escuelas y mantillas: contagiando tópicos

Conversación con mi hija de nueve años

– Mamá, te tengo que hacer una pregunta y puede que quizás te haga doler tus sentimientos, pero no tienes que responder si no quieres-
– Dime-
– ¿A tu amiga M. le gustan los chicos o las chicas?
– No sé, creo que los dos-.
– Pero ¿ es gay?
– Pues se lo tendrás que preguntar a ella-
– Es que yo no quiero que sea gay.
– ¿Por qué?
– Porque es muy amiga tuya.
– Y eso ¿ qué tiene que ver?
– Que no quiero que sea tu novia.
– Y eso ¿ por qué?
– Porque no quiero que te vuelvan a romper el corazón.
– ¿Y si fuera un chico?
– Tampoco quiero que tengas un novio.
– ¿Por qué?
– Porque te romperá el corazón como el último.
– Y entonces que quieres ¿ que no tenga novios nunca más?
– Sí
– ¿Y que me pase el resto de mi vida sola?
– Me tienes a mí.
– Pero tú no vas a vivir conmigo toda la vida.
– Tienes a la perra.
– Pero no es lo mismo. Yo quiero en un futuro tener a alguien.
– Pero no una novia.
– A ver, Allegra, ¿ y si yo encontrara una novia maravillosa que me quisiera de verdad? ¿ no te gustaría?
– Me daría igual pero no podrías venir a buscarme con ella al colegio.
– ¿ Por qué?
– Para que los otros niños no se rieran de mí

La conversación es prácticamente textual y tengo testigos. Me ha parecido que sirve de introducción perfecta a este artículo de Victor Ruiz.

CONTAGIANDO TÓPICOS EN LA ESCUELA

Víctor M. Ruiz Novel

Desde que se mudaron sus padres por razones de trabajo, aprovecho cualquier oportunidad para acercarme a Sevilla a ver a mi ahijada Claudia. Esa pequeña pícara tiene, como todos los niños, esa capacidad de esclavizar a los adultos con tan sólo una mirada. Y en ese estado de mesmerización de humor variable, andaba yo informándome de los vitales asuntos que trata en un colegio una niña de cuatro años cuando, de repente, su madre dijo en voz alta…

– Venga, Claudia, cuéntale a tu padrino de que te vas a vestir para celebrar el día de Andalucía.
– De Mantilla- dijo, con la ignorancia de la mirada infantil.
– Y van a sacar todos un paso de Semana Santa. ¿Verdad, Claudia?- añadió su madre.

En aquel momento no dije nada, principalmente para no romperle a la niña la ilusión como un cococrash, pero empecé a preguntarme donde estaba el límite de los colegios en la transmisión de valores histórico-paternalistas. Pero no me miren con esa cara, para nada soy uno de esos que piensa que debería destruirse la navidad y los belenes en los colegios. Y no sólo por esa mirada abuelera y fotografiable de los niños vestidos de pastorcitos con zurrones de los chinos, sino porque creo que está absolutamente arraigada y el que más y el que menos la celebra en este país, pero la semana santa es otro cantar….

Algunos dirán que la semana santa es la navidad andaluza. Y hasta ahí con sus matices, podría hasta asentir. Pero claro, al igual que en el relato de la navidad, el papel que encontró la profesora de ese colegio concertado para una niña se limita a dos; penitente o mantilla. Aún me acuerdo cuando a cuenta de la celebración del día de Andalucía los niños tenían que ir vestidos de corto con el fajín y las niñas de faralaes. En mi opinión eso no es más que intentar perpetuar la pandereta y hacer, ya desde micos, que los niños asocien conceptos y actitudes, simbología y disfraz. Machismo y pobreza.

Vuelvo a aclarar que la semana santa es una muestra de arte andaluz y español de primera categoría de origen religioso y presente multiforme, pero vestir a una niña de cuatro años de luto con peineta y mantilla y explicarle que está rezando el rosario con tacones por el dios resucitado, es un poco ir más allá. Además por supuesto de la transmisión de valores de la España cañí.

Como prenda de singular belleza debe ser venerada y conservada, dentro de una raigambre española, pero no difundida en la escuela, y menos obligada a llevar en un colegio en una representación de la semana santa, donde por supuesto los niños del colegio serán los encargados como hombrecitos de llevar el trono. Después nos extrañamos de que las cofradías no tengan mujeres costaleras. De esos polvos vienen estos lodos. Cuando primamos lo estético sobre otra consideración, es cuando tenemos el peligro de convertir un patio de colegio en una sala de coros y danzas en el que la mujer siempre tendrá un papel más ornamental que el del hombre.

Llamadme nostálgico pero entiendo que se le pueden mostrar ejemplos magníficos de profesiones, tradiciones y mundo exterior a un niño de cuatro años que no contemple necesariamente una representación religiosa, ni por supuesto que contemple un leve, pero muy estética (que no deja de ser un paternalismo machista) paso atrás para la mujer. Yo no quiero que mi ahijada sueñe con ser Ofelia, sino con ser Hamlet. Me parece que le queda corto el papel de la Virgen María, quiero que sea Dios(a), ya tendrá tiempo ella de elegir si le gusta vestirse de mantilla, nazarena, costalera o ser atea. Ya se ocuparán los padres de vestirla de faralaes en la feria si ese es su deseo. Pero por orden del colegio, no. Por ahí no paso. Eso me parece nacionalcatolicismo de nuevo cuño. Más light, pero lo mismo.

Porque, imagina que no la vistes. La niña de repente se convierte en una excluida social a efectos del grupo en su sacrosanto colegio, y la madre rebelde en la madre picajosa y rara. Me dan miedo esos grupos de wasap de esas madres modelo que inventan mil tropelías (casi siempre carísimas y casi siempre desigualitarias) para perpetuar una imagen de niñas juguete, proyecto de mujeres florero. Aún escucho con horror como mi ahijada busca a su príncipe, mientras nada entre propaganda Disney de princesas dispuestas para educar en el fracaso de las expectativas. Encima, de mantilla, noooooo.

Porque si fuera que las visten de mantilla, porque quieren que posen como Olga para Picasso, o como reducto de la rebelión social de la nobleza contra Amadeo de Saboya por la tradición española, tiene un pase. Pero para hacer una representación de un paso de semana santa, no. Le diría a esos profesores que se rascaran dos veces más la cabeza en busca de mejores ideas. Un poquito más de Marie Curie, de Josefina Aldecoa y de Clara Campoamor y menos hojear el Hola! en la sala de profesores queriendo que las niñas imiten a Genoveva Casanova.

Una vez le dije a una compañera de trabajo que porqué sus hijas no venían a verla al trabajo y sin embargo, si iban a a la oficina del trabajo del padre. Ella me contestó que le daba cosa por los jefes. Yo le dije que las niñas también debían conceptualizar que ella era un sujeto laboral con poco tiempo libre y que sobrevivía en un entorno de jefes y documentos. No me dijo nada, pero al cabo de un tiempo, aparecieron las dos niñas en la oficina preguntando eso de “¿Ésta es tu mesa, mamá?”

Mi compañera no dijo nada, solo me guiñó un ojo, y sonrió.

Ese es el camino.

1 comment for “escuelas y mantillas: contagiando tópicos

  1. Laura
    11 marzo, 2013 at 10:01

    Soy profesora de la Educación Pública en Andalucía, y esto que cuenta, para escándolo propio y ajeno, es la primera vez que lo oigo. “Emular la Semana Santa” para celebrar el día de Andalucía…
    ¡Qué tiene que ver una cosa con otra? Por más que argumente, intentando no ofender, sobre el arte y tradición de la Semana Santa andaluza, no ha lugar.
    Creo, sin poner la mano en el fuego por nadie, que la clave está en algo que se escribe de pasada:
    “Colegio concertado”. Nunca en mis muchos años de docencia había oído nada igual. Ni tradición, ni folclore…es una consciente manipulación, a una niña de 4 años. Si los progenitores comparten este tipo de educación para sus hijxs, no tengo nada que decir, pero si “les suena raro” pongan ojo avizor, porque las cosas no funcionan así en todos los sitios. Es cuestión de elección.

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