Los Corleone o los Soprano

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Fotograma de Murder, my sweet (1944), de Edward Dmytryk.

Yo no soy de izquierdas. Y jamás he hecho pública mi intención de voto.

No me considero roja. Creo que Stalin fue uno de los mayores genocidas de la humanidad. Simplemente, me limito a contar hechos.

Pero en cuanto en este país denuncias, inmediatamente te caen sambenitos como «foca sociata», «de la ceja», «titiritera» o «izquierdosa».

Dividir un país en dos y darte a elegir entre un bando u otro es un juego manipulador en el que se olvida que entre el blanco y el negro puede haber muchísimos matices de gris, un juego que conviene al sistema, pero que no me conviene a mí. A nosotros.

Muchos creemos que las ideologías partidistas no son determinantes a la hora de resolver problemas concretos y que obligarte a tomar partido entre el clan A o el clan B es como darte a elegir entre los Corleone y los Soprano, olvidando que puede haber otras vías, otras formas de hacer las cosas.

Creemos que podemos estar de acuerdo en algún caso con Rosa Díez, en otro con Íñigo Urkullu y en otro con el alcalde de Vitoria, que es del PP (y cito a tres políticos vascos porque yo soy de allí, y porque a todos les he escuchado decir algo sensato alguna vez).

También hemos caído en la cuenta de que, cuando gobiernan, las diferencias entre unos partidos y otros a veces no son tantas. En lo que se refiere a medidas económicas, sobre todo.

Cada vez más los líderes nacionales de las respectivas formaciones son quienes concentran la atención mediática, no los programas.

Programas que se han convertido en papel mojado, ideologías que cada vez son más difusas: el PP, por ejemplo, ha subido el IVA, una medida teóricamente nada liberal.

Pretender que hay solamente dos opciones es mañoso, tramposo y manipulador, y solamente conduce al distanciamiento y la división.

Quienes pretendan vender un proyecto —cualquiera que sea— como «todo o nada», «conmigo o sin mí», solamente lograrán resultados de los que será difícil sentirse orgullosos, a menos que lo que pretendan sea, precisamente, dividir.

Sucede lo mismo con el mito de la «izquierda» y la «derecha». Si sólo ofrecemos al problema dos respuestas y ambas equivocadas, no estamos planteando bien el problema.

Un problema al que se ofrecen dos soluciones equivocadas es un problema para el que, en la práctica, no me han ofrecido solución.

La opción frente al color negro no es solamente el blanco. Existen infinitos matices de gris, y además existen el rojo, el azul, el verde, el amarillo, y una amplia gama de tonos en Pantone.

Siempre hay más de dos alternativas antagónicas.

En cualquier momento será preferible una propuesta de solución equivocada a un problema correctamente definido, que una propuesta de solución perfecta a un problema definido erróneamente.

No interesa desgastarse buscando la mejor solución posible de un problema mal planteado. Es preferible buscar soluciones a problemas correctamente definidos, aunque cueste encontrar la solución.