. Nurita
    3 febrero, 2014 at 13:35

    He sido victima de abusos sexuales, vejaciones, insultos, malos tratos en casa en la escuela y no solo por parte del 90% de los niños, tambien de profesores..
    Y la respuesta de la orientadora fué:
    Algo estas haciendo tu, tu te lo estas buscando, tu incitas a la gente a que te haga eso…..

  3. Julia
    3 febrero, 2014 at 15:32

    Soy maestra, y discrepo en algunas cosas. Los niños mienten, y mucho. El hecho de que tu niña diga a su abuela, cosas que a ti no te parecen bien, eso es ocultar, pero los niños sólo ocultan lo que realmente es importante, lo que es superfluo lo es, para ellos tb. Son niños, pero no tienen ni síndromes de Touret o Asperger…pueden y saben administrar la información a su manera.
    Sólo, pensar….la mayoría d abusos no nos enteramos, directamente pq los niños lo perciben como algo que ocultar. Y si a una niña le preguntas directamente: ¿ ayer estuviste con tu tío? Te dirá si, ¿ y qué hiciste con el? Dar una paseo o jugar con los jubetes. Y mienten. Difícilmente, describa una situación de abuso tal cual. Por ello parece muy raro q una niña de 7 años cuente claramente una situación de abuso, que es lo que parece que pasó en el 92 con Allen…

    Por qué lo cuenta ahora de esta manera? La verdad es que no lo entiendo siendo verdad o mentirá lo que cuenta.

  4. 4 febrero, 2014 at 17:41

    Excelente artículo sobre el abuso sexual, se puede decir más alto, pero no más claro. Hay que decirles a las personas que han sufrido algún tipo de abuso sexual que no son culpables, que hablen, que no se avergüencen y no dejen impunes al agresor.

  5. Daniela
    4 febrero, 2014 at 18:58

    Julia, hay indicadores claros para detectar si hay abuso o no. Hay estudios sobre ésto e inclusive técnicas de evaluación y de entrevista. Las descripciones que hizo Dylan son más que claras. Lamentablemente el adulto en cuestión es un artista muy famoso y adinerado. Terrible y triste, pero es ejemplo de lo que sucede en muchas familias, se prioriza la palabra del adulto.

  6. M A F G
    4 febrero, 2014 at 21:12

    Tengo una bebe de 6 aÑos y no se como enseÑarle o hablar del tema ( se que lo tengo que hacer ) pero estos artticulos son muy buenos y me habren los ojos a la realidad. De este mundo .

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