Paris Martín

“La cultura es la esencia de un país”

Por David Hernández

La vida está compuesta de sonrisas y lágrimas. Cuando una sonrisa es verdadera, casi siempre, es fruto de la alegría. Cuando la felicidad es plena, también puede causar lágrimas. Por desgracia, una lágrima no siempre está generada por la felicidad. La mayoría de las veces, son causadas por la amargura, por el dolor y por la desdicha. Estos dos ingredientes forman parte de la vida del ser humano. Todas las historias contienen estos elementos. Tal vez por eso, por la empatía del público, al sentirse identificados con los sentimientos que transmiten los personajes, ‘Sonrisas y lágrimas’ se ha convertido en el musical clásico más importante.

Con más de 50 años de representaciones ininterrumpidas y 45 millones de espectadores en 24 países, no ha dejado de representarse en algún lugar del mundo desde su estreno en 1959. Ha recibido, entre otros, 6 premios Tony, 5 Oscar y 2 Globos de Oro. En España, a punto de cumplir un año, ya va por los 300.000 espectadores y acaba de recibir 10 nominaciones a los Premios del Público Broadwayworld Spain 2012. Paris Martín, que encarna a Rolf, está nominado a Mejor Actor Revelación.

-Lo de revelación parece algo bastante relativo.

-Sí, llevo 14 años dedicado a las artes escénicas. No creo que la revelación suponga haberte estrenado en algo, sino que por X cosas se te haya conocido más o se te haya destacado un trabajo, que haya sido una revelación en ese sentido.

-Un reconocimiento como éste debe ser motivante para continuar trabajando.

-Me hace mucha ilusión porque es una muestra de apoyo y de cariño a mi trabajo. Siempre hace ilusión, y más cuando te ha votado el público.

-¿Qué destacarías de la preparación de tu papel?

-Cuando me dijeron que me habían seleccionado, pensé que iba a ser más fácil. Rolf es un personaje que tiene muchos matices, con un recorrido complicado. Es un chico de clase media-baja, un cartero, que se enamora de una chica de clase alta, la hija mayor del capitán von Trapp. Se ve envuelto en el movimiento nazi y le absorben el cerebro. Ni para ella ni para él las cosas son como esperan. ¡Y no voy a contar más porque, en relación a la película, hay alguna sorpresa! Quiero que la gente lo vea. Es complicado dar vida a lo que estás contando, sobre todo cuando se trata de una familia que ha existido, como la familia von Trapp. Todo esto es una historia real en cierto modo, aunque con matices.

-Después de interpretar a un judío en ‘El diario de Anna Frank’, ¿qué tal ha sido pasarse al bando contrario?

-Lo bonito de Rolf es que no es un nazi como tal. Es un niño que, de repente, se ha visto envuelto en todo eso. Le ponen una esvástica en el brazo y se siente más importante. Pero él no está del todo de acuerdo en eso, es más, en ocasiones parece que ni siquiera sabe de lo que está hablando. Le meten en la cabeza que tiene que ser así.

-La semana pasada, cumplisteis 300 funciones. ¿Cuál es la que mejor recuerdas?

-Tengo muchas dificultades para controlar la risa floja. Entonces, cuando en el escenario pasa algo, sudo sangre para no reírme si algo me hace gracia. Recuerdo con mucho cariño cuando estás cómplice con algún compañero y algo te hace gracia, y recuerdo con mucho menos cariño una función en la que estás pachucho de la garganta y tienes que sacarla adelante.

-¿Qué tal está respondiendo vuestro público?

-Muy bien. Estamos muy contentos. La obra está teniendo muy buena aceptación. Ojalá sigamos así, porque es una historia muy bonita, muy blanca, que no habla más que del amor, a muchas cosas, a la familia, a la pareja, a los hijos, a la patria… pero del amor al fin y al cabo.

-No habéis cumplido un año sobre el escenario y, con Madrid, ya van 20 ciudades. ¿Cómo llevas los viajes por carretera, el ir y venir, pasar semanas enteras fuera de casa…?

-Las giras son complicadas. Pero es muy bonito poder llevar el espectáculo a todas partes para que no tenga que venir la gente hasta Madrid. Como actor, es muy cansado porque tienes que hacer pases de prensa en las ciudades, tienes que hacer dobletes… Pero, a la vez, es muy divertido porque estás en diferentes hoteles, conoces gente, tienes una mañana libre y te vas a conocer la ciudad… Pero ahora vamos a estar un tiempecito por Madrid. ¡Espero que por mucho tiempo!

-¿Se puede llevar una vida normal a nivel familiar, relaciones, amigos…?

-De gira es muy complicado porque estás dedicado totalmente a la obra. Tienes unos días libres, pero, cuando te quieres dar cuenta, ya estás otra vez de viaje. Pero a mí la gente de ideas fijas no me gusta, eso de “si eres actor no puedes tener pareja”.

-Aunque has de reconocer que debe ser complicado.

-Lo es, pero como el médico al que le destinan a Philadelphia 18 meses y está casado y tiene dos hijos. El trabajo de actor no es más complicado que otro trabajo.

-No es sólo eso. Habrá momentos en los que, aunque estés rodeado de tu equipo, te encuentres solo en una ciudad desconocida, pasando varias semanas enteras sin ver a nadie de tu entorno.

-En esos casos, intento ser racional. Ya de por sí, soy bastante nostálgico y, cuando estoy un poco ñoño, me agarro a cualquier presencia o recuerdo que no tengo. En esos momentos, intento pararme a pensar por qué lo estoy haciendo, lo relativizo. Hay momentos difíciles. El año pasado, pasé mis primeras Navidades fuera de casa.

Paris sabe que en esta profesión hay que sacrificar algunas cosas, porque todo tiene su recompensa: el calor del público, el reconocimiento, el agradecimiento de las personas que disfrutan con su trabajo y, sobre todo, poder llevar a cabo su vocación. Cuando todos los niños jugaban al fútbol, él hacía programas de radio con una grabadora. Pasaba el día cantando y actuando. “Siempre intentaba pinchar a mi madre, pero ella no quería que dejase los estudios, ni que me hiciese un niño estrella”, comenta divertido. “Con 13 años, ya cuando mi madre vio que no había por dónde atarme, me metí en una escuela musical y empecé a estudiar jazz, interpretación, claqué y canto.” Así comenzó una trayectoria que cuenta con diversos títulos de obras de teatro, películas y programas de televisión. Además, es profesor de artes escénicas en inglés en un colegio y de historia del teatro musical en la universidad.

-¿Qué idea tenías sobre tu futuro cuando te inscribiste a todas aquellas clases extraescolares?

-Creía que era todo muchísimo más fácil. Yo siempre pienso que esta profesión es maravillosa. Cuando gente que empieza en esto me pide un consejo, aunque no soy quién para darlos, siempre digo una cosa: “piénsatelo bien.” Hay un falso mito que no es real. Es un trabajo maravilloso y un trabajo muy agradecido cuando es agradecido, pero no siempre lo es y es muy difícil.

-¿No les recomiendas ver ‘Eva al desnudo’?

-La película refleja muy bien cómo es este trabajo. Es así de duro, pero es verdad. También recomiendo ver la serie ‘Smash’, que es impresionante lo bien tratada que está y lo real que es lo que cuenta. Pero cuidado, que no quiero que parezca que esta profesión es un espanto ni una cosa dificilísima. Es muy difícil, pero porque hay que trabajar mucho. Tiene un recorrido complicado porque hay que estar siempre preparado para terminar y empezar, terminar y empezar… y el tiempo que hay entre que terminas una cosa y empiezas otra no lo sabes.

-¿Cuál considerarías que fue tu primer trabajo profesional?

-Ya había trabajado con Banderas, había rodado ‘Imagining Argentina’, y había hecho cosas muy guays. Pero yo destaco mi debut en el teatro María Guerrero con 19 años. Cuando hice ‘Himmelweg (camino del cielo)’. Fue un trabajo muy grande. Había una gente fantástica, de la que aprendí muchísimo, con la que he mantenido el contacto, y en un teatro grande, trabajando para el Teatro Nacional. ¡No puede haber un debut mejor!

-¿Cómo recuerdas aquel estreno?

-Atacado, atacado, atacado… Ya había hecho teatro antes, pero, a ese nivel… Además, el Teatro María Guerrero, es tan bonito, tan TEATRO, tan clásico… Impone mucho respeto. Y trabajaba con actores como Pere Ponce, José Pedro Carrión, Alberto Jiménez… Gente a la que admiraba mucho. Lo recuerdo con nervios, pero siempre con mucha ilusión. Al fin y al cabo, lo que te mueve a todo esto y a trabajar tanto es la ilusión.

-¿Qué haces para calmar los nervios previos a las funciones?

-Soy una persona muy nerviosa y tiendo mucho a estar nervioso, a llevarme al sueño las cosas que me están preocupando… Pero antes de una función, necesito quince minutos de calma. Me estresa mucho el nerviosismo de la gente, gritos en los pasillos… Necesito encerrarme en el camerino, respirar, encenderme una vela y tomarme una infusión. Siempre. Antes de cada función. Es fundamental bajar a escena tranquilo, porque si sales nervioso, te comen los nervios.

-¿Alguien tan acostumbrado al calor del público, cómo lleva la frialdad de los rodajes?

-Es algo totalmente distinto, pero sé buscar el encanto a cada cosa. Nunca he estado de acuerdo con la coletilla de “actor de teatro” o “actor de cine”. Un actor es actor.

-¿Qué es lo mejor de hacer cine?

-Te da la posibilidad de llegar a mucha gente sin que se muevan de su casa. Al teatro tienen que ir a verte. Cada cosa tiene su particular.

-¿Cuál es la más especial de tus películas?

-‘Imagining Argentina’. Aunque fue una participación muy pequeñita, fue una experiencia muy bonita por la posibilidad de, siendo tan pequeño, trabajar junto a Banderas. Curiosamente, se rodó en el Teatro Lara. Cada vez que voy, recuerdo aquel momento.

-¿Crees que los actores seguirán teniendo oportunidades para hacer cine en España?

-¡Ojalá! ¡Estoy horrorizado con la situación de la cultura en España! ¡Horrorizado con lo poco que se cuida desde según qué estratos! Me apena mucho el tema del 21%, porque es la pescadilla que se muerde la cola. Ya no es que el público no pueda permitirse pagar una entrada. Si el público no puede asistir al teatro, las productoras no pueden obtener unos beneficios para poder montar otro espectáculo. Los actores no pueden trabajar tampoco, ni los técnicos, ni nadie. En esencia, me da pena, pero no me da pena por mí, ya que me siento un privilegiado, sino que me da pena por grandes compañeros que conozco, que tienen un talento increíble, y que no pueden trabajar porque no se genera trabajo. Entiendo que un productor no se arriesgue a invertir la fortuna que cuesta montar un espectáculo de gran formato sin saber si eso se va a amortizar. Es la pescadilla que se muerde la cola. Espero que a esto se le encuentre una lógica porque es ilógico, no tiene sentido. ¡No puedes matar la cultura de un país! ¡Es la esencia de un país en gran parte!

-Al fútbol lo denominan cultura para poder darle tan solo un IVA del 10% y, en cambio, al teatro, a la música y al cine, la verdadera cultura, los insultan denominándolos ocio.

-No creo que haya que subir el fútbol porque tiene sus seguidores, pero también los tiene el teatro. Tratar así la cultura es incultura, es no saber de qué estás hablando. Relegar a ocio el teatro es un insulto, es ofensivo. Además, me parece una simple escusa para subir el IVA al 21%.

Twitter: @_davidhernandez