¿ Existe la madre perfecta o la pareja perfecta?

Les propongo un juego. En primer lugar quiero que escriban en un papel todo aquello que creen que les faltó en su relación con su madre durante la infancia y adolescencia (confianza, respeto mutuo, estabilidad, afecto, lo que quieran) y en el otro escriban todo lo que esperarían de su pareja ideal.

Hagan el ejercicio y guarden el resultado en un papel, que volveremos a ello más tarde.

Y volviendo al discurso, recuerdo un programa televisivo en el que una de las contertulias ponía a caer de un burro a un cantante famoso porque no se hablaba con su madre, según había asegurado uno de sus hermanos. Para la periodista este dato constituía la prueba definitiva y fehaciente de que el cantante en cuestión era un ser egoísta y sin escrúpulos, porque ¿qué hombre que se preciara de serlo dejaba de hablar al ser que le dio la vida? Pues bien, recientemente hice una encuesta desde mi blog y a la pregunta: «¿te llevas bien con tu madre?» sólo cuatro entre ciento dos respuestas fueron afirmativas. Las otras noventa y seis venían a decir: «la quiero mucho pero no la soporto» en diferentes versiones.

Pero como en nuestro imaginario social, y desde la Virgen María en adelante, la figura de la Madre se ha colocado en un pedestal, nos enfrentamos a un serio tabú a la hora de reconocer que no todas las madres son perfectas (y yo la primera, oiga). Que hay madres intrusivas, criticonas, controladoras, celosas y victimistas. Y que también hay madres violentas, alcohólicas y maltratadoras.

Yo misma si escribo aquí que me llevo mal con mi madre me veré obligada a añadir que lo cierto es que la adoro, y no sólo para quedar bien ante ustedes, sobre todo, para no verme a mí misma como un monstruo de maldad. Porque, qué narices, es mi madre, me crió con esfuerzo y me dio la vida, y eso se lo debo. Y no puedo ni quiero olvidarlo. Mi madre y yo discutimos muchísimo, pero nos queremos muchísimo también, como es el caso de la mayoría de mis amigas.

Aquellos que han sido hijos de madres verdaderamente problemáticas, de madres que les han causado un serio daño emocional y/o físico suelen tener un doble problema: el trauma por el abuso sufrido y la imposibilidad de reconocerlo. Porque nadie puede reconocerse a sí mismo que su madre no quiso tenerle, o que no pudo o no supo amarle. O, mucho peor aún, que no quiso amarle. Nadie puede dejar de amar a su madre. Es así. Estamos condicionados para ello, desde la biología y desde la sociedad, y por eso la persona que más daño puede hacernos es nuestra madre. De ahí la responsabilidad tan grande de las que hemos elegido convertirnos en una.

Una de mis mejores amigas es terapeuta, especialista en terapia de familia y de pareja. Pues bien, según ella, casi ninguno de los que acudían a su consulta (ella no los llama «pacientes» porque no los considera enfermos) pensaba que su madre había tenido una vida sexual satisfactoria. Muy en particular, casi ningún hombre gay creía que su madre había tenido una vida sexual satisfactoria. Pero cuando la terapeuta les preguntaba a las madres, a solas, sin hijos ni marido delante, por qué se habían casado con un señor con el que evidentemente no tenían nada que ver y con el que se llevaban a matar ( les recuerdo a ustedes que eran las madres de hijos e hijas que acudían a terapia,  seguro que en otro grupo de madres entrevistadas el porcentaje de conflicto conyugal habría sido sendiblemente más bajo), la respuesta de esa señora, la misma madre cuyo hijo o hija creía frígida, solía ser «porque me gustaba muchísimo, porque era muy guapo y perdí la cabeza por él». Y sí, esa madre disfrutaba del sexo. Eran las mismas madres acerca de las cuales sus  hijos/as contaban anécdotas como «cada vez que ponen en la tele un beso o una escena subida de tono ella dice que menuda guarrería» o «si ve el programa de sexo en la tele se santigua». Y, por cierto, la mayoría de las madres que según sus hijos habían llegado vírgenes al matrimonio sí que habían tenido relaciones prematrimoniales y muchas se habían casado precisamente por eso. Cosas de la mi querida España, esa España mía, esa España nuestra (que diría Cecilia), nuestra España franquista, que construye las historias familiares a base de ocultamientos, secretos o mentiras puras y duras.

Lo que yo pueda contar de mi madre coincide punto por punto con lo podrán contar la mayoría de los lectores: mujer que ha pasado por una vida muy dura, con marido machista ( Pero ¿qué mujer no tuvo una vida dura y un marido machista en la España de Franco? Mi padre era machista, como todos, pero menos que el resto). Mujer que te saca de quicio muchas veces (y a la que tú sacas de quicio muchas más veces aún) pero mujer a la que quieres,  a la que  entiendes y justificas. Porque no se puede pintar el paisaje de la realidad con los colores primarios del amor y del odio, ya que existen un montón de tonos y matices afectivos para cada relación.

Y lo mismo que pasa con las madres nos suele pasar con las parejas: esperamos demasiado de ellas, aspiramos a conseguir cosas que no nos pueden dar y nos frustramos por eso pese a que sepamos que nuestra aspiración es infantil, ridícula y autodestructiva. Excepto algunas mentes privilegiadas y emocionalmente estabilísimas, el común de los mortales tropezamos una y otra vez con la misma piedra.

 

Y para terminar, lean ustedes los dos papelitos que han debido escribir al principio y comparen los resultados. Puede que les sorprenda comprobar, como me sucedió a mí, que las cualidades que buscan en su pareja ideal les recuerdan, muy sospechosamente, a todo lo que creen que su madre no les dio.

2 comments for “¿ Existe la madre perfecta o la pareja perfecta?

  1. nekane
    10 abril, 2014 at 11:28

    Anda Lucía! que el problema es solo el ponerle nombre a las cosas! y desde ya calificarlas… nos llevamos bien y mal con todo el mundo! hasta con nuestra mejor amig@ y, es solo por eso por la insatisfacción nuestra te llames, madre, hija, lo que pasa es que «la confianza mata» por decirlo en castizo, así que según el día que tengas te metes con quien menos debes pero todo es de base… : insatisfacción personal y…tiempos modernos: no aguantamos nada! parece que tenemos derecho a todo y si no cortamos!!!, con madres, parejas, hijos …lo que tercie!, eso sí, siempre nos quedará colgando el sentido de culpabilidad por loq ue a la familia siempre se vuelve, s ela perdona porque es tal.. y, la pareja qué? cuando te quieres dar cuenta ya está inalcanzable otra vez… es nuestra insatisfacción personal-general, lo define muy bien «Agosto»

  2. Helena
    10 abril, 2014 at 18:01

    Sin duda, este ha sido el texto que mas me ha gustado, ha sifo como un masaje para el alma, mi relación con mi madre es muy complicada y siento que siempre hago todo para que este contenta conmigo pero nunca es suficiente, me siento como un burro que persigue la zanahoria. Es muy frustrante y completamente de acuerdo en que busco en mis parejas lo que ella no me dió.

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