Escuadra hacia la muerte: Todo poder es opresor

 

 

El 18 de marzo de 1953, un joven Alfonso Sastre (Madrid, 1926) estrenaba en el teatro María Guerrero una obra, «Escuadra hacia la muerte» . Tres días después de su estreno, la censura retiraba la obra de cartel; el Alto Estado Mayor del Ejército argumentó que «la obra retrataba todo lo innoble que puede ser el sujeto humano», y «llevando al espíritu del espectador una impresión irreal de la familia militar».

Cuando estrenó Escuadra hacia la muerte, Sastre no había hecho aún su servicio militar ni terminado la carrera de Filosofía y Letras pero hacía ya años que había firmado con otros autores un manifiesto defendiendo un teatro “realista, de testimonio, social, no partidista y ético”

«Mi obra -escribió Sastre en su día – es una invitación al examen de conciencia de una generación de dirigentes que parecía dispuesta, en el silencioso clamor de la Guerra Fría, a conducirnos al matadero»

Cuando Sastre estrena “Escuadra hacia la muerte”  el mundo soporta una atmósfera de constante tensión internacional provocada por Estados Unidos y la U.R.S.S. en su pugna por ampliar cada vez más sus respectivos espacios de poder. Se vive con el temor de que las dos superpotencias, aún quizá sin pretenderlo, acaben generando conflictos que desencadenen una Tercera Guerra Mundial. Una guerra mucho más destructiva aún que las anteriores ya que ahora se dispone de armamento nuclear.
Por su parte, los españoles afrontan además problemas más acuciantes y cotidianos: la escasez de productos básicos, , las grandes desigualdades, la falta de protección social, el drama de los represaliados, el machismo, la omnipresencia de una Iglesia tiránica que imponía una moral rígida y exageradamente machista, y el manto de silencio obediente y de pensamiento único impuesto por el régimen.
Este ambiente de falta de libertad, de censura, presente en todos los campos de la cultura, afectaba especialmente al teatro. Porque, el teatro,  por su contacto directo con el público, era cuidadosamente vigilado por los censores.. Con buena parte de los escritores de primera fila en el exilio, los autores teatrales que permanecen en España no reflejan en ellas la dura situación del país y ofrecen al público piezas propagandísticas o de evasión: sainetes, zarzuelas, comedias convencionales… El teatro funcionaba como puro pasatiempo trivial, con formas tradicionales y sin carga crítica, si exceptuamos algunos intentos de Jardiel Poncela o Miguel Mihura en el teatro de humor, como ya vimos.
Existía, sin embargo un reducido número de dramaturgos para los que el teatro debía, ser algo más que un pasatiempo; debía reflejar la sociedad de su época, llamando al público a reflexionar sobre ella y modernizarse en todos los aspectos. Uno de estos escritores era Buero Vallejo. Otro, más radical que Buero, es Alfonso Sastre.

El estreno y la permanencia en cartel de las piezas teatral de Sartre se hará será cada vez más difícil hasta hacerse imposible. Por ello, en la década de los 60, Alfonso Sastre renuncia expresamente a la representación pública de sus obras. Aunque sigue escribiendo dramas, ensayos sobre el teatro, narrativa y poesía radicalizando. Su posturas políticas se radicaliza. Y sin embargo Sastre apuesta cada vez más por la esperanza.

. El mantener sus convicciones le va a suponer a Sastre, no sólo la mordaza de la censura sino la cárcel y, al final, el exilio.

Paco Azorín ha recuperado esta obra, ha insertado en el texto canciones de Bertold Bercht, y ha hecho una nueva versión más de sesenta años después

 

 

Unax Ugalde e Iván Hermes, en un ensayo de la función

 

«Escuadra hacia la muerte» se sitúa en una hipotética tercera guerra mundial.  Presenta a un grupo de soldados en un bunker, esperando para entrar en acción.  Tienen que responder a una ofensiva, pero si la ofensiva no se produce en sesenta días, se les reenviará a casa.El  búnker aislado del mundo, totalmente cerrado, se convierte en una olla a presión. Sucede una especie de Gran Hermano bélico. Los protagonistas, todos enviados allí porque tienen un pasado violento, empezaran a atacarse los unos a los otros. Solo puede quedar uno.

Escuadra hacia la muerte es una drama sobre la incomunicación. Un drama realista que propone ciertos planos simbólicos.Una escuadra condenada a la peor de las derrotas, la que procede de sus propios integrantes, enviados a luchar contra el enemigo sin darse cuenta que ellos mismos son el peor enemigo.

Los antecedentes existenciales de los personajes nos muestran que todos ellos, menos uno, son asesinos. Unos han asesinado con sus propias manos. Otro ha vendido el agua de sus compañeros, condenándoles a la muerte.  Incluso el que no ha asesinado lo ha hecho por omisión, dejando de ayudar a un compañero caído. Todos, menos uno,  ostentan un indisimulado comportamiento nihilista durante lo referido en dicha pieza dramática.  Todos establecen entre sí transacciones relacionales absurdas, a través de las que ponen de relieve una desesperación manifiesta ante un futuro incierto y amenazador.

El Cabo que lidera la escuadra representa el poder opresor caído sobre el grupo de soldados que han sido castigados a un aislamiento inhumano y a sufrir la amenaza, tal vez inminente, de las fuerzas enemigas. Todo poder, decía Foucault, es siempre opresor,  bien posea características marcadamente reconocibles o, por el contrario, trate de presentarse enmascarado de forma sutil o disimulada, es siempre opresor.  Los hechos y dichos del Cabo Gobán  no resultan admirables, ni tampoco dignos de ser imitados por sus subordinados, que lógicamente, acabarán por dejar de serlo.

Una vez cuestionada la autoridad, el porvenir de todos ellos carece de metas claras y distintas, convertidas en proyectos existenciales hacia los que dirigirse sin desesperación alguna. Ante este panorama, se entiende bien que el objetivo de esos personajes sea llegar a la muerte de la manera más digna posible, misión tan imposible como la que los ha conducido a ese escenario. En el camino hacia el final, cada uno de los incidentes no hace sino aumentar la indignidad de los soldados. Por eso todos quieren llegar al desenlace por distintos caminos. Por el de mantener su suerte; por el de buscarla por otros frentes; o por el del suicidio. En cualquier caso, tristes soluciones a unas no menos tristes existencias. Es precisamente dicho viaje final hacia ninguna parte, emprendido por los soldados de Escuadra hacia la muerte, el que, con explicitez, contribuye a el nihilismo del texto. Pero uno de ellos ( no digo cual para no hacer spoilers) es el único que representa la Esperanza, un futuro renacimiento.

«La obra habla de la oscuridad del ser humano, sí, pero también sobre el futuro del individuo. – dice Pacor Azorín, director de la obra-  Vivimos una época de cambios, de crisis, estamos al principio de un nuevo Renacimiento. “Escuadra hacia la muerte” es una tragedia contemporánea. Si se lee desde un punto de vista realista es un “tragedión”, pero toda tragedia ha de tener un rayo de esperanza, y yo he mirado esta obra con las gafas del optimismo. Mi lectura convierte el título en una escuadra hacia la vida, y he tratado de hacer un espectáculo luminoso y poético».

 Asegura Paco Azorín que el texto «ha resistido muy bien el paso del tiempo» su versión ha consistido fundamentalmente en «actualizar el lenguaje y en quitarle la pátina del teatro costumbrista que tiene el texto; pero da la sensación de estar escrita la semana pasada».

La obra de Azorín tiene una escenoografía impactante que tiene como referentes a Kubrick y Orwell.  En el original de Sastre, la acción transcurría en una cabaña en el bosque. En esta versión, todo sucede en un bunker subterráneo. Un lugar en el que protegerse de una amenaza exterior desconocida. Nunca vemos el exterior excepto a través de proyecciones,  Azorin recrea el mito de la caverna: La luz viene de fuera

Los seis personajes están interpretados por seis actores guapísimos y, para colmo, vestidos de uniforme, con lo que la obra es el sueño de cualquier hombre gay. O de cualquier mujer con cierta obsesión feticihista por los uniformes, como yo misma..El reto en la propuesta de vestuario, firmado, por Juan Sebastián Domínguez consiste en recrear un uniforme militar de un ejército desconocido pero cercano en nuestro imaginario. Del mismo modo, la acción ambientada en un futuro próximo deberá tener su reflejo en el vestuario: formas y cortes muy estructurados, típicos de la moda militar, pero llevados hacia materiales más tecnológicos y hacia tejidos desconocidos.

Cuenta con unos actores de excepción. Julián Villagrán en principio no tiene la envergadura que yo imaginaba para dar vida al Cabo psicópata, pero a cambio sí tiene la expresión de loco, de asesino. De Jan Cormet qué puedo decir, yo misma ( que sé bien su edad) llegué a creer en un momento de la obra que era un niño de quince años. Unax Ugalde tiene uno de los mejores físicos del teatro español pero sobre todo tiene una voz increíble. Agus Ruiz e  Iván Hermes tienen una presencia escénica impactante. Y a Carlos Martos hay que agradecerle ser el único de los soldados que no parece salido de un catálogo de moda. Todos hacen una labora más que dignísima. Y, atención, resulta que todos son músicos. Julián Villagrán por cierto, canta muy, pero que muy bien.

 

En resumen:  Es una obra que merece la pena verse. Especialmente para amantes del teatro español, porque se trata de una obra importantísima en nuestra historia. El montaje es excepcional y las interpretaciones dignísimas. La obra no es redonda del todo porque los personajes no acaban de estar bien dibujados, ya que Sastre estaba más empeñado en crear una alegoría que en otra cosa. Aún así, es más que recomendable.