Lo tenían todo excepto la felicidad. 

Lo tenían todo, excepto la felicidad.

Felicidad esquiva, cuya naturaleza nos parece siempre escurridiza. Creemos que la pareja nos la puede traer, o los hijos, o el prestigio, o el dinero, o el éxito, o la belleza, o el arte.

 

Resultado de imagen de tenerlo casi todo

 

Nos han repetido tantas veces ese dicho de “ya sé que el dinero no da la felicidad… pero ayuda”, que nos los hemos acabado por creer, pero yo tenía bastante dinero y no era feliz. Nos han dicho que seríamos felices si tuviéramos trabajo, o cuando encontremos el adecuado. Pero yo tenía un trabajo bien pagado en el que apenas tenía que ir a trabajar dos tardes por semana, y lloraba casi todas las mañanas. Nos han dicho que seremos felices cuando tengamos pareja, Yo estaba casada y vivía enganchada a las pastillas. Nos han dicho que seremos felices cuando tengamos hijos, yo sabía que mis amigos sin hijos disfrutaban de la vida mucho más que yo. Nos han dicho que seremos felices cuando tengamos casa propia, cuando nos cambiemos a una más grande, mejor situada, o con vistas. Yo vivía en un apartamento amplio y lumimoso, decorado por una profesional, que había aparecido en una conocida revista de interiorismo, y veía ese apartamento como mi cárcel. Nos han dicho que seremos felices cuando estemos de vacaciones, cuando no tengamos que trabajar, cuando no estemos obligados a madrugar, cuando pisemos ese restaurante de moda, cuando adelgacemos diez kilos, cuando nos cortemos el pelo. Nos parece que la felicidad siempre está ahí fuera, al alcance de la mano, a la vuelta de la esquina, en ese futuro que percibimos tan cercano. Pero el fututo nunca llega, porque siempre es ahora, y esa felicidad tan esquiva no es más que un espejismo
#EresLoQueSuperas