Sobre Gordas

amy

Esta es la situación: en un grupo privado al que pertenezco en una red social, se sube una foto de una mujer gorda en la playa y se pasa a hacer comentarios jocosos sobre su peso, sobre el hecho de que vaya en bañador (¡tamaña osadía!) o de que se esté comiendo un helado.  En un principio, me decido por no comentar nada, porque, por un lado, no quiero entrar en enfrentamientos en este grupo y, por otro lado, porque, en realidad, me he sentido ofendido y no sé si quiero que se note.

Ante todo, he de decir que siento mucho cariño por este grupo de personas (el que constituye dicho grupo privado en dicha red social) en cuestión y que sé que no es gente dada a hacer daño gratuito, ni les gusta herir al prójimo porque sí.  También he de decir que no me esperaba esos comentarios viniendo de este grupo de gente y, precisamente por esto acabé dando mi opinión.

Entonces, acabo comentando que la foto y los comentarios me parecen fatales, y me decanto por usar ejemplos, y pregunto qué les parecería si esos comentarios se hicieran respecto a varias personas que tenemos en común que están gordas.  Incluso me pongo a mí como ejemplo.  El hecho de que, a raíz de mis comentarios, se hayan justificado estos comentarios a base de “que exagerado eres, Mikel, todo es una broma”, “la señora en sí no se entera” o “no hemos personificado”, me ha dado en qué pensar, sobre todo teniendo en cuenta el carácter de estas personas, a las que, como dije más arriba, no considero que sean dadas a herir porque sí.  (Por cierto, inciso: que no conozcas a la persona en cuestión no quiere decir que no estés personificando al reírte de su obesidad; la palabra clave siendo “persona”).  Y es que vivimos en una sociedad que no sólo tolera los comentarios gordófobos, sino que los aplaude.  Estos comentarios se tienden a justificar con un “seguro que no les importa” o “si quisieran y les importaría, habrían adelgazado”.

Tendemos a juzgar a la gente por su apariencia física (y aquí me incluyo, porque hay comportamientos que, por mucho que se intenten paliar, no siempre se pueden borrar del todo).  Tendemos, además, a dar por hecho que quién está gordo es por vagueza a la hora de hacer ejercicio, o por falta de control a la hora de comer.  No nos paramos a pensar en que hay muchas razones por las que una persona puede estar gorda. Y, sí, algunos casos se deben a comer como limas, o a no querer hacer ejercicio alguno, pero también se dan causas genéticas, de metabolismo, o problemas de tiroides.  Hay medicamentos que tienen como efecto secundario el coger peso, entre ellos, algunos antidepresivos.

También hay gente que como para combatir la ansiedad y la depresión. Estamos acostumbrados a historias sobre depresiones (en literatura y cine) que hacen adelgazar muchísimos kilos debido a la pérdida de apetito, pero también se da el caso opuesto.

Yo, de esto, sé mucho.  No soy una persona obesa, pero sí soy un hombre con unas cuantos kilos de más.  He pasado épocas en las que pesaba hasta 15 kilos más de lo que se supone mi peso ideal.  Estas épocas siempre han coincidido con los momentos en que más deprimido he estado, y con las épocas más duras que he pasado.  El comer se vuelve una obsesión.  Y, una vergüenza.

Hay fases, como en todo, primero simplemente subes la cantidad de comida que ingieres en el desayuno, repites plato en la comida, etc.  Pero según pasa el tiempo y la ansiedad crece, te ves comiendo a escondidas, para que no te pillen tus padres, porque además de ver que has engordado, verán que es porque coges galletas y te dirán algo.  Otras veces compras comida de camino al curro, y lo engulles por la calle, bajando la cabeza, e intentando que nadie te vea, y si lo hacen, intentando esquivar la mirada porque crees que te juzgan (lo más seguro es que les dé igual ver a un hombre de casi treinta años comiéndose un croissant a las 8 de la mañana, pensarán que es el desayuno).  Cada vez que vas al supermercado compras algo para comer en el camino, y siempre que te parás a tomar un café acabas comiendo uno o dos pintxos.  Y así sucesivamente.

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Esto no es más que otra manera de llenar el vacío que produce en el interior de una persona el estar deprimido.  Algunos se refugian en el trabajo, otros se follan a todo lo que se menea; yo, en cambio, no podía remediar el pasar por una pastelería y comprar algo de dulce, o una tienda de golosinas y gastarme 10€ en mierdas varias (dulces y saladas) que me duraban un suspiro, porque la vergüenza y el miedo a encontrar con alguien hace que comas a todo correr, esperando que nadie conocido te vea.

Con esto, no quiero justificar mis kilos de más, ni los de los demás, pero sí quiero explicar que detrás de cada persona hay una historia, muchas veces dolorosa. Incluso detrás de esa mujer gorda de la fotografía, o de esa otra a la que has mirado despectivamente en el metro.  Incluso de esa mujer que estudió conmigo hace años y a la que, cuando diez años después vi gorda, me alegré pues creía que era el karma que venía a devolverle el sufrimiento que nos había causado a los que no éramos tan guays como ella. Sí, hasta esa persona (porque eso es lo que es, una persona) tiene una historia detrás que no conocemos, y que no debemos juzgar.  Y lo siento, vaya si lo siento.

Por eso, espero que la próxima vez, antes de comentar despectivamente el tamaño de esa señora en traje de bajo, o ese señor al que parece que se le va a saltar un botón de la camisa, piense en cuál puede ser su verdadera historia.

twitter: @mikeyfdez

2 comments for “Sobre Gordas

  1. trus
    24 agosto, 2013 at 19:44

    decir lo que querais ….pero la señora del bikiñi bandera estados unidos , con sombrero es una preciosidad…..ya quisiera yo cojerla
    es preciosaaaaaaaaaaaaaa

  2. 25 febrero, 2014 at 15:44

    Suscribo tus palabras. Es más, ni siquiera hace falta una razón clínica para justificar los kilos de más. Claro que todos desearíamos estar delgados y ser unos bellezones despampanantes, pero hay quien no tiene fuerza de voluntad para hacer deporte, que se le hace cuesta arriba mover el culo, sea por la razón que sea. Pero ante todo somos personas, seres humanos dignos y merecedores de respeto. Y lo dicho, antes de ponernos a juzgar a nadie deberíamos empatizar un poco más.

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