Redes sociales y corruptelas

Los países en los que ha habido dictaduras son siempre más corruptos.

¿Cuáles son los países europeos considerados más corruptos?

Malta, Grecia, Portugal, Polonia e Italia,

¿Qué tienen en común estos países? Poca experiencia en democracia.

España sufrió la dictadura de Franco durante cuarenta años.

Malta fue protectorado británico hasta 1964. Aunque se independizó el 21 de septiembre de 1964, los británicos permanecieron en su territorio y mantuvieron un control total de los puertos, aeropuertos, correos, y emisoras de radio y televisión. Según la Constitución de 1964, la reina Isabel II seguía siendo la soberana de Malta, y un gobernador general ejercía la autoridad ejecutiva en su nombre. No se convirtió en una república hasta 1974. El 31 de marzo de 1979 se hizo efectiva la salida de los británicos.

En Grecia, la dictadura de los coroneles se mantuvo desde 1967 hasta 1974.

En Portugal, los gobiernos totalitarios, incluyendo la dictadura militar (1926-1933) y el Estado Novo (1933-1974) duraron 48 años.

En Polonia, la República Popular, es decir, la dictadura socialista, se mantuvo desde 1953 a 1989.

Y por último, Italia sufrió la dictadura de Mussolini durante veintiún años.

En casos de dictadura, las REDES SOCIALES se convierten en una estrategia de supervivencia y, además, están legitimadas. Llegada la democracia, es muy difícil erradicar las redes sociales clientelares que se crearon en dictadura, y la tendencia, muy enraizada en el inconsciente colectivo, a confiar en las redes sociales antes que en el Estado.

Pensemos en nuestro país, en la posguerra.

Si uno había combatido con los nacionales o era familiar de o estaba afiliado a la Falange, ya había entrado en una red que le garantizaba acceso a puestos públicos y todo tipo de beneficios o prebendas. Y si se daba el caso contrario, más le valía contar con una red social que le ayudara y le permitiera sobrevivir.

Por poner un caso cercano: mis padres se hicieron pasar por los padres del hijo de un amigo republicano que se había exiliado en Francia para que el niño pudiera llegar a Hendaya, porque, al ser mi madre belga, tenía pasaporte y permiso para salir del país. Es decir, el padre del niño no tuvo más remedio que recurrir a los amigos y a un engaño para recuperar a su hijo.

Los abuelos de mi amiga Gemma, profesores republicanos, fueron represaliados y no pudieron volver a trabajar. Sobrevivieron gracias a que sus familiares organizaron una red tanto para conseguir dinero para sacarlos como para sobornar a funcionarios y conseguir pasaportes falsos.

Ilegal entonces, pero legítimo a nuestros ojos.

En las dictaduras, la corrupción es la norma.

Para los amigos del régimen, la simple pertenencia al bando vencedor supone una serie de beneficios. Para los contrarios, la supervivencia depende de las redes y muchas veces de las infracciones de la ley.

Los sobornos y las corruptelas, por lo tanto, son necesarios e incluso, a según qué ojos, legítimos.

Desgraciadamente, estas estructuras perviven mucho después de que la dictadura haya acabado, pues se mantienen en el inconsciente colectivo.

Mi vecina, por ejemplo, acaba de conseguir plaza en la guardería del barrio, en la que supuestamente se había cerrado ya la lista de admisión, gracias a que su hermano trabaja en la Consejería de Educación de Madrid. Mi vecina no sólo no oculta el hecho, sino que lo explica con la mayor tranquilidad, porque «ya sabes que en Madrid las cosas funcionan así».

Y usted que me está leyendo, viva en Andalucía, Valencia o Madrid, conocerá casos similares. Sin ir más lejos, la hermana de Esperanza Aguirre está colocada de asesora del Ayuntamiento de Madrid. Álvaro Ramírez de Haro y Aguirre, hijo de la Lideresa, ya fue nombrado asesor del secretario de Estado de Comercio.

Sí, algunos me dirán que la hermana y el hijo tenían unos currículums excelentes, pero también les digo yo que la mujer del césar, amén de ser honrada, ha de parecerlo, y que nombramientos así en Alemania le habrían costado el puesto a la Aguirre. Allí un político no puede contratar, por norma, a familiares en organismos que dependan de su competencia.

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Las redes sociales son el concepto sociocultural más mencionado en los estudios sobre la corrupción.

El término red social, en sociología, se refiere a un determinado número de personas que están vinculadas unas con otras por relaciones de reciprocidad o dependencia.

Los participantes en estas redes pueden ser individuos, grupos domésticos, familias, grupos de parentesco o asociaciones creadas.

La interacción entre los participantes implica el intercambio de favores: intercambio de información, de servicios laborales, de recursos materiales, de apoyo en situaciones de crisis, de ayuda mutua o… de poder.

En un libro que hoy tiene el estatus de clásico, Los amigos de mis amigos, el sociólogo Jeremy Boissevain explica por qué las redes sociales son la base de la corrupción, y sitúa en el centro de estas redes y del torbellino corrupto al Homo manipulator, el hombre que acumula poder y prestigio a través del manejo estratégico de estas redes sociales.

Cuando yo trabajaba en una empresa multinacional dedicada a la venta de productos de ocio y cultura, la responsable del departamento de música era la novia del director de la tienda, hecho que no se ocultaba, por supuesto.

La secretaria de personal era la novia del director de personal.

En el departamento de Comunicación, en el que yo trabajaba, todas y cada una de las personas contratadas habían llegado porque o bien eran amigas del director o bien habían sido recomendadas por un amigo del director.

De hecho, yo era la única que había llegado a través de un anuncio en el periódico. Y que nadie crea por esto que estoy intentando desprestigiar a la empresa en la que yo trabajaba. Todos sabemos que el sistema español para conseguir un empleo se basa en las habilidades sociales y en las relaciones personales.

En cristiano: en el enchufe.

Sin embargo, si usted trabaja en una multinacional americana con filial en España (Arthur Andersen, por ejemplo) sabrá que si establece una relación con un compañero de trabajo debe ocultarla celosamente, pues si fuera descubierta uno de los dos debería abandonar la empresa.

En Estados Unidos, el sistema de selección de personal es otro, no digamos ya en el Reino Unido o Alemania, donde cualquier relación personal estrecha entre un miembro de la empresa y un empleado al que hubiera contratado y que fuera anterior a su ingreso en la empresa sería vista con extremo recelo, e incluso le podría costar un disgusto serio.

Así pues, ¿dónde situamos los límites entre el aprovechamiento de relaciones sociales considerado como legítimo y los actos corruptos?

 

2 comments for “Redes sociales y corruptelas

  1. Ashura Love
    25 marzo, 2014 at 18:40

    Me ha gustado mucho el artículo. Otro aspecto en común es que son todo países no protestantes, es decir, de mayoría católica u ortodoxa, y eso también influye en el modelo de sociedad y de cultura política, como ya estudió Max Weber.

  2. Luna
    27 marzo, 2014 at 13:20

    En este pais el enchufismo está muy extendido.En la Administración Pública tienen contrataciones
    de familiares descalificando a los mejores en las entrevistas y con otros métodos que suponen en la práctica
    una libre designación.Los principios de igualdad de oportunidades o el beneficio de la mayoria cuando en familiar o el conocido de turno son promocionados en función de sus relaciones personales.Una lástima¡

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