La chica del tren, del libro a la película

Rachel Watson (Emily Blunt) es una mujer recién divorciada y con ciertos problemas con la bebida. En la novela tiene unos kilos de más, el rímel corrido y la nariz roja. En la película solo tiene el rímel corrido, lo justo para que le quede arty y bohemian chic, y además, pese a que va borracha toda la puta película, lleva el pelo impecablemente peinado de peluquería. Cosas del cine, ya ven ustedes.

Cada día, Rachel, toma el tren para ir trabajar a Nueva York, y cada día el tren pasa por su antigua casa. En esa casa ahora vive su marido con su nueva esposa y su hijo. Para no ahogarse en sus propias penas, Rachel decide concentrarse en mirar a OTRA pareja, Megan (Haley Bennett) y Scott Hipwell (Luke Evans), que viven unas casas más abajo de la que era la suya. Casualmente los dos están buenísimos, pero buenísimos, y les da por pasarse todo el santo día en la terraza, magreándose a ser posible, y ella en ropa interior. Cosas del cine, también.

Casualmente, la única que se fija es Rachel. Ya les digo yo que si una buenorra así se pone en una terraza justo por delante de por dónde pasa el tren que viene de Parla, la que se lía en el tren es parda (cáptese la aliteración). Pero en la película, nadie mira excepto Rachel. Cosas del cine, de nuevo.

Rachel comienza entonces a crear en su cabeza una maravillosa vida de ensueño sobre esta familia aparentemente perfecta.

Todo cambia cuando una mañana, desde la ventana del tren, Rachel es testigo de un impactante y desconcertante suceso, que la llena de rabia y estupor. Y le da por seguir a la buenorra para ponerla a caer de un burro. La sigue hasta un túnel y… Fundido en negro. Al día siguiente, se despierta con una resaca terrible, diversas heridas y contusiones, y no recuerda nada de la noche anterior. Además tiene la extraña sensación de que algo malo ha pasado. Poco después descubre en los informativos de televisión que Megan Hipwell ha desaparecido. Rachel se ve envuelta entonces en un misterioso caso, y trata de averiguar qué pasó con Megan, y qué fue exactamente lo que ella misma hizo la noche en que Megan desapareció.

Pues bien, a mitad de la película yo ya sabía quién era el asesino porque… blanco y en botella: Malibú. Y si yo lo sabía, porque era evidentísimo ¿cómo no lo iba a saber la detective que lleva el caso, que se supone que sabe de asesinatos más que yo? En la novela también queda clarísimo, pero no importa tanto porque lo que te importa es el monólogo interior de las tres protagonistas. En fin, no les voy a hacer spoilers de la película, pero era evidente quién era. Y una película que se basa en que resuelvas un misterio y el misterio está más que resuelto, pues como que no se sostiene.

En fin, las chicas muy guapas, los chicos también (el psiquiatra y el marido son dos empotradores como para alimentar las fantasías lúbricas de toda una generación) , y la música excelente. Pero como película… pues mira, para pasar el rato. Y ya

Esta adaptación de la novela La chica del tren, de la escritora Paula Hawkins, está dirigida por Tate Taylor (I Feel Good: La historia de James Brown, Criadas y Señoras (The Help)), y su protagonista es Emily Blunt (Las crónicas de Blancanieves: El Cazador y la Reina del Hielo, Sicario, Eternamente comprometidos).

Completan el reparto protagonista los actores Rebecca Ferguson (Cuando cae la nieve, Misión: Imposible Nación Secreta), Justin Theroux (The Leftovers, Caballeros, princesas y otras bestias), Lisa Kudrow (Malditos vecinos 2, Rumores y mentiras), Luke Evans (High-Rise, Drácula – La leyenda jamás contada), Haley Bennett (Los siete magníficos, The Equalizer. El protector) y Édgar Ramírez (Joy, El Consejero).