Los niños creativos no nacen, se hacen

Raúl Jaime Mestre

(http://rauljaimemaestre.blogspot.com)

 

    zzz.creativo  ¿ Cómo se puede estimular el talento cuando es aún potencial y ofrecer condiciones que van a facilitar su desarrollo y expresión?

La creatividad es una habilidad crítica en los días actuales, dadas las características de complejidad, incertidumbre, turbulencia, cambio, progreso y competición que caracterizan al mundo del trabajo y a la sociedad.

Estar preparado para solucionar problemas y solucionarlos de forma creativa es, sin duda, algo indispensable en este una sociedad en la que “innovar” es la palabra mágica. (MacKinnon, 1959)

La creatividad, sin embargo, no es un fenómeno simple.

Es, por el contrario, dinámico, complejo y multifacético.

Y depende para su expresión tanto de factores del individuo, como de estilos de pensamiento, abordajes para resolución de problemas, rasgos de personalidad y motivación, así como de condiciones favorables en el ambiente de la familia, la escuela y el trabajo.

La expresión de la creatividad está, incluso, profundamente afectada por factores de orden histórico, social y cultural.

A pesar de ser, tal vez, el recurso más valioso de que disponemos para lidiar con los desafíos que acompañan nuestra época, existe un gran desperdicio del potencial creativo.

¿ Por qué tanto desperdicio?

Es producto de varios factores.

Por ejemplo, el modelo de enseñanza predominante en la gran mayoría de las escuelas

Este modelo tiende a reducir la creatividad del alumno por debajo de posibilidades reales.

El modelo de enseñanza predominante tiende a incidir en demasía la reproducción del conocimiento en perjuicio de las habilidades de pensar e imaginar.

Es decir, vale más aprender como un loro que deducir por lógica.

El modelo de enseñanza predominante tiende también  a destacar la ignorancia, la incapacidad y las limitaciones del alumno,  y a no destacar sus logros.

Así   muchos alumnos  subestiman sus competencias e interiorizan una visión negativa de sí mismos.

No podríamos dejar de destacar además  la existencia de fuerzas adversas presentes en nuestra cultura que dificultan y llegan incluso, en algunos casos, a impedir el desarrollo y la realización del potencial para crear.

La influencia poderosa de estas fuerzas es de tal orden, que Abraham Maslow, uno de los psicólogos más prominentes del presente siglo, llegó a afirmar que “El hombre creativo no es un hombre común al que se acrecentó algo; creativo es el hombre común del que nada se sacó.”

Otras fuerzas poderosas en la cultura enfatizan de forma exagerada el pensamiento analítico, convergente y lógico, predominante en la sociedad occidental.

Un estudio realizado en los Estados Unidos (Toren, 1993), mostró, por ejemplo, que tales fuerzas se reflejan en la escuela:  Se observó que el 80% de la energía de los alumnos es dirigida hacia disciplinas analíticas. 

Y sin embargo la realidad actual está exigiendo, de manera creciente, que también se prioricen la habilidad para lidiar con hechos nuevos, sin reglas preestablecidas, la capacidad de innovar y el desarrollo del alumno como persona.

Paralelamente a este énfasis, una serie de presupuestos cultivados en la sociedad también contribuyen a mantener adormecido el potencial humano para crear.

El modelo actual de educación limita la capacidad del individuo para arriesgarse a experimentar, a osar, a divergir, a imaginar, a soñar despierto.

Dentro de estos presupuestos limitantes del modelo de enseñanza tradicional  se destacan:

a) todo debe tener utilidad,

b) todo debe funcionar,

c) todo tiene que ser perfecto,

d) no debemos soñar despiertos

, e) no se puede divergir de las normas impuestas por la cultura,

f) se debe evitar la  ambigüedad.

 

El perfil de un modelo de enseñanza que inhibe la creatividad

Aunque estemos vislumbrando un nuevo milenio, persiste en la escuela un conjunto de fuerzas que inhiben el desarrollo de la creatividad y dificultan su expresión.

En la escuela es común el predominio de una educación volcada excesivamente para el pasado, con un énfasis exagerado en la reproducción del conocimiento y en la memorización de contenidos. Este sistema de educación exige del alumno, muchas veces, conocimientos obsoletos.

Por ejemplo, en una investigación de nuestra autoría, en la cual varias pruebas de conocimiento utilizadas en escuelas primarias de Brasil, más de una vez percibimos el énfasis exagerado en la reproducción del conocimiento, a la par de una exigencia de que el alumno memorizara conocimientos irrelevantes.
Observamos, incluso, que respuestas aparentemente correctas no eran consideradas como tales por el profesor. Simplemente que el alumno no había reproducido todas las informaciones presentes en el libro.

Un ejemplo:  se exigía del alumno la descripción de una brújula. Pudimos percibir, por ejemplo, que el profesor les quitó puntos a aquellos que no incluyeron en su respuesta el hecho de haber sido inventado por los chinos algunos siglos antes de Cristo, como se afirmaba en el libro de texto adoptado por la escuela.

A conclusión semejante llegamos después de examinar más de veinte mil ítems y ejercicios de 40 libros de ciencias.

Este análisis nos llevó a comprobar que la gran mayoría  de los ejercicios (más de 90%) estaba enfocada a la reproducción de la información. Muy pocos exigían del alumno el uso de su experiencia y observación. Y ninguno se enfocaba hacia el ejercicio del raciocinio y de la habilidad para pensar de forma creativa e innovadora.

Una característica del sistema de educación que también ha sido observada por nosotros es el hecho de que, desde los primeros años de escuela, se aprende que para cada problema o cuestión hay apenas una respuesta correcta.

Así se facilita  la dicotomía cierto-falso y el alumno aprende  que él debe siempre dar la respuesta correcta, que no puede engañarse.

El error como sinónimo de fracaso y que debe ser evitado siempre. El error que genera sentimientos de vergüenza. 

El espacio reservado para preguntas que posibilitan múltiples respuestas, para la exploración de nuevos abordajes en el proceso de solucionar problemas y para el uso de formas divergentes de lidiar con el contenido programático, es muy reducido, si no inexistente en la gran mayoría de las escuelas.

Esta práctica de ejercicios que solamente acepta una respuesta cultiva excesivamente el miedo al error y al fracaso.

Para colmo los profesores tienden a subestimar el potencial y el talento de sus alumnos.

Un estudio con profesores de enseñanza primaria, probó que consideraban a la mayor parte de sus alumnos como poco creativos (Alencar, 1989b).

Es también común dar relevancia a la incapacidad, a la ignorancia y a la incompetencia del alumno, dejando de señalar lo que cada uno tiene de mejor en términos de talentos y habilidades.

Esto lleva al desarrollo de una visión pesimista de los recursos casi ilimitados de nuestra mente, de nuestra capacidad de crear, de nuestra capacidad de proponer nuevas ideas y de vislumbrar nuevas posibilidades y opciones ante problemas y desafíos.

Los tiempos modernos están exigiendo un perfil de hombre marcado, sobre todo, por la autoconfianza, la iniciativa, la independencia de pensamiento y acción, la persistencia, el coraje para arriesgarse y la habilidad para solucionar nuevos problemas.

Pero los rasgos más cultivados en nuestra escuela son la obediencia, la pasividad y la dependencia, como comprobamos en un estudio con 230 profesores.

Estos profesores al describir el perfil del alumno ideal, se olvidaron de rasgos esenciales para el éxito profesional en este fin de milenio (Alencar y Rodríguez, 1978).

Las conclusiones a las cuales llegamos mediante las investigaciones realizadas en Brasil sobre este aspecto pueden ser generalizadas, toda vez que algo similar ocurre también en muchos otros países, como observamos mediante contactos con profesionales de otros continentes.

Observamos también que nuestra enseñanza está dirigida únicamente hacia el conocimiento del mundo exterior, contribuyendo poco para el autoconocimiento.

Aprendemos sobre el universo, los países, la historia del hombre, pero seguimos desconociendo nuestros talentos y posibilidades.

Aprendemos sobre el mundo, pero reflexionamos poco sobre nosotros mismos, sobre el potencial casi ilimitado de nuestra mente, sobre el poder y valor de nuestra imaginación.

La escuela aún no considera la imaginación y fantasía como dimensiones importantes de la mente.

Hemos visto en muchas escuelas brasileñas niños de cuatro años de edad, en su primer año en el kínder, llevando ya a la casa una larga lista de ejercicios y tareas que les toma tiempo libre, impidiéndoles jugar.

En un análisis con relación a los prerrequisitos para que el niño sea aceptado en el primer grado de muchas escuelas privadas brasileñas, pudimos ver que algunas de ellas exigían, incluso, el conocimiento de la multiplicación y la división y el dominio rudimentario de fracciones, con un nivel de exigencia más allá del deseable, considerando la edad en la cual se encontraba el niño.

Hemos observado también que entre los profesores predomina una concepción errónea de la creatividad, considerándola como si fuera una dádiva, un privilegio de pocos, presente apenas en grandes artistas, inventores y científicos.

Muchos profesores creen que la creatividad es  una característica innata y que, por lo tanto, no puede ser enseñada o aprendida. No es cierto.

Observamos también entre los profesores la consideración de que la creatividad dependería solamente de la inspiración del individuo, cuando sabemos que la preparación, dedicación, disponibilidad de tiempo y de recursos son también factores de gran importancia para la producción creativa.

Parece que existe  un pleno acuerdo en que es necesario promover espacios que fomenten los procesos creativos de los niños desde la escuela… ¿ de verdad?

¿ Cómo se van a fomentar los procesos creativos cuando los profesores  – que son los encargados de incorporar en su quehacer estrategias que fomenten en los estudiantes el desarrollo de la creatividad –  no están cumpliendo con este rol?    

 ¿ No estarán los profesores actuando más bien como obstaculizadores  que como fomentadores de los procesos creativos de los niños?

Hoy la educación debe   fomentar espacios que estimulen los procesos creativos de los estudiantes. Y para ello los profesores y profesoras, y todos nosotros,  debemos abandonar las concepciones tradicionales en educación, transformando sus prácticas pedagógicas.