Felicidad

MI abuela era belga. Pasó por dos guerras. La guerra civil española primero. Estaba casada con mi abuelo, y huyeron a Bélgica, lógicamente. En 1939 llega la Segunda Guerra Mundial, Amberes no era seguro ( mucho menos para mi abuela) y regresan a una España de posguerra absolutamente devastada. Para mi abuela la felicidad era simple: techo, salud y comida. Que casi todos sus nietos hubieran sobrevivido ( casi todos, uno no) era para ella el mayor motivo de felicidad.
Vivimos en una sociedad opulenta. De entre los que me leéis alguno está en paro. Aun así, come todos los días. Lleva zapatos. Puede que alguno o alguna esté gravemente enfermo, pero sí lo está, tiene acceso a medicinas. En cualquier caso, yo sé que a mí no me está leyendo nadie pobre de solemnidad. Si fuera tan pobre, al entrar a un cibercafé estaría buscando las ofertas de empleo, no mi perfil de Facebook.
En estas circunstancias muchas veces sobredimensionamos los conceptos “amor” o ” felicidad”. ¿ De verdad es amor cuando hace apenas seis meses que la conoces y ya te has ido a vivir con ella, a iniciar la tercera convivencia amorosa con La ( tercera) Mujer De Tu Vida? ¿ De verdad es amor cuando estás tan inseguro o insegura que necesitas colgar en redes a todas horas pruebas de tu amor, por no hablar de que vigilas todas sus redes a ver que cuelga? ¿De verdad es amor cuando aún no tienes 30 años y ya te has enamorado locamente varias veces? ¿ De verdad felicidad es colgar fotos de restaurantes, hoteles, vacaciones, ropa, cosméticos, consumo, consumo, consumo y consumo? ¿ De verdad la felicidad depende de logros y objetos externos? Quizá, como decía José Hierro, solo seremos felices cuando no haya nada que esperar.

 

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