KIRMEN URIBE

“La novela es un género muy democrático”

 Kirmen Uribe 1

Por David Hernández

La barra de un bar. Ese lugar donde se habla de fútbol, se debate sobre la crisis y se conversa sobre política, donde el borracho apoya su vaso desde primera hora de la mañana y donde el obrero madrugador unta una porra en una taza de café mientras ojea la prensa, se convierte en el escenario idóneo para mantener una tertulia cultural. Al fin y al cabo, la propia barra del bar no deja de ser literatura. Está llena de vida, de historias y de personajes que guardan aún más historias en su interior. Las mejores historias son las cotidianas, las que suceden a nuestro alrededor. Estamos rodeados de ellas.

En la barra de un bar, en el madrileño barrio de Salamanca, un periodista conversa con el escritor Kirmen Uribe. Se conocieron años atrás, cuando el autor vasco publicó ‘Bilbao – New York – Bilbao’, obra que más tarde le merecería el Premio Nacional de Narrativa. Ahora, no es en la Feria del Libro de Durango, sino en la de Madrid donde vuelven a encontrarse. Un medio de comunicación diferente y otra novela son las excusas que buscan para desayunar y mantener una charla literaria en tiempos convulsos para la cultura.

Kirmen Uribe 2– ‘Lo que mueve el mundo’ narra la historia de Robert Mussche, un escritor flamenco que acoge en Gante, Bélgica, a Karmentxu. Una niña de 8 años, una de entre los miles de niños vascos que partieron del puerto de Bilbao rumbo al exilio tras el bombardeo de Gernika en 1937…
Con este argumento, podemos pensar que nos encontramos ante otra novela más sobre la Guerra Civil.

– No, no es una novela sobre la Guerra Civil ni sobre la II Guerra Mundial siquiera. Es sobre la pérdida de un ser querido en unas circunstancias violentas y sobre el vacío que deja. Es una novela sobre la amistad, sobre el amor y sobre cómo reconciliarnos con nuestro pasado a nivel individual.

– ¿Encontraste la novela o fue ella quien te encontró a ti?

– Me encontró a mí. Esta historia me buscó. Había oído hablar de los niños de la guerra, había visto documentales, incluso mi madre me había hablado del tema. Pero nunca me había planteado escribir sobre nada de esto hasta que por una serie de casualidades supe de la historia concreta de este Robert Mussche, escritor flamenco que acoge a una niña vasca. Me gustaba. Cómo un escritor flamenco acoge a una niña vasca y, al conocer a esta niña, empieza su vida a cambiar. Me interesaba hablar sobre el concepto de casa. ¿Qué es realmente una casa? ¿En la que has nacido o la de acogida? ¿Qué es una familia? ¿En la que has nacido o la que te acoge? El libro habla de estas cuestiones.

– ¿Cómo reaccionó Carmen Mussche cuando le comentaste que querías escribir una novela basada en la historia de su padre?

– Reaccionó muy bien. Inesperadamente bien. La primera vez que fui a visitarla, estuvo dispuesta a contarme toda la historia. Me enseñó la biblioteca que ella misma había reconstruido, ya que todo estaba metido en cajas, y las fotografías de su padre. También me dijo que era la primera persona a la que realmente le contaba la historia y le dejaba escribir sobre ella. Había estado con otros escritores y periodistas, pero ella no estaba convencida. Pero, cuando supo que venía del País Vasco, de la misma tierra que aquella niña, que venía de Bilbao, y que iba a escribir sobre su padre, entonces, ya… como ella dice, se cerraba el círculo.

– ¿Qué le pareció el resultado final?

– Su padre murió cuando ella tenía dos años. Apenas lo conoció en vida, sólo tenía una foto con él. Entonces, su padre es lo que su madre le contaba sobre él. Son esos objetos, son esos libros que guardaba en cajas. No es que yo cuente la vida de un señor al que su hija ha conocido toda la vida y del que ya tiene una imagen hecha. Para ella, ver a su padre vivo fue muy gratificador.

– Estás contando una historia real, pero no deja de ser una novela. No es una biografía sobre Robert Muscche.

– No lo es. Además, Carmen Mussche me dijo: “no hagas una biografía, quiero que hagas una novela de ficción.” Eso es lo que he hecho. Me interesa toda esta corrientes de autores como Emmanuel Carrère, Dave Eggers… que se basan en historias reales para hacer ficción. Es como una postura de compromiso social con la literatura, porque es para que el lector asuma ya desde la primera página que lo que estoy contando es verdad. Es como acercarnos a la tierra, poner los pies en la tierra, no hacer ficción pura, ficción que nadie se crea. Aunque luego haga ficción. Es lo que hacen Carrère en ‘Limonov’ o Dave Eggers con ‘Zeitoun’. A mí me gusta este movimiento de basarse un poco en biografías para luego hacer literatura.

– ¿Dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción?

– En el libro aparece de una forma muy clara. Todo lo que está escrito en pasado realmente sucedió. El bombardeo de Gernika está contado en pasado, o el bombardeo de Amberes en pasado. Pero todas las escenas que están narradas en presente es imaginado. Yo me he imaginado cómo eran aquellos personajes, la relación que tenían entre ellos… Son escenas imaginadas. Más de la mitad del libro es ficción.

Kirmen Uribe 3– ¿Después de escribir esta novela, sigues creyendo que los héroes no existen?

– No, ha cambiado un poquito mi percepción. –se ríe. – Pero la visión del héroe que doy es de una persona solidaria, altruista. Para mí ésos son los héroes, aquellas personas que piensan en los otros. No creo en la imagen de héroe salva-patrias. Eso no me gusta. Pero sí esas personas que se preocupan por el bien de los demás, que ayudan, que son solidarias, que en un momento adoptan a un niño o una niña. Para mí eso es un heroísmo. Vivir su propia vida desde el punto de vista humano. Es lo que hizo Robert Mussche.

– Aunque vemos que ayudar a los demás trajo consecuencias negativas para la familia de Muscche.

– En la tercera parte del libro se ve eso, el otro lado del héroe. Se cuenta cómo quedó la familia después de que Robert muriese y el rechazo que le surgió a su hija que su padre formara parte de la resistencia. Se ve lo costoso que fue para muchas familias el hecho de luchar en la II Guerra Mundial y tener una postura activa. Ella decía: “sí, mi padre es un héroe, pero no tengo padre.” Es por eso que ella no hablaba ni con su marido sobre su padre hasta hace algunos años, hasta que fue a un homenaje que hicieron a los deportados que estuvieron en el centro de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Hasta ese día, no le contó nada a su marido de quién era su padre, de lo que ocurrió… Nada. Ahí empezó a darse cuenta de que tenía que pensar en su padre, hablar con él… Y empezó a sacar las cosas de las cajas y a reconstruir su biblioteca.

– Parece que nunca terminamos de superar la historia. Aquí ocurre lo mismo. La sociedad continúa dividida en dos bandos. Aunque parecía que las diferencias estaban casi superadas, con la crisis, se está demostrando que esa división es más grande de lo que creíamos.

– Sí, es más grande. Creo que en todos los conflictos es importante admitir y contar lo que sucedió. Por un lado, es sencillo, pero, por otro lado, es muy complejo. Se ve que la recuperación de la memoria es un gesto difícil, que la sociedad no admite ninguna parte de culpa. Ninguna sociedad. Ni la española, ni la vasca, ni la alemana, ni la japonesa. Es muy difícil. Pero es algo que tenemos que hacer, hay que admitir lo que pasó para, luego, reconciliarnos, es el primer paso.

– ¿Es por eso que intentas recuperar la memoria histórica a través de la literatura en todas tus obras?

– Tal vez ‘Bilbao – New York – Bilbao’ tenga un escrito más de buscar la reconciliación, el diálogo entre diferentes. Se escribió en 2008, antes del cese definitivo de ETA, en una situación más convulsa que ésta. Yo buscaba eso, buscaba la unión entre diferentes, el diálogo entre diferentes. Pero en esta novela lo que busco es más contar la relación de amistad que tenía Herman con Robert, contar cómo se enamora de su mujer, cómo conoce a esta niña vasca…

– Pero no deja de haber memoria, como también la hay en el poemario ‘Mientras tanto cógeme la mano’.

– En mi obra la memoria es importante. Lo es como elemento filosófico y estético. Pero esta novela no diría que es una novela de memoria. Es una novela de relaciones humanas. Al final, lo que cuento es cómo era una víctima de los millones de víctimas que hubo en la II Guerra Mundial. Entonces, imagínate el sentimiento que crea la pérdida de una persona así y multiplícalo por millones. Eso es lo que quería mostrar.

– Escribes en una lengua minoritaria, pero lo haces con una vocación internacional, sin caer en tópicos ni regionalismos.

– Yo me considero una persona abierta. Normal, como es ahora la gente vasca, que no es como hace algunos años. Ahora la gente vasca es muy abierta, muy moderna. Bilbao es una ciudad modernísima, donde pasa mucha gente, done hay muchos actos culturales. Mi persona es el reflejo de la sociedad que está cambiando y se está abriendo.

– Ese carácter internacional de tus novelas podría ser el motivo de haber sido traducido a diversas lenguas. Aunque llama la atención que, siendo traductor, no te guste traducirte a ti mismo. Aún así, ¿intervienes de algún modo en el proceso?

– He de decir que Gerardo Markuleta lo ha hecho francamente bien. Es una traducción excelente. Hablé con él del tono que quería darle a la novela y creo que le ha afectado totalmente. ¡Traduzco mis poemas, eso sí! La poesía me gusta traducirla. Pero meterme otra vez en la misma novela en la que he pasado años o meses, ponerme a traducirla… Es como repetirla y no me apetece contar otra vez la misma historia, me apetece meterme en otros proyectos. Además, creo que hay excelentes traductores ahora mismo y yo confío mucho en su labor.

– Llama la atención la diferencia entre los títulos en castellano, ‘Lo que mueve el mundo’, y, en euskera, ‘Mussche’.

– Es una cuestión de bilingüismo. Soy bilingüe, vivo en una sociedad bilingüe y el título me surgió en castellano. Los vascos saltamos muchas veces de una lengua a otra en la misma conversación. Y me surgió en castellano. Me dije a mí mismo: “Esto es bonito, ‘Lo que mueve el mundo’… ¡Qué bonito!” –se ríe. – Me pareció un título muy sugerente. Pero luego en la versión en euskera no quedaba bien, quedaba un título muy largo ‘Munduak mugiarazten duena… duen hura…’ ¡Aaaah! No quedaba del todo bien. Optamos por ponerle ‘Mussche’, que es el nombre del protagonista y de la hija del protagonista, al final, la que me cuenta la historia. Se parece más a ‘Limonov’ de Carrère. Limonov también es un nombre. Pero, en la versión en castellano y en catalán optamos por mantener el impulso inicial porque las intuiciones iniciales son bonitas en literatura, son muy ilustrativas, dicen mucho. El primer impulso siempre hay que mantenerlo, aunque sea incorrecto.

– ¿Qué es lo que mueve el mundo?

– No sé… -duda unos instantes.-  Muchas cosas… Me lo preguntaba en esta época de crisis económica, crisis de valores, crisis de todo. Crisis de todos los derechos civiles e individuales que hemos ido consiguiendo durante tantos años. Todo está como en crisis. ¡Eso me da mucha rabia! – exclama.- Por eso es la gran pregunta de qué mueve el mundo. ¿Es la economía? ¿Es la codicia? ¿Es el ansia de poder? ¿O es el amor? ¿El ideal de justicia? ¿La libertad? Esas cosas que me mueven. ¡Y también la cultura! La cultura también me mueve, mucho. Entonces, en el libro se plantean estas dos Europas. Es un libro que habla sobre todo de Europa. Se plantea la Europa solidaria, la Europa abierta, la Europa humana, la Europa plural y luego la otra Europa, cerrada, la totalitaria, la Europa oscura, que todavía existe. ¡Mira en Francia! ¡Allí están las dos Europas chocadas! Para unos lo que mueva el mundo será una cosa y para otros otra. Yo estoy con la gente que piensa que lo que mueve el mundo es la libertad y el amor.

Kirmen Uribe 02

La escritora Carmen Conde señaló una vez que “la poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano.”A Kirmen le desborda ese sentimiento y lo demuestra en su obra. Además de novelista, por encima de todo es poeta. Recuerda a aquellos quiméricos que ponían su atención en la belleza de las simples cosas, de las cotidianas, y que sólo se fijaban en lo negativo para denunciar una situación. Él es utópico. Soñador. Idealista.

– ¿Aún crees que podemos cambiar el mundo?

– Sí, claro. Lo hemos hecho. El mundo ha cambiado a mejor porque ha luchado mucha gente. Hay que pensarlo. En la actitud de cada uno cada día está ese cambio, en cada persona. No creer que el mundo es un sitio egoísta, sino que puede ser un sitio donde vivir bien y ser tú mismo.

– ¿Cómo puede contribuir en ello la cultura?

– La cultura siempre busca la complejidad del pensamiento humano. Sobre todo la literatura. Busca entre los diferentes lados, los claroscuros de cómo piensa el ser humano, de cómo siente. En la poesía o en una novela aparece todo esto. Lees un objeto, un libro hecho de papel, pero es una disciplina muy compleja la literatura, o la novela en concreto. Atrapa en sus páginas cómo siente una persona, cómo piensa una persona, cómo se relaciona una persona. Es más complejo que el cine y otras disciplinas. En una novela entra todo, entra el concepto, entran las emociones, entra el pensamiento, que es muy difícil de llevar al cine, y, además, entra de una manera siempre buscando el matiz, siempre buscando diferentes puntos de vista. La novela es un género muy democrático.

– ¿Crees que quizá por ello se está atacando tanto a la cultura?

– Hay mucha desgana por parte de muchos políticos. La ven como algo secundario. También hay mucha mediocridad. No se le da importancia a la cultura. No se ve la cultura como algo que mueve la sociedad y que la hace mejor. La cultura es un activo positivo en una sociedad y hay gente que no lo ve así.

– La Feria del Libro está siendo todo un éxito. Se han superado todas las expectativas. ¿Puede ser que la ciudadanía esté reaccionando con una resistencia cultural contra los ataques del Gobierno a la educación y la cultura?

– No lo sé. El año pasado, la gente huía y ahora se compra mucho más. Viene mucha gente. Podría ser una reacción cívica por la cultura.

Al finalizar la charla, el autor sale del establecimiento, dejando atrás la mezcla del aroma a café y cruasán, para dirigirse al parque del Retiro. Allí seguirá fomentando lo que nos hace libres, la cultura, uno de los motores que mueven el mundo.

Twitter: @_davidhernandez

2 comments for “KIRMEN URIBE

  1. 13 junio, 2013 at 18:20

    Kirmen es un poeta extraordinario.

  2. Maitetxu
    16 junio, 2013 at 08:57

    Me encanta la entrevista. Yo he sido siempre fans de Kirmen Uribe. Me encantó su primera novela y me emocioné mucho con la segunda.

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