verdades a medias

 

MI padre nació en 1925. Cuando bombardearon Gernika, el tenía 12 años. Decía que recordaba perfectamente el bombardeo, que él despertó y vio la ciudad en llamas, desde su cama de Bermeo.

Por eso yo siempre pensé que el bombardeo tuvo lugar de noche Ayer descubrí que el bombadeo duró tres horas. Entre las cuatro y las siete de la tarde Mi padre había visto la ciudad en llamas tras el bombardeo, no el bombardeo en sí, y sin embargo él recordaba perfectamente el sonido de las bombas de noche. ¿ Por qué? Porque eso es típico de los casos de Síndrome de Estrés Post Traumático: los recuerdos se confunden, no son nítidos.
De hecho, todos los supervivientes de Gernika entrevistados no coinciden en sus recuerdos, se contradicen

El y yo no coincidíamos nunca en nuestros recuerdos. El creía que mentía yo. Yo creía que mentía él. Como yo llevo registros de mis historias en formas de mails, diarios, fotos de Instagram… yo podía cotejar fechas, datos. Y sí, el que mentía era él. Pero no mentía. Reinterpretaba la realidad.

Todos alteramos nuestros recuerdos. ¿Podemos confiar en nuestra memoria? Sobre todo, teniendo en cuenta que sin recuerdos no hay identidad: no hay yo. Quizá, como los replicantes de Blade Runner, todos somos una suma de falsedades. O de verdades a medias

GERNIKA o LAS TRAMPAS DE LA MEMORIA Mi padre nació en 1925. Cuando bombardearon Gernika, el tenía 12 años. Decía que recordaba perfectamente el bombardeo, que él despertó y vio la ciudad en llamas, desde su cama de Bermeo. Por eso yo siempre pensé que el bombardeo tuvo lugar de noche Ayer descubrí que el bombadeo duró tres horas. Entre las cuatro y las siete de la tarde Mi padre había visto la ciudad en llamas tras el bombardeo, no el bombardeo en sí, y sin embargo él recordaba perfectamente el sonido de las bombas de noche. ¿ Por qué? Porque eso es típico de los casos de Síndrome de Estrés Post Traumático: los recuerdos se confunden, no son nítidos. De hecho, todos los supervivientes de Gernika entrevistados no coinciden en sus recuerdos, se contradicen El actor mencionado en un post anterior y yo no coincidíamos nunca en nuestros recuerdos. El creía que mentía yo. Yo creía que mentía él. Como yo llevo registros de mis historias en formas de mails, diarios, fotos de Instagram… yo podía cotejar fechas, datos. Y sí, el que mentía era él. Pero no mentía. Reinterpretaba la realidad. Todos alteramos nuestros recuerdos. ¿Podemos confiar en nuestra memoria? Sobre todo, teniendo en cuenta que sin recuerdos no hay identidad: no hay yo. Quizá, como los replicantes de Blade Runner, todos somos una suma de falsedades. O de verdades a medias

A photo posted by @lucia_etxebarria_ on