SILVIA MARSÓ

“Si no hubiera tenido hijos, ahora ya me estaría despidiendo de la posibilidad de tenerlos”

Por David Hernández / Fotos de Judit Matías Osca

El Twist que desprenden los bafles de un viejo equipo de música, los banderines metálicos que cuelgan de las paredes, la enorme chapa de Coca Cola del interior de la barra, las mesas, las sillas y el resto de la decoración del local del centro de Madrid en el que nos encontramos nos trasladan a otra época. El mate que quema el color de las antiguas fotografías, y que esta mañana no vuelve borrosa la imagen del establecimiento, es lo que separa la actualidad con los años en los que Silvia Marsó iniciaba una extensa carrera interpretativa.

– ¿Cómo ha variado el mundo del teatro desde tus inicios, con 14 años, cuando hacías pantomima y teatro de calle?

– Han cambiado mucho las cosas. Cuando empecé, hace 32 años, solo existían dos televisiones. La 2 era cultural y la única en la que tenías posibilidad de trabajar era La 1, en series o en programas multiusos. Había mucho telefilme y muy poca producción propia. Tampoco había cortos, los pocos que había eran producidos por los pocos alumnos que había en las pocas escuelas de cine. Las giras teatrales se hacían seguidas. Tú te ibas con la maleta y estabas 4 ó 6 meses sin volver a tu casa porque ibas de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad… Las compañías iban a taquilla y entonces les compensaba tener un autocar para toda la compañía.

– Sí que ha variado.

– Ahora nada que ver. Haces teatro viernes, sábado y domingo. Vas y vuelves en avión. Las compañías, a pesar de la crisis, van a caché, o, por lo menos, con unos gastos asegurados y el resto a taquilla. En las televisiones, hay una inifidad de series, de sitcoms, de telemovies, de gente consagrada y de gente que empieza. Hay más cineastas de cortometrajes que nunca en la historia de España y, además, muy buenos. Con la era digital se ha ampliado mucho la posibilidad de iniciarse. A partir del 82, con la red de teatros nacionales, empezaron a crearse y a restaurarse teatros.

– ¿No te da la sensación de que la cultura está devaluada?

– Lo está por el poder y para la economía, pero no para el público. Los teatros se llenan y, cada vez, hay más salas de cine en versión original subtituladas. También hay más salas de teatro alternativas. Están creciendo en Madrid como nunca.

– A veces, da la sensación de que los empresarios del mundo de la cultura creen que los que intentan vivir de esto no comen. Es muy común que actores, guionistas, directores, técnicos… no cobren por su trabajo y tengan que dedicarse a esto solamente como hobby.

– Pero saldrán cosas buenas de esto. No hay que perder la esperanza. Cuando hubo el corralito en Argentina, de ahí, salieron autores, actores, productores… y se crearon otras vías de trabajo como las cooperativas. El teatro underground fuera de circuitos comerciales, cineastas muy comprometidos con muchas cosas que explicar y contar. Creo que aquí va a pasar lo mismo y creo que ya está pasando. Todo el boom de las salas alternativas se debe a algo. La gente está harta de que nos manipulen desde las televisiones. Estamos hartos de que nos impongan un criterio artístico de fuera de nuestra cultura. Todo es un bullir. No creo que se estanque. Nunca se ha estancado la cultura.

– Empezaste haciendo teatro alternativo, pero últimamente te estás dejando llevar más por el teatro clásico.

-Lo importante es hacer bien lo que hagas. Tanto si es una obra alternativa, con cuatro amigos, en cooperativa, como si es una gran compañía de teatro, como cuando trabajé con Marsillach en ‘La gran sultana’.

– Y como ahora, que estás preparando ‘Yerma’. ¿Por qué esta obra de Lorca?

– Tenía muchas ganas de trabajar con Miguel Narros. Me había llamado en otras ocasiones, pero no pude hacerlo. Esta vez, nos juntamos y pensamos qué hacer. Y decidimos hacer ‘Yerma’. Es una obra que hace tiempo que no se hacía. Hay una generación que, aunque la haya leído en el instituto, no la ha visto. Además, Lorca siempre está vigente. El texto y cualquier cosa de Lorca es una maravilla que siempre impresiona. Además, yo tengo la edad perfecta para hacer ‘Yerma’. Estoy en esos momentos en los que sé que, si no hubiera tenido hijos, ahora ya me tendría que empezar a despedir de la posibilidad de tenerlos.

– Es una obra muy dura. ¿Qué te ha inspirado para preparar el personaje?

– Hay una fuente de inspiración en ‘El árbol de la vida’, de Malick. Creo que la esencia de ‘Yerma’ está retratada en esa película. Lorca no habla solo de una mujer que desea ser madre en una sociedad enclaustrada, en la que solo puede aspirar a eso una mujer. Está criticando una sociedad que limita cualquier expectativa que tenga la mujer. Está hablando de la incapacidad del ser humano de elegir su destino. Pero, a través de esa necesidad casi metafísica de ‘Yerma’ de ser madre, está retratando el orden del cosmos, viniendo a reflejar que todos estamos por algo y el ser humano tiene la necesidad de procrear porque con ello pertenece a la naturaleza. Como si los ciclos vitales de la naturaleza estuvieran contenidos en nuestra propia vida, en nuestro cuerpo, en nuestras células. Eso me lo ha recordado mucho ‘El árbol de la vida’, en la que se trata de una forma muy primitiva lo que es la relación de madre e hijo con respecto al cosmos.

– Lo compaginas con el rodaje de la serie ‘Gran Hotel’. ¿Qué te ha hecho volver a la televisión?

– La serie es muy buena y, aunque es una colaboración especial, Adriana, el personaje, es muy interesante. Representa a una mujer oprimida por su marido. Lleva 20 años casada y es infeliz en su matrimonio, por lo que se refugia en la literatura postromántica. Es una mujer capaz de renunciar a todo, es una transgresora, es capaz de rechazar las normas sociales con tal de sacar adelante sus sentimientos y su libertad individual.

– Hace poco, una crítica que hiciste a la televisión fue sacada de contexto. Decías que era muy casposa.

– Iba dirigida a los programas del corazón. Lo sacaron de contexto y, además, la manipulación de mi respuesta fue totalmente intencionada. En una entrevista en una radio catalana, me preguntaban si yo encontraba más casposa la televisión nacional que la catalana y yo dije que sí porque firmemente lo creo. Las televisiones autonómicas simplemente están al servicio de una autonomía concreta y huyen más de esta especie de “fiesta nacional” que supone el cotilleo, las Belenes Esteban, los casos de Pantojos… Puedo estar equivocada, pero creo que la televisión autonómica se cuida más. Eso lo sacaron de contexto y en los titulares ponía “España es más casposa que Cataluña”, cosa que es absurda porque horteras hay en todas partes y gente que se ha quedado anclada en otra época también. Pero quitaron del titular la palabra televisión. Hicieron una gran injusticia con mis declaraciones y hubo un sector ultraderechista de la sociedad que me atacó personalmente en páginas webs radicales de estilo ultrafascista.

– ¿Cómo ves la ficción televisiva?

– Cada vez mejor. Se están haciendo muchos productos y eso da trabajo a mucha gente. Es mejor que creamos historias nuestras en vez de importar tantos telefilmes.

Silvia Marsó cuenta con una extensa trayectoria. Como consecuencia de llevar toda su vida dedicada a su profesión, no es de extrañar que más de uno le diga que ha crecido con ella. “Me hace gracia cada aparición en una serie me conlleva que distintas generaciones se acuerden de mí. Desde el ‘Un, dos, tres…’, ha provocado que yo tenga admiradores de 35 años, que nos adoran a todos los que trabajamos en ese programa”, explica. Y es que hay un grupo de seguidores del programa que se reúnen todos los años y, la actriz, a veces, acude al encuentro. “Luego estás tú” – dice mirándome a los ojos, con una sonrisa que invoca ternura – “que eres más joven, y me recuerdas por ‘Manos a la obra’ y ‘Canguros’, pero habrá gente que dentro de unos años me recuerde por ‘Ana y los 7’.

También ha trabajado en cine, aunque no tanto como a ella le hubiera gustado. “Cuando eres joven, tienes que ser guapa para trabajar en el cine, a no ser que seas un personaje secundario gracioso, pero, si eres del montón, como yo, lo tienes más difícil”, señala con total seguridad, y sé que se equivoca porque son muchos quienes admiran su físico. Entre sus películas, destaca ‘Amor, curiosidad, prozak y dudas’, basada en la novela de Lucía Etxebarria. En ella, interpreta a Margarita. “Mi personaje se sentía siempre sucia por la violación que sufrió en la adolescencia por parte de su primo”, comenta. Esa suciedad, que en la novela está muy biden descrita, en el cine lo tenía que plasmar de alguna manera. “Yo lo marcaba limpiando algo en todas las escenas: en la discoteca cojo una servilleta y limpio la barra del bar, en mi casa estoy limpiando los cristales o estoy bañando a mi hijo…”

Sin embargo, el público que más ha cultivado es el teatral. Aunque cuenta con dos Premios Ercilla y el Premio Teatro Rojas, no hay mejor ovación que el aplauso del público. Cuenta una anécdota: “Hace algunos meses, cuando hice ‘Casa de muñecas’, de Ibsen, terminaba la obra muy destrozada por dentro porque el personaje de Nora pasa por un proceso de dos horas en el que ocurren muchas cosas muy al límite del abismo en su propia vida. Hay momentos muy dramáticos y muy desgarradores. Cuando salimos a saludar, había en primera fila una mujer que me miraba y no podía dejar de llorar. Se ve que a esa mujer algo de lo que decía Nora en la última escena le había tocado hondo. Cuando la vi, se me saltaron las lágrimas y no pude tampoco dejar de llorar con ella. Fue una comunión. Esa conexión ocurre y es muy mágico”.

Twitter: @_davidhernandez