Somos catetos, es así

El otro día fui con mi madre y con mi hija a ver una obra en los Teatros del Canal. No era una obra de teatro ni de danza. ni era una pieza de arte conceptual. Era todo eso y mucho más

Era No-Danza

La No- Danza parte de la espontaneidad, de  performances con movimiento, pero menos coreográficas, y sobre todo, de conseguir implicar al especador

La perfomance de No-Danza que fui a ver se titulaba he Show Must Go On.  Fue creada en el  2001 por el coreógrafo Jerome Bel y en ella  actúan bailarines y personas ajenas a la danza contemporánea profesional. Hay de todo. 23  intérpretes en el escenario. Blancos, negros y latinos. Un hombre de más de 200 kilos, dos chicas extremadamente delgadas,  una señora de unos sesenta años, un chico de quince, una chica síndrome de Down… Vamos, lo que podrías ver en mi barrio si te dieras un paseíto. ,

Este espectáculo se presentaba por primera vez en España, preo ya van  17 años desde su estreno en el Teatro de la Villa de París. Y ha pasado por media Europa y Estados Unidos antes de llegar aquí. Mi madre, por cierto, lo vio en Londres. 

 

Los 23 intérpretes profesionales y cuasi-no profesionales forman una coreografía de cuerpos desiguales, juegan y siguen las indicaciones de las letras de las canciones o realizan movimientos y poses también parte ya de la iconografía de las últimas décadas. En algunos casos, no hacen absolutamente nada. Simplemente, se quedan mirando al público, esperando que el público reaccione

Y ¿ cómo reacciona? Pues la gente que ya se conoce este tipo de cosas, baila. Los que no han salido de España en su vida, o no están al día de lo que se cuece en artes escénicas, se enfada. Abuchea, silba, insulta. A mí se me cayó la cara de verguenza ajena de ver que en un teatro institucional, en un estreno, ante semejante maravilla de pieza, que era una obra de arte en mayúsula, la gente abucheaba, silbaba, increpaba. Y que luego, en corrillos, criticaban al director de la CND 

 

Basta con echar un vistazo a críticas internacionales ( la del New York Times puede que sea la más aparente) para ver que esta obra ha recorrido medio mundo y medio mundo la ha entendido. Jérôme Bel es un coreógrafo conceptual que pone en valor, sobre el escenario, conceptos que vienen de lejos, de  Barthes y de Foucault, y que no son precisamente rarunos ni excesivamente modernos. Su narrativa se refiere a lo que Foucault consideraba obsceno. De ob-scenere, fuera de la escena, del escenario. Lo que no nos dejan ver fuera del cánon normativo. ¿ No nos dejan ver un gordo de 200 kilos enseñando una tripa llena de estrías? ¿Nos parece una verguenza que este hombre pueda bailar? ¿ Sobre un escenario solo podemos ver a cuerpos normativos y a un cierto tipo de coreografía clásica? ¿ El baile solo se refiere a la música clásica y el pop no es académico? ¿ La ideología dominante – o “la ideología arrogente” de la que hablaba Roand Barthes es la única que tiene derecho a que su discurso y su criterio estético se muestre en ámbitos institucionales?

 

Para Roland Barthes la teatralidad era un factor de creación, no de realización. Tiene más que ver con su poder de seducir, conmover o provocar que con la belleza de su ejecución. Para Barthes, también, el sentido de una obra no puede hacerse solo a partir de la obra. El autor lana propuestas y es el público quien las llena. Y proipone un arte desnudo. El hecho de que en la mayoría de las obras modernas el vestuario importe poco y nos hayamos acostumbrado, por ejemplo, a ver obras de Shakespeare o de Lorca en las que los personajes van vestidos con indumentaria moderna, es barthesiano ( tomado de Brecht)

Me sorprendió sobremanera que un público al que se suponía culto no entendiera nada de esta propuesta. Y, atención, que yo fui al estreno, el día en que se supone que va la crème de la créme. A los que la cultura se les supone, como se suponía el valor en las antiguas cartillas militares

En fin, visto lo visto, no me sorprende nada, pero nada, lo del máster de Cristina Cifuentes. Si nuestras élites adquieren su preparación a base de talonario ¿ cómo vamos a esperar que entiendan algo?

Ps: Mi madre tiene 91 años, yo 50, mi hija 14. Nos encantó a las tres.