María y la coherencia

 

POR ENRIC BERNEDA BENITO

 

-Y dime, María, ¿qué puedo hacer por ti?

-En realidad, creo que la situación en la que estoy es responsabilidad mía. Desde que conocí a Javier cargué demasiado el peso de mi felicidad sobre él. Con su compañía no me daba cuenta, porque todo eran estímulos y alegrías, pero ahora que vuelvo a estar sola, desnuda con mi soledad, obligada a encontrar estímulos diarios y un sentido para mí misma, es cuando me doy cuenta de lo desentrenada que estoy para ser yo. Además, siempre que una relación no me funcionaba tuve la fortuna de encontrar otro hombre a quien amar, un ser que me parecía extraordinario y maravilloso, pero que en realidad me servía una vez más para ocultar mi carencia.

-¿Y qué piensas hacer? Mejor que vayas poco a poco, ¿verdad?.

-Ahora ya no puedo jugar más. No puedo utilizar a los hombres como recambio de mi propia integridad. A mi edad ya no tiene sentido. El precio que pagas son cicatrices demasiado profundas y difíciles de sanar, que un nuevo amor no tiene por qué sufrir. Tengo que lograr vivir sin necesitar a alguien, sin que me carcoma la tristeza por no tener a nadie por quien vivir y luchar, sin… y ahora perdona, te dejo, porque he recibido un mensaje por whatsapp de un médico que al menos por escrito parece muy interesante y parece entusiasmado por mí. Creo que hay algo entre los dos.

-No te preocupes, María. Dentro de un año me explicas lo que pasó entre tú y el médico.