Niños y perros

A lo largo de mi vida he escuchado y sigo escuchando unos cuantos comentarios de ” no sé puede querer a un perro más que un humano”, o “no se puede querer a un perro más que a un niño”.
Por supuesto que pondría a mis perras por encima de muchos humanos. De cualquier violador o torturador, o de cualquiera capaz de dañar a un niño.
En cuanto a si quiero a mi hija más que a mis perras, las quiero igual y a la vez de forma diferente.
Mi perro Tizón fue atropellado y murió en la mesa de operaciones.
Cuando mi hija se enteró de que a la perra la tenían que operar se puso a llorar como una Magdalena.
– Pero…¿ por qué te pones así? – pregunté yo.
– ¡Porque Leia es el amor de mi vida! Y tengo miedo de que se muera… – dijo ella, entre sollozos.
Yo no le dije que el amor de su vida debería ser yo. Ni siquiera que hay otra perra. Entendí perfectamente lo que ella quería decir y por qué lo decía.
La perra ha estado siempre presente en la vida de esta niña. Y sus compañeros de clase, humanos, fueron gente que le hicieron la vida imposible hasta que hubo que cambiarla de colegio.
Todo porque su madre era famosa.
Todo empezó porque a alguna madre que decía católica y que de católica tenía poco ( el catolicismo real propugna el amor) le molestaron mis artículos. Consiguió que me sacaran del grupo de WhatsApp de madres ( yo ni me enteré, por cierto) y después consiguió que a mi hija no la invitaran a un solo cumpleaños.
Por supuesto, mi hija quiere mucho más a su perra que a ninguno de sus ex compañeros de colegio.
He de decir en favor del antiguo colegio de mi hija que hicieron todo lo posible por arreglar la situación e incluso iniciaron un protocolo de acoso.
Pero de donde no hay no se puede sacar.
La historia tiene un final feliz. Mi hija se fue a otro colegio y ahora es una niña popular, con un grupo de amigos más que nutrido, y con unas notas excelentes.
En fin. Que cada vez que mi hija volvía triste a casa había una perra que se quedaba horas, literalmente horas, tumbada a su lado sin moverse.
Y ya lo he dicho todo. Sí, por supuesto, pongo a mi perra por delante de muchos humanos.