RUBÉN OCHANDIANO

“Nos estamos convirtiendo en sacos de mierda”

Rubén Ochandiano

Por David Hernández

La Gran Vía madrileña está repleta de gente. El sol primaveral invita a lanzarse a las calles a paseantes que se mezclan con quienes salen de trabajar. Es hora punta. Una marea de colorines tiñe el centro neurálgico de la ciudad. Un ir y venir de individuos forman la algarabía que, junto con el runrún de los motores y el estrepitoso sonido de los cláxones de vehículos dirigidos por conductores agresivos, componen una banda sonora estresante. Resguardados de ese fatigante escenario, en la cafetería de un tranquilo hotel, dos jóvenes toman unas margaritas y disfrutan de un aperitivo a la vez que conversan.

Uno de ellos es Rubén Ochandiano. Acaba de estrenar ‘La evolución, obra de teatro de la que es autor y director, mientras las estanterías de novedades de las librerías ofrecen ‘Animal’, otro de sus textos teatrales, publicado por Ediciones Antígona. El libro narra una historia turbia: Ismael pasa una estupenda velada veraniega en casa de sus amigos Anna y Max, un matrimonio aburguesado que vive en un barrio residencial. Al despertar, descubren que la hija del matrimonio ha sufrido una agresión durante la noche. Este punto de partida hace que estos tres personajes dejen caer sus máscaras de intelectuales moderados para convertirse en auténticas bestias.

-¿De dónde parte la historia?

-En aquella época, tenía relación con una pareja muy burguesa. Yo ya había podido ver que su mecanismo en la vida era tapar y echarse mierda los unos a los otros, -comenta, alzando la copa para darle un sorbo al cóctel.- En una ocasión, pasé una noche en la buhardilla de su chalé. En mitad de la noche, hubo un ruido, o mi cabeza imaginó un ruido, que yo soy bastante miedica. Entonces, como aquello era una urbanización aislada, me asusté y pensé: “como entre alguien en casa y roben o pase algo…” Al principió, creí que nos iban a hacer algo, pero, luego, cuando vi que no había pasado nada, pensé: “¿si hubiera entrado y hubiera pasado algo?” Tirando de ese hilo, llegué a imaginar esa familia que muestro en ‘Animal’.

-Es una obra bastante feroz. Hay mucha violencia en la TV, el cine, la literatura y el teatro. ¿Estamos sobresaturados o aún es edificante?

-Es delicado. La violencia, como contenido informativo o contenido de programas de telerrealidad, es carnaza. Es material explosivo. En alguna ocasión, como espectador, me he sentido agredido y he llegado a pensar: “hubiera sido mejor que mis ojos no vieran eso.” Pero la violencia, como elemento dramático dentro de la ficción, a mí me sigue pareciendo tan troncal, tan nuclear y que lleva a una cosa tan atávica, que me toca de alguna manera, me abre y me resulta atractiva.

-Pese a que ‘Animal’ acaba de ser publicada, ya hace un año que se estrenó en el teatro. ¿Cuál fue el primer impacto de los espectadores tras ver la obra?

-Hubo de todo. La reacción del público me recordaba cuando alguien sale del pasaje del terror. Una experiencia en la que descargas mucha adrenalina. Una experiencia muy atractiva, que no te quieres perder, pero que tienes que tener un par de huevos para subirte. ‘Animal’ era una obra que no permitía sentarse a relajarse a mirarla. Además, por la proximidad del espacio, era muy atractiva. La respuesta de los espectadores, les gustara o no, era muy física. Desde un ataque de ansiedad, hasta un espectador que llegó a vomitar. Era algo muy sensorial.

-¿Tu pretensión era generar esas emociones?

-Sí, porque nunca he visto en teatro un trhiller que me genere miedo o angustia real. En el cine, mil veces, pero, siempre que en teatro he visto una función que pretendía generar miedo o suspense, para mí se caía. El reto era generar angustia, tensión.

-La obra es una reflexión acerca de la impunidad con la que juzgamos al prójimo, la fragilidad de los vínculos, la familia y la pose social en la que se muestra la animalización del ser humano. ¿Nos estamos deshumanizando?

-Si nos deshumanizáramos hacia la animalización, quizá sería más interesante. Nos estamos deshumanizando en cuanto a que estamos comenzando a prescindir de todo lo relacional que define al ser humano. Nos estamos convirtiendo en sacos de mierda en realidad. Por ejemplo, en esta profesión, hay una falta de escrúpulos de cuidado.

– Siempre retratas familias atípicas o totalmente rotas. ¿Está en crisis la institución familiar?

La familia en sí es una crisis. A la que uno acude o debe acudir siendo consciente de ello. En el mejor de los casos, si uno consigue sacudir su familia para colocar la foto familiar en un lugar saludable, la familia es maravillosa; pero, en el mayor de los casos, creo que es caldo de cultivo para taras y monstruosidades.

-Eso suena muy fuerte.

-¿Pero dónde no? Creo que todos, generación, tras generación, tras generación… somos fruto de la herida que la familia genera en nosotros. Incluso los que se consideran perfectos. Yo he tenido un novio –confiesa, y corrige- bueno, en realidad, he tenido muchos, que se consideraban perfectos porque sus familias les habían hecho creer que lo eran. Alguien que se considera perfecto es una puta bomba de relojería con una tara importante. Ya sea por exceso o por defecto, la familia genera monstruos. Si uno consigue lamer las heridas y colocar la foto familiar, la familia es maravillosa, y es necesaria. Para mí, tener cerca a mis padres y a mi hermano es un bálsamo. Pero eso, somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros. Si nos dejamos estar, podemos ser una bomber.

David Hernández entrevista a Rubén Ochandiano

El Teatro del Arte acaba de estrenar ‘La evolución’. Una historia sobre tres hermanos de diferentes padres, elegidos por sus genes, seleccionados con el objetivo de mejorar la raza. Una comedia dramática para la que Rubén Ochandiano se ha rodeado de grandes profesionales. Cuenta con sus amigas Silma López y Marta Gómez y con los actores Borja Maestre, Alejandro Casaseca y Diego Ercolini. “Silma me parece la mejor actriz del planeta y nos enganchamos mucho,” explica. “Creo que estamos hechos del mismo material, también como seres humanos, entendemos el mundo de una manera muy parecida y crecemos mucho juntos.” Con Marta no había tenido ocasión de trabajar y era una cuenta pendiente. “No puedo estar más contento de lo que hemos hecho juntos, del resultado del trabajo,” comenta. “A Alejandro le conozco desde hace 18 años, de la escuela, y nunca habíamos tenido mucha relación hasta que hace un par de años coincidimos en un seminario y nos enganchamos el uno con el otro. Yo creo que también nos vemos mucho el corazón y aprendemos mucho juntos.” A los otros dos actores no los conocía, pero están muy integrados ya en esta familia, un equipo muy joven con muchas ganas de trabajar y muy entregado.

Le Evolución cartel-Aunque podría decirse que la historia también es un tanto turbia, ‘La evolución’ es una obra muy cómica y divertida.

-La escribí en Buenos Aires, en 2008, cuando vivía allí. Estaba enamorado y tenía un punto de vista sobre el amor y la familia bastante más naif que el que he tenido después, -explica con el tono pausado y calmado que le caracteriza.- Tras haber intentado levantar producción para la misma de múltiples maneras, estuvo mucho tiempo en un cajón. Ahora que he tenido una reconciliación familiar y que tengo una muy buena relación conmigo mismo, me parecía un buen momento para echarle una mirada a la familia desde un lugar más generoso y optimista.

-Está funcionando muy bien. ¿Cómo esperas que evolucione?

-Con una mirada muy largoplacista. En esta primera fase en la que estamos en el Teatro del Arte, nos pilla Semana Santa y nos pilla el puente de mayo. No pretendo hacer un pelotazo de golpe. Si sucede, fantástico, y, si no, genial también, montaremos en el Teatro Galileo, espero que tengamos bolos y espero que contemos con una distribución interesante. Creo que es una obra accesible, muy comercial, así que le espero y auguro que tengamos un largo recorrido. Una obra se hace para llegar al espectador y, cuantos más espectadores tengamos, mejor.

-¿Para cuándo el libro?

-Tendré que hablar con Concha (López). Me encantaría.

-Sería tu tercer libro. El primero, es la novela ‘Historia de amor sin título’, que, en un principio, era un guión cinematográfico porque te encontraste con uno de los obstáculos más habituales en este país: unos productores a los que les parecía una historia maravillosa, pero no lo suficientemente comercial como para apostar por el proyecto. ¿Cómo se puede resolver este problema tan común?

-Luchando desde dentro. No hay que tirar la toalla y hay que perseverar. Está bien cualquier tipo de proyecto. Yo soy muy feliz cuando participo en un producto mainstream y tiene que existir. Se ha apartado la cultura a favor del entretenimiento, y es fantástico, pero también puede ser el entretenimiento de productos con un alma o una inquietud más honda.

-Por suerte, surgió el crowfunding.

-El crowfunding ayuda y, en este momento, se recurre mucho a él. Pero no es la solución, porque impulsa más a que la profesión se convierta en un hobby. El trabajo es trabajo y, más o menos, hay que cobrar por llevarlo a cabo.

-Recientemente, el Gobierno ha anunciado su intención de limitar el crowfunding. ¿Cuál crees que es su verdadera pretensión?

-Es muy difícil hablar sobre esto sin sonar rimbombante, pero creo que es lo mismo que pretenden con cada acción que llevan a cabo para recortar en todo lo que tiene que ver con educación y cultura. Son propulsores del pan y circo. Quieren tener al pueblo atontado. Es tan evidente que todo lo que están haciendo es subnormalizar a la población para que el individuo tenga poca voz y voto…

-Pero la mayoría de la ciudadanía sólo se queja desde el sofá o con una caña en la barra del bar.

-¡Porque vivimos en España! Mientras tengamos el mando de la tele en la mano derecha y la San Miguel en la izquierda, no va a cambiar nada.

-Entonces, están consiguiendo su objetivo. ¿Estamos subnormalizados?

-Sí. Vivimos anestesiados.

Twitter: @_davidhernandez

1 comment for “RUBÉN OCHANDIANO

  1. nekane
    21 abril, 2014 at 15:21

    …lo que no pega ni con cola son las margaritas!, qué horror!
    lo demás por qué no?… somos monstruos!
    ah! y no estoy de acueerdo en que la gente se queda en el sofá… las calles estan llenas de protestas en el sofá se quedan los de siempre: …los que dicen que la gente se queda en el sofá!

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