Los verdaderos pederastas

por Santiago Samaniego

 

 

Cuando un caso como el del pederasta de Ciudad Lineal salta a los medios, la presunción de inocencia se olvida y el pueblo levanta en alto el brazo con la piedra en la mano.

Es curioso que el pederasta de Ciudad Lineal se haya convertido en «el enemigo público numero uno «cuando en los casos de abuso sexual a menores el patrón de raptar y abusar de niños completamente desconocidos ni siquiera llega al 1% de los casos.

Un pedófilo es el chivo expiatorio ideal de todos los males de una sociedad que organiza la exacerbación del deseo sin procurar los medios para satisfacerlo.

Supongo que los casos (la inmensa mayoría) en los que el perpetrador es una persona muy cercana a la víctima (parientes o amigos de la familia) no interesa tanto al Ministerio de Interior como para inmovilizar a cien de sus efectivos policiales, ni para organizar programas de concienciación del problema real.

Será que el dolor de esas víctimas, la inmensa mayoría, es menos legítimo que el de la víctimas del pederasta de Ciudad Lineal.

O será que la familia no se toca, que esos abusadores son «gente normal» que «quieren» a sus hijos, mientras que el pedófilo ideal siempre supera los cincuenta años, es soltero, está calvo, ha echado barriga, vive en el extrarradio, no tiene sentido del ritmo, es católico practicante y honrado conocido de sus vecinos y se pasa el día cascándosela frente la pantalla de un ordenador.

Interesa más cuando el patrón de elección de víctima es claramente psicótico y cuando lo aderezamos con adornos exóticos como el narcisismo que se vincula la práctica del culturismo.

Pero cuando el victimario, el abusador,  es un padre y marido ejemplar que desliza la mano debajo de la sábana al arropar a sus hijas todas las noches, cuando es el padre, el padrastro, el tío, el abuelo, entonces ése no es un caso que merezca la pena la primera plana de los periódicos. ¿Por qué? ¿Quizás por la incomodidad de identificarnos con parte de esa imagen?

La verdad es que el pedófilo es el ser más infeliz del mundo porque conoce el deseo pero no encuentra satisfacción para él, el pedófilo una autoestima bajísima que se pasa el resto de la vida intentando compensar, ya sea mejorando su imagen social o directamente abusando de menores incapaces de juzgarle.

La verdad más incómoda es que la mayoría de abusadores sexuales de menores no externalizan ningún tipo de patología. De hecho, ni siquiera la mayoría de ellos tiene una fijación sexual por menores, sino que solo utilizan sexualmente a los menores como válvula de escape para compensar sus inseguridades y baja autoestima.

¿Cómo concienciar a la sociedad de que los auténticos depredadores, los más dañinos para la infancia, no son extraños sino que compartimos nuestras vidas con ellos?

No esperéis una rueda de prensa del gobierno y la movilización de las fuerzas de seguridad para proteger a nuestros niños de los verdaderos peligros.

1 comment for “Los verdaderos pederastas

  1. nekane
    26 septiembre, 2014 at 09:33

    bon dia!
    unos no son ni mejores ni peores que otros Lucía!, la balanza no se inclina con el dedito debajo haciendo trampa, son todos iguales, pero desde aquí me gustaría poner a trabajar a sexólogos y psicólogos para buscarle un remedio a esa «infeliz» gente que no tiene posibilidades, sexualmente hablando,porque su forma de sentir placer es violencia …un poco, mucha pena me dán, la peli Ninfomanía, me abrió un poco más la empatía y creo que como sociedad civilizada que somos, habría que buscarles una solución, lo demás están condenados por los siglos de los siglos…

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