Cuando San Valentín era una orgía

 

En la antigua Roma se celebraban las Lupercalias en honor a Fauno Luperco, una adaptación del dios griego Pan. Bajo el reinado de Rómulo, las romanas fueron afectadas de esterilidad y consultado el oráculo de la diosa Juno en el bosque de Esquilo, responde: “Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrío velludo”.
Se procedía en primer lugar al sacrificio de un macho cabrío en la gruta del Lupercal.
El augur sacrificaba a una cabra. Unos bellos mozalbetesse untaban de sangre con ella ( de ahí viene la tradición del color rojo), luego hacían latigos con las tiras de la piel de la cabra y después se iban desnudos corriendo por las calles de Roma y azotando a cuanta jovencita se cruzara a su paso. Echaban a correr por el Palatino golpeando a las mujeres que se ofrecían a sus golpes para volver a ser madres. Los jóvenes desnudos representan al dios Pan, divinidad fecundadora y nieto del lobo Licaón, de ahí el nombre de Lupercales, derivado de “lupus”, lobo.
Algunas jovencitas habían escrito sus nombres en unos papelitos. Al final del día cada mozalbete sacaba un papelito y le tocaba una jovencita. Como los lupercos eran guapos y nobles, la jovencita estaba encantada. Estos dos jovenes ayuntaban y, si la cosa les había gustado, pues se casaban.
Los historiadores le atribuyen varios significados a esta fiesta. Robert señala, por ejemplo, que mediante aquella carrera la «ciudad revivía sus primeros momentos, aquellos en que había pasado de la barbarie y el caos a la civilización, a una nueva vida».
El autor Pierre Jacomet afirma en una de sus obras que aquellas eran «ceremonias destinadas a alejar el miedo a la sexualidad, el temor de ser incapaz, el terror a no poder cumplir con el ritual de la fertilidad, que es la cópula, a perder la calidad de ciudadano del mundo».
¿Qué sucedía después de la carrera? Las teorías son varias. Algunos autores como Jon Juaristi explican en «El bosque originario» que las Lupercales podrían incluir «ritos orgiásticos como la prostitución propiciatoria de las pastoras».
En el siglo V, durante el papado de Gelasio I, la ejecución pública de ritos paganos había sido declarada ilegal. El pueblo romano, nominalmente cristiano, todavía se aferraba a las Lupercales. Estas fiestas se habían ido degradando desde el siglo I, cuando participaba activamente la nobleza, y en siglo V las clases altas ya habían dejado las festividades a la plebe. Las Lupercales eran una orgía popular en toda regla. . Después de una larga disputa, Gelasio finalmente abolió las Lupercales.
Otros investigadores sostienen que los festejos modernos del día de San Valentín (martirizado el 14 de febrero del año 270) se originaron de las costumbres lupercales.
En el año 1969 el papa Pablo VI decidió que la fiesta de San Valentín no debería estar incluida en el calendario post conciliar porque no había ninguna evidencia histórica que probara que San Valentín ( el santo que casaba a parejas) había existido de verdad
El año que viene deberíamos retomar las lupercales y salir todos corriendo desnudos por el retiro. Propongo sacrificar una cabra de peluche y mancharnos con anilina. Seguro que era mucho más divertido que salir a cenar e intercambiarse chorradas.