Tu cuerpo no es un bien de consumo, tu corazón no es una marca blanca

Vivimos en una sociedad caracterizada por el cambio, la rapidez, la temporalidad, lo efímero, en un contexto marcado por la idealización romántica de la pareja, el individualismo, la libertad y la incertidumbre.

En una sociedad en la que la intimidad de muchas personas está asociada a la inseguridad y la inestabilidad, las familias se rompen y se desestructuran, las parejas se divorcian, el sexo está infectado en muchos casos y los amigos son relaciones de zapping.

En una sociedad en la que muchos experimentan sentimientos intensos de soledad y estrés.

En una sociedad y en la que las relaciones de pareja están sometidas a deseos y expectativas crecientes.

En este modelo de sociedad  se espera que una pareja sea amigo, amante, refugio, compañero y proveedor de estatus. Es decir: la pareja no solo asume connotaciones de refugio y paño de lágrimas, sino que su prestigio social hace que se convierta en una marca de éxito El novio o novia debe ser buen compañero, excelente amante, apoyo moral y además, debe quedar bien mono cuando uno lo lleva colgado del brazo.

 

A. REGALO DE AMOR

 

En este contexto es normal que aumente la idealización romántica del amor como modo de satisfacer de forma inmediata la necesidad afectiva. Pero la idealización supone una dificultad para hacer frente a los conflictos reales de la convivencia y de las relaciones interpersonales: lo ideal de poco sirve en el terreno de lo real. Especialmente en las personas más jóvenes, este ideal amoroso a menudo incentiva una búsqueda de relaciones dominadas por elementos como la pasión, la evasión y el descubrimiento constante, al tiempo que conlleva una asociación entre monotonía y conflicto.

 

a. arco iris

 

Existe una necesidad generalizada de saber afrontar la soledad como parte de las experiencias vitales que nos afectan en el contexto de una sociedad cuyas relaciones se caracterizan por la fragilidad.

No nos han enseñado a soportar la soledad

Y nos han hecho vivir en una sociedad en la que la soledad en muchas ocasiones es la norma, en una sociedad que devalúa aspectos como la responsabilidad y el compromiso, que no facilita un desarrollo personal satisfactorio,  y en la que la incertidumbre se ha impuesto de forma generalizada en la experiencia del amor y también del sexo.

 

poliamor

 

Aunque la mayoría de los hombres y mujeres desean tener relaciones afectivas que perduren en el tiempo, lo cierto es que también la mayoría de ellos/as concibe el amor como algo cambiante, desligado de la voluntad, sometido al azar y a la incertidumbre, y que puede agotarse en un determinado momento.

La idea de un amor esencialmente romántico, caracterizado por la intensidad emocional y el placer que se pueda experimentar en el presente, hace que la relación tradicional y “para toda la vida” pueda incluso ser vista de forma negativa.

Una relación tradicional es incompatible con la dinámica que rige un comportamiento social basado en la acumulación y la satisfacción inmediata.

La influencia que puede llegar a tener los valores propios de la sociedad de consumo en la conducta amorosa es incuestionable y converge con la importancia que hombres y mujeres otorgan a la atracción sexual, lo que en ocasiones traslada una interpretación del amor incompatible con el hecho de que perdure, porque se confunde enamoramiento con amor.

Por eso demasiada gente considera que la relación de pareja termina de forma natural cuando el deseo se agota. Y eso lleva a que aparezca el conflicto en una relación de pareja tras la reducción de la atracción sexual. Especialmente si esto sucede en una pareja en la que hay intereses comunes muy fuertes: hijos, la construcción de un hogar, un vínculo de muchos años. La persona no quiere romperla, pero echa de menos el sexo.

La gran decepción llega cuando la relación de pareja se vive desde modelos o interpretaciones más estereotipadas y tradicionales. Hombres y mujeres que han vivido matrimonios de larga duración dentro de una estructura muy rígida sienten que han perdido libertad, alegría, oportunidades. La diferencia está en que, por lo general, las mujeres llegado este punto tienden a divorciarse, y los hombres prefieren buscar fuentes de placer ajenas al matrimonio y clandestinas.

Vivimos en una sociedad fieramente individualista, que glorifica los ideales de libertad y autonomía. Pero la necesidad humana básica de vínculo y apego sigue ahí, bajo todo ese discurso de “porque tú lo vales”, “porque te lo mereces” o “persigue tu sueño”. En este contexto surge la necesidad de un mayor conocimiento sobre el amor y el deseo, sobre una nueva gestión de las emociones que permita desarrollar una afectividad satisfactoria y a la vez respetuosa con las diferentes individualidades, necesidades, impulsos y deseos de cada  cual.

La pareja no funciona porque en demasiados casos se construye sobre una extrema dependencia poco compatible con la individualidad, la libertad y la autonomía, o desde preceptos excesivamente románticos e irreales. Y el fracaso de la relación de pareja hace que cada vez más gente viva una soledad no elegida. La soledad a veces está bien siempre y cuando sepamos que hay gente allá fuera que nos quiere y a quien queremos. Pero es muy dura vivirla como algo impuesto. Porque no somos productos y nuestro corazón no es una marca blanca, como leí una vez en un artículo de Mireia Sabadell.

 

( de MÁS PELIGROSO ES NO AMAR, que saldrá a la venta el 12 de mayo)

 

 

 

 

corazón