Qué significa ser madre

Me despertó un golpe seco que sonaba exactamente sobre mi cabeza. Como si alguien hubiera dado un salto sobre el techo. Y luego, ruidos de pisadas. Cuando por fin recuperé la conciencia, ascendiendo desde las profundidades del sueño hasta mi cama, recordé las palabras del vecino: “Pon rejas en la terraza, que más de una vez se ha colado alguien descolgándose desde la azotea.Es muy fácil forzar la puerta del portal, y no digamos ya la del terrado” Vivo en el ático, el suelo de la azotea es el techo de mi apartamento.

Serán imaginaciones mías, paranoias, me dije.

Y entonces otro ruido, más pisadas.

Muy despacio, de puntillas, salí de la cama y en silencio me dirigí al salón. Una sombra en la terraza. Por primera vez entendí el significado de la expresión “el corazón se me salía del pecho”. Creí que me iba a dar un infarto. Las luces estaban apagadas, él no podía haberme visto.

Pensé en coger a la niña y salir de la casa, pero aquello significaba cruzar el salón y si lo hacía aquel hombre me vería, seguro, y con la cría en brazos yo no podría ser ni rápida ni agresiva.

Deshice el camino andando, cogí el móvil y desde la habitación de la princesita dormida llamé a la policía.

Le enviamos una dotación, dijeron.

En dos minutos llamaron al portero automático. Entonces sí que atravesé el salón a toda velocidad para abrirles la puerta. Pero el intruso que, desde la terraza,  debía haber visto llegar  el coche policial, ya se había ido.

Eran cuatro hombres despampanantes, de metro ochenta cada uno, cuadrados como armarios. Una auténtica dotación. Fueron muy amables conmigo y se despidieron con “si tiene cualquier problema, vuelva a llamar al 091”. Me contuve para no decirles que ganas me daban de llamar al 091 cada noche. Tengo muchos problemas, y algunos creo que puede solucionarlos un hombre de metro ochenta.

Es muy importante escribir aquí  que yo soy más cobarde que una gallina apaleada, y que en otras circunstancias no me hubiera movido de mi cuarto. Me habría escondido bajo la cama o en el cuarto de baño. El único motor que impulsó mi salto de la cama y mi reacción fue la presencia de mi hija, dormida en su cuna, en la habitación contigua. La niña no se enteró de nada. Ni siquiera la llegada de la despampanante dotación logró despertarla.

Cualquier madre que lea estas líneas me entenderá. O la mayoría. Porque hay madres que pegan a sus hijos y hay madres que no les quieren. Pero, gracias a Dios o a la programación genética, la inmensa mayoría de las madres habrían actuado como yo.

Hace tiempo un periódico catalán hizo unas preguntas a varios escritores para celebrar el día del libro. Aparte de las típicas (¿cual es su autor favorito? ¿por qué escribe? y demás) una de ellas inquiría: ¿quién ha sido el amor de su vida? Una escritora respondió contundente: «Mi marido, más que mis hijos». Terenci Moix respondió: «Yo mismo». ( Le echó un par de huevos, y a mí me pareció una gran respuesta: si uno no se quiere a sí mismo, es imposible que quiera a los demás)

Recuerdo que yo por entonces no tenía hijos, pero aún así me resultó muy extraño que la escritora colocara a su marido por encima de sus hijos. Yo sé que mi madre nunca habría dicho «mi marido», y que no lo habría dicho, entre otras muchas razones,  para no herirnos a nosotros. Me pregunto si los hijos de la escritora se sintieron ofendidos o no.

Porque todos, en el fondo, esperamos que nuestra madre nos quiera por encima de todo. Y lo esperamos porque de pequeños, dependemos enteramente de ella, y si no estamos convencidos de que ella nos quiere más que a nadie nos sentimos desprotegidos. Desde luego, de mayores deberíamos haber aprendido a deshacernos de esta aspiración, pero no podemos, porque lo que se aprende de pequeño se queda impreso para toda la vida.

En una entrevista en un dominical le hacían la misma pregunta a la cantante Lolita, y ella respondió: «Mis hijos, por supuesto». La entrevistadora le dijo que la mayoría de las mujeres hubiesen contestado: «mi marido”. Y  Lolita, tan pancha, soltó algo así como: “pues esas mujeres o mienten o están mal de la cabeza».

En una ocasión me encontraba en una terraza con mi entonces pretendiente leyendo el periódico. En primera plana hablaban de un bombardeo israelí en el Líbano. Las madres yacían sin vida en el suelo con los ojos abiertos en  una última expresión de terror, y los brazos apretando a sus hijos hasta asfixiarlos, en el sótano donde se refugiaron los vecinos de Qana y una quincena de minusválidos, mentales y físicos. En total, sesenta y tres  personas. Sólo ocho adultos salvaron la vida. Veintisiete niños murieron. Las mujeres habían abrazado a sus hijos con tanta fuerza que había sido imposible más tarde separar los cadáveres. Pero aquella protección irrisoria nada pudo contra las bombas. No es cierto que el amor sea invencible, o que todo lo pueda.

Se me saltaron las lágrimas.

Y el pretendiente, sensible como es, me preguntó: “Pero… ¿qué te pasa ahora? ¿te va a venir la regla?”

Obvia decir que ya no nos vemos.

4 comments for “Qué significa ser madre

  1. nekane
    31 marzo, 2014 at 09:06

    metro ochenta cuerpo armario? te seduce el uniforme de verdad?, agggggggg
    lo de los hijos igual contestas con sorna o según te pille el cuerpo te vaya a bajar la regla o no!, por qué hayq ue ser sincero siempre? ni siquiera con uno mismo! a éstas alturas una escritora como tú debería entender que somos casi siempre contradictorios!, tu hija es una niña Lucía, espera que sufras su adolescencia, juventud y madurez: a ver como te pilla el cuerpo entonces cuando te pregunten de sopetón… Yo, también soy mamá y quiero a mi hija con todo mi ser, pero dudas he tenido cuando te putea, cuando vá de hija de madre histriónica¿?¿ y te tienes que tragar el apodo porque e slo último entre ellos.. jo!.. entonces, tu marido, su papa, que le ha pillado un buen día te susurra al oído: mírala seguro que es igualita que tú con su edad: te pilla bien, te ensoñeas en como eras te ves jovencita, feliz con un buen grupo de amigos de tu rollo, echandole el ojo al que hoy e stu marido o.. y, alguien te pregunta a quien amas mas en el mundo y tú d ecabreo con tu hija, de bien en tu nube del ayer y agradecida dices: a mi maridoooooooooo , y qué pasa? sin ya estarás tú concretando , pero la verdad es que a quien más amas es a tu hija, no? pues claro! tú quieres más el dedo de tu vecino que el tuyo? ..pues lo mismo…

  2. blanca
    31 marzo, 2014 at 16:55

    Joder! que susto! menos mal que no fue a mas…

    Son amores diferentes, trobo. Pasa que, como el amor en pareja está tan difuminado pues vamos perdiendo la visión. Y cada día peor! (como jugar un juego sin comprender las reglas, o algo asi…)

    Pensaba en varios ejemplos para ilustrar tu propuesta; me voy a quedar con éste:

    Mi madre murió cuando ella quiso morir (ésa es una capacidad -escoger el momento de nuestra muerte- que también estamos perdiendo!) pues como ella quería encontrarme a su regreso (hablo de una reencarnación, si) nada mejor que dejarme bien anclada a tierra que con una maternidad, El mismo año que mi hija nació murió mi madre. El día de su entierro yo no podía contener el dolor y el llanto y ahora se que no me fui con ella por mi hija. La bebé al verme llorar empezó a llorar también y yo no queria dejar de llorar pero empezó a doler el llanto de mi hija y no me quedó otra que recoger el dolor, guardar el llanto y amparar a mi bebé.
    El climax de desesperación debió ser tan profundo que la bebe se quedó sin defensas y pilló un virus extraño que tardó en marxar una semana…

    Chica, ten mas paciencia con los tios! vale! no fue nada afortunado el maromo con la frasecita pero por lo que yo he visto en tu aparición en tv, tu puedes resultar algo llorona…

    Y los tios, por «buenos» que sean están mucho mas «perdidos» que nosotras!!! Nosotras siempre hemos tenido la maternidad para orientarnos y a ellos, culturalmente se les ha negado (o se la han auto-negado dado que son ellOs los que…) y,,,

    (perdona, eeehhh! porque no se que tipo de persona eres y no se si aceptes opiniones asi o no, y yo puedo resultar hiriente, -lo se, me lo dicen- y tengo pocos datos objetivos, y hace poco que te «sigo» e incluso puedo resultar pesada porque ya he incidido varias veces en el tema de diferentes formas…) 🙂

  3. elena
    1 abril, 2014 at 08:02

    Claro que siempre seran los hijos a los que mas quieres, porque el amor de una madre empieza desde antes de ver a tu hijo, desde el momento que sabes que estas embaraza, que sientes las pataditas y su movimiento y nunca se acaba.

  4. Inés
    1 abril, 2014 at 13:38

    Son amores distintos. El de los hijos está encaminado a darles alas, enseñarles a volar y dejarlos marchar, pero con la pareja aspiras a envejecer juntos.

    El planteamiento del «amor de tu vida» es absurdo por excluyente. En la vida puede haber muchos amores igual de intensos aunque diferentes. Yo quiero a mis hijos, quiero a mi pareja, quiero a mis padres de manera distinta, pero con la misma intensidad. La capacidad de amar no se resta, se multiplica.

    Cuando oigo pregunta algo así, no puedo evitar acordarme de esa pregunta tan incómoda y estúpida que nos hacían de niños: «¿A quién quieres más, a la tita mengana o a la tita fulana?» Como si hubiera que elegir y no se pudiera querer por igual a mucha gente.

Comments are closed.