Y tú más: las escaladas simétricas de acusaciones

La táctica del «y tú más» (la escalada simétrica de acusaciones,
si quiere usted utilizar el término técnico) funciona como cortina de
humo que destruye cualquier posibilidad de comunicación e impide
solucionar el conflicto de base

 

Como hemos visto, muchos abusadores emocionales, en  cuanto aparece un conflicto, en lugar de cooperar para resolverlo, dialogando, suelen recurrit a dos tácticas: la evitación, o dejar de dirigirse la palabra y marcharse, o la escalada simétrica, es decir, responder a una queja con otra, estilo «oye, por favor, no te dejes la luz encendida por la noche, que no hay quien duerma». «Pues túte la dejaste hace dos noches.» «Ya, pero fue una cuestión puntual, y
tú lo haces por sistema.» Y así se embarca uno en una discusión de
besugos y al final los dos acabamos hartos el uno del otro.

Y el problema de la luz no se soluciona.

El otro día me encuentro con que mi hija me hace lo mismo: «Nena, el pijama no se deja tirado en el suelo.» «Pues tú ayer dejaste tus zapatos en el suelo.»
¿Dónde ha aprendido la niña una respuesta así? En el patio del colegio, por supuesto. Cuando los niños se pelean y se les acaban los insultos, empiezan con el «¡y tú más!».

Y lo mismo me pasa en reuniones de amigos. Pruebe usted a
decir en público que le parece que la princesa Letizia o Angelina Jolie
están excesivamente delgadas. Le garantizo que, si usted pesa más desesenta kilos, alguien le dirá que usted está gorda (de nuevo la táctica«y tú más»), cuando lo que importa no es el peso de usted, sino el hecho de que a las chicas jóvenes se les vendan como modelos de belleza celebridades que tienen un problema más que evidente de infrapeso, y se les presente como glamuroso lo que en realidad es enfermizo.

Como he dicho a táctica del «y tú más»  funciona como cortina de
humo que destruye cualquier posibilidad de comunicación e impide
solucionar el conflicto de base (la luz encendida, el pijama por el
suelo, los role models erróneos). Lo triste es que se haya extendido a
todas las capas de la sociedad, empezando por la política.

Si habla usted de la memoria histórica, le saldrán hablando de Paracuellos o
de Stalin, como dando por hecho que condenar los crímenes del fascismo significa legitimar los comunistas. Si se mete usted con Rajoy,
le hablarán sobre Chávez. Si se escandaliza con la trama Gürtel, le
hablarán del caso Faisán. Si critica algún discurso de la Asociación
Víctimas del Terrorismo (AVT), le acusarán de proetarra, como si
usted misma hubiera enviado cartas de extorsión. Si se queja de que
hayan echado a Ana Pastor, le recordarán a Urdaci. Cuando se habla
de redes clientelares, Intereconomía habla de Andalucía y Público de
Valencia, y cada uno acusa al otro bando de haber sido más corrupto
que el suyo…

Cuando yo hablo en la radio y critico al Gobierno del
señor Rajoy siempre llama un oyente que empieza a quejarse de Zapatero, como si el hecho de que Zapatero no hubiese sabido reconocer el alcance de la crisis —o admitirlo en público al menos— implicase que se le pueden perdonar a Mariano Rajoy todos sus errores, por ensalmo y contraste.

Parece que nadie quiere llegar a un acuerdo o a una solución negociada, todo el mundo se empeña en radicalizar el conflicto.

Cada partido culpa al otro de ser el responsable de la
crisis («tú eres un mentiroso y un corrupto»; «y tú más»), y nadie
propone medidas comunes y consensuadas para arreglar el desbarajuste. Y todo funciona así: en los programas sensacionalistas de televisión, en los debates políticos, en las redes sociales… Vivimos en un
gran patio de colegio.

 

Dividir un país en dos y darte a elegir entre un bando u otro es un juego manipulador en el que se olvida que entre el blanco y el negro puede haber muchísimos matices de gris,

Un juego que conviene al sistema, pero que no me conviene a mí.

A nosotros.

Muchos creemos que las ideologías partidistas no son determinantes a la hora de resolver problemas concretos y que obligarte a tomar partido entre el clan A o el clan B es como darte a elegir entre los Corleone y los Soprano, olvidando que puede haber otras vías, otras formas de hacer lascosas. Creemos que podemosestar de acuerdo en algún caso con Rosa Díez, en otro con Patxi López y en otro con el alcalde de Vitoria, que es del PP (y cito a tres políticos vascosporque yo soy de allí, y porque a todos les he escuchado decir algosensato alguna vez).También hemos caído en la cuenta de que,cuando gobiernan, las diferencias entre unos partidos y otros a veces no son tantas.

En lo que se refiere a medidas económicas, sobre todo.

Cada vez más los líderes nacionales de las respectivas formaciones
son quienes concentran la atención mediática, no los programas.
Programas que se han convertido en papel mojado, ideologías que
cada vez son más difusas: el PP, por ejemplo, ha subido el IVA, una
medida teóricamente nada liberal.

Pretender que hay solamente dos opciones es mañoso, tramposo y manipulador, y solamente conduce al distanciamiento y la división.

Quienes pretendan vender un proyecto —cualquiera que sea—
como «todo o nada», «conmigo o sin mí», solamente lograrán
resultados de los que será difícil sentirse orgullosos, a menos que lo
que pretendan sea, precisamente, dividir.