Putas, chaperos y libros

Ser puta, ser chapero, significa ser clandestino y réprobo, de la humillación de vivir reptando, apiñados en lo oscuro. Del dolor de no saber tirar del hilo para salir del laberinto. De las huellas del asco que se quedan impresas cuando te han manoseado dedos que ni te gustaban ni te respetaban

 

Venía de una familia bien. Sus padres nunca quisieron que trabajara. Se negaron a que cuidara niños o fuera cajera. Insistían en que ella debía estudiar, y no distraerse en otras cosas. Se veía siempre sin dinero para sus gastos porque su familia no se lo proporcionaba. Y un día, hojeando La Vanguardia, se le detuvieron los ojos en un anuncio. “ Buscamos chica para establecimiento de relax”. Meses de lucha íntima, de enconado debate. Un desengaño sentimental.“ Estaba muy mal y me dije, pues…  de perdidas, al río” Marcó el teléfono. Y se dijo a sí misma:  “Solo serán dos meses, solo quiero ahorrar.” Estuvo quince años en el ambiente de la prostitución.

 

 

“La primera sensación que tienes cuando entras es  de euforia, como en cualquier droga, porque adquieres poder. Poder sobre tu vida, poder económico, poder sobre los hombres. Y luego es como una droga porque cuando más tienes, más quieres. Después pasas por una fase de Síndrome de Estocolmo. No eres capaz de conectar con tu propio dolor, te blindas ante él. Solo con el tiempo te das cuenta de lo que has hecho. Como en una droga, los efectos devastadores se aprecian a largo plazo. Cuando dejas de ser carne fresca la actitud de los clientes hacia ti cambia, y tú misma has cambiado. Entrar en el infierno nunca es de balde: si consigues salir, sales quemada

La que me contaba esta historia es Marta Elisa de León, autora del libro Las Ocultas, publicado por Turner.

 

 

 

Yo he leído dos libros  muy recomendables escritos por prostitutos masculinos. Stayin‘ Alive de Richard Berkowitz, y Pollo de David Henry Sterry.  El primero trabajaba solo para hombres. El segundo, para ambos sexos. Sus  historias se parecen a la de Marta Elisa. Al principio euforia, sensación de poder, de control, de dinero fácil. Al cabo de un tiempo la enfermedad, la depresión, el vacío, el agotamiento físico y moral. No parece que haya tanta diferencia entre la prostitución masculina y la femenina.

Sí, en España podrías darte de alta en la Seguridad Social como masajista pero, como bien explica Marta Elisa, muy pocas o ninguna lo hacen. Primero, porque cuando empiezas crees que va a ser por unos meses. Segundo, porque has mentido respecto a lo que haces. Tercero, porque el truco del eufemismo “masajista” es demasiado obvio como para arriesgarse a que tu familia, novio, amigos, descubran la verdad. Pero no es cuestión de entrar en un debate sobre el prohibicionismo. Los tres libros que he citado no hablan de eso.

 

Hablan más bien de lo que significa ser clandestino y réprobo, de la humillación de vivir reptando, apiñados en lo oscuro. Del dolor de no saber tirar del hilo para salir del laberinto. De las huellas del asco que se quedan impresas cuando te han manoseado dedos que ni te gustaban ni te respetaban. De no tener agarradero para salir, ni fuera, en una sociedad que te desprecia, ni dentro de ti mismo. Hablan de un largo camino por los sotanos más oscuros de uno mismo,  de cómo por fin, , desposeídos, han perseguido tenaces una luz tenue y han emergido hacia otra vida. Hablan de una historia que muchos hemos vivido, en realidad, en circunstancias muy distintas, aunque nunca hayamos tenido que vender nuestro cuerpo. Y al final Marta Elisa y yo tenemos muchas en común, y puede que usted con nosotras.

 

2 comments for “Putas, chaperos y libros

  1. Rubén
    3 abril, 2014 at 07:45

    Recomiendo encarecidamente también el libro de la exprostituta irlandesa Rachel Moran: Paid For
    Para mi fue toda una revelación de qué significa prostituirse y cual es el precio que se paga.

  2. blanca
    3 abril, 2014 at 13:08

    De las huellas del ASCO que se quedan impresas cuando te han manoseado dedos que ni te gustaban ni te respetaban… si se siente éso hay esperanza!!! una LUCHA denodada por delante (no en vano el primer PODER que hay que conquistar es el de LA ESPADA!)

    Cuando era una niña (sobre los 10-11) un viejo vecino, un ex-guardia civil me tocó las incipientes tetas y me enseñó la polla. Paralizada quedé! …y cuando finalmente pude marchar a casa, me metí en la ducha y quise LIMPIAR aquellas huellas de ASCO profundo que tenia impregnadas, Aun me recuerdo a mi misma rascando mi piel para eliminar la inmundicia,,, Después hablé con mi madre y se lo expliqué. Creo que ella habló con la mujer de él porque al poco y muy a correcuita, marcharon del edificio. Mi padre nunca se enteró de nada.

    A la que debió sorprender la repentina marcha fue a mi hermana…

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