Unas palabras sobre el suicidio

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Imagina que has vivido una situación traumática mantenida en el tiempo. Una infancia de abuso o maltrato, por ejemplo. Un acoso continuado, unos padres que discutían todos los días. Una guerra. ¿Cómo sobrevives a la situación? Te disocias. Una parte de ti está allí pero otra se va a otro lado. A un mundo de fantasía que tú creas y en el que vives. O te despersonalizas. Lo ves todo desde fuera como si fuera una película, como si no fuera contigo.


Cuando te haces mayor, si te has disociado, envías esos recuerdos a tu subconsciente. Los entierras. No hablas jamás de ellos. En algún caso incluso los olvidas por completo. Pero esos recuerdos aparecen de repente. En flashbacks o en pesadillas. Y para que reaparezcan se necesita un trigger. Un detonador. Por ejemplo, si fuiste un niño abusado te creará mucha angustia tener que cuidar de un niño. O mantener relaciones sexuales.Quiza solo tengas sexo con drogas o alcohol. Si fuiste un niño maltratado, las situaciones de violencia harán de detonante. Quizá el simple hecho de ver una escena violenta en una película te haga vomitar.
De adulto, cualquier situación estresante y mantenida en el tiempo puede revivir el evento traumático. Un niño/niña que sufrió una situación de desamparo o abandono no sabrá enfrentar de adulto una ruptura amorosa, por ejemplo.
De adulto existen muchísimas situaciones que harán de detonante, y harán reaparecer toda la frustración, la rabia, el miedo, que vivías de niño/a.
La cuestión es que ahora eres adulto/a y sí que dispones de las herramientas para sobrevivir. Ya no eres un niño dependiente. Ahora eres autosuficiente. No puedes dejar que el niño que llevas dentro empiece a liarla Tienes que razonar con ese niño o niña y convencerle de que ahora todo es diferente.
Pero por supuesto si has bebido o te has drogado o estás en una situación de extremo cansancio o ansiedad es mucho más fácil que el niño tome las riendas de la situación, porque el adulto tampoco está. En situaciones así es cuando el pánico o el intenso dolor te hacen creer que la salida más fácil es suicidarte.
Si un allegado se suicidó, procura entender lo que pasó y respeta su decisión. Intenta entender de que en ese momento una niebla emocional le impedía razonar y ver la realidad. No se dio cuenta de que podría hacerte daño. Por favor, no te lo plantees en términos de “me ha abandonado” o “podía haber hecho más por él”. No podrías haber hecho más, tú no eres un profesional de la terapia. No podemos controlarlo todo en la vida.
Y si se te está pasando por la cabeza suicidarte, necesitas hablarlo con alguien que esté en condiciones de entenderlo. Si te ves realmente angustiado, llama al teléfono de la Esperanza. Si no tienes dinero para pagar un terapeuta, busca un grupo de apoyo gratuito en internet. Si tienes la inmensa suerte de contar con un amigo en que realmente confíes, habla con él o ella.s