LA GUITARRA LLORA AL MAESTRO

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Por David Hernández

Como en el poema de Federico García Lorca, la guitarra llora. “Empieza el llanto de la guitarra. Es inútil callarla. Es imposible callarla. Llora monótona como llora el agua, como llora el viento sobre la nevada.” La guitarra hoy no llora por cosas lejanas, sino por el abandono del maestro. Paco de Lucía, el indiscutible genio, ha emprendido su largo viaje desde tierras mexicanas.

Pocas figuras de la música sobreviven durante décadas sin recibir una mala crítica. Tal vez el caso de Francisco Sánchez Gómez sea el único, desde que a los 12 años comenzó a subirse a los escenarios de Algeciras. Aquel niño creció y se convirtió en un referente musical en todo el mundo.

Paco de Lucía ha sido un revolucionario, fusionando el flamenco con el jazz, el country, la bossa nova o el blues.  Guió el arte jondo por nuevos e inusitados caminos, sin dejar de ser recordado por su asociación en la época dorada del flamenco con Camarón durante las décadas de los 60 y los 70.

El maestro fue un gran renovador del jondo, hasta el punto de convertirse en el padre del cajón flamenco junto Rubem Dantas. En Lima, en una fiesta particular a la que había acudido con Jorge Pardo, entre copas, el genio se fue rodeando de gente que le pedía que tocara la guitarra: “no voy a tocar, y si insisten, me tendré que marchar,” les decía. En cambio, Jorge Pardo se unió a otros músicos con el saxo, a la vez que se unían otros músicos. Al descubrir el sonido del cajón de Caitro Soto junto a la cantante Chabuca Granda, el maestro señaló que sería la percusión perfecta para el flamenco, pudiendo ser los pies de un bailaor, por ser el sonido de la planta y el de tacón.  Así fue como decidió adaptar el cajón peruano al flamenco.

El genio se va, pero el duende se queda, corazón malherido por seis cuerdas de guitarra.

Twitter: @_davidhernandez