LA CAMISETA

Por Kepa Tamames


Llegan de nuevo los Sanfermines, y con ellos la matraca diaria de todo medio que se precie, sea televisión intergaláctica o periódico gratuito local. Para gustos están los colores, pero a un servidor la información especializada sobre eventos festivos le parece igual de ligera que una copita de lavavajillas. Porque, reconozcámoslo, la cosa esta de los Sanfermines es pesada como ella sola. Que sí, que se trata de una fiesta superdivertida y que hay mogollón de gente en la ciudad. Una sociedad discreta, reservada y conservadora el resto del año –la pamplonica–, bulle y se desmelena durante nueve días. Seguro que les suena de algo, aunque solo sea por el elemental hecho de que, terciado junio, ya empiezan algunos con los dichosos Sanfermines para arriba y para abajo. Lo apuntado: las fiestas más conocidas fuera de nuestro país, las más internacionales, sin parangón en lo pachanguero. Con su “lado oscuro”, añado yo. Y para tratar de explicarme tengo por delante el resto del artículo.

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Mi primer desembarco en los Sanfermines fue fugaz. Se produjo cumplidos los treinta y muchos, algo casi incomprensible teniendo en cuenta que he vivido siempre a no más de una hora por carretera de la vieja Iruña. En una rueda de prensa multitudinaria explicamos a periodistas de medio mundo el aspecto siniestro de la fiesta: las corridas de toros y los encierros. (Hasta donde yo sé, pudiera ser la primera vez que se cuestionaban a micrófono abierto estos últimos). Apenas una hora después del chupinazo, cogía yo el autobús de vuelta a casa, no sin antes dar un pequeño paseo por el centro y detenerme en los puestecillos ambulantes cargados hasta los topes de algunos elementos textiles ineludibles para la juerga. Hablo de los consabidos sombreros de paja desilachada, de las fajas rojas, de camisetas de quita y pon con toda suerte de mensajes (que, dicho sea de paso, no rebosaban precisamente enjundia intelectual). Han pasado quince años de aquello, y todavía es lo que acude a mi cabeza cada vez que veo en la televisión imágenes de la fiesta. Una de las camisetas más solicitadas por el público no contenía frase alguna; simplemente estaba repleta de agujeros y desgarros, tintada toda ella de manchurrones colorados. Sí, son ustedes unos linces: representaba la de alguien que acabara de ser corneado brutalmente por un morlaco durante el encierro. Sea por mi particular sentido del humor, sea porque yo allí estaba a lo que estaba, quedé impactado por la escena. Se frivolizaba con el terrible hecho de que un animal acosado por la turbamulta penetre tu torso por aquí y por allá, te perfore el estómago, los pulmones, te abra de par en par las axilas. Tal vez se trate de una mera cuestión de déficit personal por cuanto a un apartado tan particular como el humorístico, insisto; pero les confieso que aquella visión permanece entre las más obscenas que he presenciado en mi vida. Me pregunto a través de qué mecanismo mental puede aceptarse la banalización de la tragedia y elevarla luego a la categoría de drama social cuando de facto esta se produce. ¿Cómo es posible que la población en general asuma ese hecho con anodina complacencia –imagino que la prenda sigue dando buenos dividendos–, y luego se rasgue las vestiduras (la expresión surge sola, lo siento) a la que un toro aterrado osa tocar con sus defensas al mozo de turno? Puestos a barrenar en lo morboso, imagino las portadas de los periódicos, la instantánea del corredor de turno con la vista perdida, llevado en volandas por los servicios de urgencias, enfundado en la camiseta, empapada ahora por su propia sangre y con orificios añadidos a los originales. Dado el severo estado de parestesia moral en que vivimos, hasta tengo dudas de que alguien se percatara del detalle.

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¿En qué consiste la “fiesta”? ¿Acaso hemos reflexionado sobre si de verdad merece tal nombre una celebración nutrida de sangre inocente –me refiero a la de los toros, naturalmente–, y con frecuencia de la de sus agresores, los que corren a cientos delante, detrás, a los costados? ¿De verdad creen que se puede reservar el calificativo de “inocentes” a quienes con su sola presencia mantienen aterrorizados a los pobres bóvidos, que solo muy de vez en cuando se defienden y le dan al valiente de turno su merecido? Sí, su merecido; a mí no me miren. Porque quienes se dedican en sus ratos de ocio a acosar a seres por naturaleza pacíficos deben asumir que la consecuencia razonable es que la víctima acorralada haga uso en un momento dado de la única arma que posee. Según mi modesto entender, lo de verdad lógico sería dejar que los mozos corneados se desangraran en el asfalto. (Nunca he entendido que se deban utilizar recursos sanitarios sufragados por todos para curar a gente irresponsable). ¡Que se levanten si tienen bemoles, que recojan sus vísceras humeantes y que se vayan a su casa a lamerse las heridas, como hacen los pocos toros indultados que sobreviven al linchamiento en sus dos etapas, matinal y vespertina! ¡Gajes del oficio, chaval, nadie dijo que esto fuera un juego inocente: te la has jugado y has perdido! A estas alturas del texto, no pocos lectores estarán horrorizados con lo que he escrito. Y muchos entre quienes maldigan al diario que ose publicarlo serán los mismos que ven con agrado los puestos de fruslerías festivas, con su producto estrella en primera línea: la camiseta.

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15 comments for “LA CAMISETA

  1. 4 julio, 2013 at 13:33

    GENIAL!!!!!!!!!!!! de acuerdo en todo. absolutamente genialidad

    • Marga
      15 julio, 2013 at 17:03

      Totalmente de acuerdo con Kepa, mi conclusión: tooodas las cadenas tv, radio y prensa, yo lo apago cuando sale, con los san fermines. Te lo meten por los ojos y oidos. Será que cada vez somos más antitaurinos y no les interesa que estemos ahí, necesitan hacer creer a los que pasan de todo que lo que se lleva es maltratar animales. Necesitan que les den subvenciones y demostrar que es de interés público. El problema es que la gente se lo cree. Cuando alguien me dice si voy a los toros y le contesto que soy antitaurina me ponen una cara de «qué tia más rara». Me da igual, cada vez somos más x los derechos de los animales.

  2. lola segarra
    4 julio, 2013 at 21:36

    Por fin alguien con sentido común llama a las cosas por su nombre, salvajes que hacen salvajadas, enhorabuena

  3. Lantana Camara
    5 julio, 2013 at 16:35

    Pienso exactamente lo mismo, y pienso además que la «buena gente» que va a disfrutar de la fiesta, no es tan buena. Aunque no vayan a la plaza a ver como torturan y matan al toro, sí contribuyen a perpetuar una tradición obscena solo con participar en el jolgorio general.
    Son los mismos tipos humanos que acudían en el S-XVI a ver como quemaban a las pobres «endemoniadas brujas», los mismos que disfrutan con el dolor ajeno. Y no son pocos.

  4. pilar
    6 julio, 2013 at 07:40

    Hay poco criterio personal, la gente se deja llevar y ya si se trata de fiesta…fiesta que siempre es bañada de alcohol y otras drogas, y que felices parecen ,que patraña.
    Otros hemos ido de fiesta sin necesidad de colocarnos y mucho menos de ser complices de torturar seres indefensos. Que verguenzam de pais.

  5. pilar
    6 julio, 2013 at 09:06

    Kepa, Lucia, como os admiro.Os deseo lo mejor.

  6. Marta Gabanna
    6 julio, 2013 at 10:01

    Ole tu!

  7. Mikel
    13 julio, 2013 at 14:32

    Que fácil es criticar… Supongo que será algo normal en una persona que viviendo a una hora de Iruña nunca vino hasta los 30 años y no pudo apreciar que los SanFermines son una fiesta con actividades para todas las edades, que une ala gente, multicultural, etc. Y no digo que no sea criticable lo que has criticado, simplemente pienso que quedarse solo con eso me demuestra que nunca has vivido los SanFermines sino que los has visitado.

    • Eva
      13 julio, 2013 at 15:28

      Pues si la fiesta de los Sanfermines es mucho más que los encierros y las corridas de toros, alcohol y excesos, por qué no mostrais al mundo esa visión que los demás no vemos? En esas «fiestas» yo sólo veo el sufrimiento del toro. Muy grato sería saber y conocer si hay más actividades e intereses que no tengan relación con el maltrato animal.

  8. lila munar
    13 julio, 2013 at 19:49

    Panplona huele a falo

  9. Mikel
    14 julio, 2013 at 01:30

    Aqui tod@s hablais y ninguno habeis estado en San Fermin, de hecho, el que escribe el articulo como si fuera un experto en SanFermin viviendo a una hora de Pamplona no vino hasta los 30… Eso es hablar con propiedad si señor! Decir que SanFermin son toros es igual que decir que España es una puta mierda porque solo hay corridas de toros… Sois un@s habladores, a ver si perdeis el miedo a viajar y aprender porque no teneis ni idea.

  10. Mikel
    14 julio, 2013 at 01:36

    «Nunca he entendido que se deban utilizar recursos sanitarios sufragados por todos para curar a gente irresponsable» vas de progre pero, con comentarios así pareces el mismisimo Adolf Hitler…

  11. susan herper
    14 julio, 2013 at 09:52

    Estoy totalmente de acuerdo con el periodista. Da igual a la edad que haya ido a Pamplona, lo que sabemos es porque vosotros estáis encantados de que se cuente, la televisión entra en los sanfermines y es lo que se ve, queréis que se vea y es lo que hay. O me vais a decir que los miles de extranjeros que se acercan es para ver un recital de música tradicional? ¿ y las noches? alcohol más alcohol= borracheras por doquier y comas etílicos. Son tradiciones antiquísimas, muy bien, en la Roma antigua se regodeaban los ricos de como los leones se comían a los cristianos a la vista del pueblo.Esto es lo mismo, una tradición absolutamente salvaje, de la que por desgracia, participan miles de personas con ansías de demostrar lo «valientes» que son delante de unos toros. Seguro que sus frustraciones las dejan en la famosa estafeta corriendo delante o detrás de unos animales que nada les han hecho, excepto defenderse al ser atacados por una maraña humana ansiosa de sangre, que es al final, lo único que parece ser que quieren estos humanos deshumanizados.

  12. Marga
    15 julio, 2013 at 17:08

    Claro que habrá otras cosas buenas en la fiestas de Pamplona, pero lo único que sale a todas las horas en punto es lo taurino.

  13. Ainhoa Zahia
    20 julio, 2013 at 14:43

    Kepa, simplemente genial.
    Opino igual, en todo.
    No ven el dolor ajeno, pero si sienten el propio. Unicamente presentan empatía hacia los seres de la misma especie, sin pensar en que los animales no humanos sienten y padecen igual que los humanos.
    Además de esto, tengo que añadir que aquellos «corredores» que van de valientes a las corridas ( ya ves tú que valentía se demuestra al correr al lado de unos animales asustados que corren hacia la muerte rodeados de gritos, sobre un asfalto resbaladizo), esos mismos son los que hemos visto pisoteando a sus compañeros sanfermineros cuando se realizó aquel tapón en la entrada a la plaza de torturas. No hay mucho más que decir, fiesta de descerebrados para descerebrados.

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