En Los Goyas II

Negro, nude y rojo fueron los colores que más se repitieron en una alfombra roja que aún sin ser tan aburrida como otros años, no llegó a ser lo espectacular que desearíamos.  Entre las mejores vestidas, María Valverde y Leonor Watling. La más atrevida, la Coixet y su look gótico.

 

Empezaré avisando: hay mucho terreno que cubrir, ya que la alfombra roja de anoche tuvo muchas estrellas, alguna que otra estrellada, y la presencia de François-Henri Pinault, presidente de PPR (Gucci, YSL, Alexander McQueen) y marido de la nominada y guapísima Salma Hayek, con un vestido plisado de Gucci, color vino y muy sobrio.

 

Pero antes de seguir con las invitadas femeninas hablemos de ellos ya que, este año, hemos podido ver algunas mejoras en el apartado de moda masculina. El director Daniel Sánchez-Arévalo dio la nota de color con un esmoquin con chaqueta de terciopelo verde firmado por Dsquared2 Classic. Uno de los pocos que se atrevió a romper con el blanco y negro imperante entre los asistentes masculinos y acertó.

 

Otro que decidió salirse de la norma fue Asier Etxeandia. El actor vasco fue uno de los más esperados, ya que en Twitter se venía anunciando su elección de vestuario: esmoquin hecho a medida de Morante. Pero lo que se prometía como la gran revelación en cuanto a moda masculina se quedó en un bonito y moderno esmoquin, pero que a él parecía sentarle mal. No sabría decir si era que le quedaba pequeño, o que la estructura de la chaqueta le hacía parecer un poco Robocop, pero le damos un aprobado por intentar la modernidad.

 

El que para mí fue el mejor vestido de los hombres fue Unax Ugalde, con un esmoquin de Dsquared2 Classic. Desde la ligera sombra de una barbita de dos días hasta el pelo repeinado hacia atrás, rozaba la perfección. Lo peor, el vestido de su pareja, Ingrid Rubio, del que hablaremos en las peores vestidas, más abajo. Un 10 para Unax.

 

En cuanto al guapísimo Quim Gutierrez me pareció que iba estupendo con su esmoquin de Gucci, pero lo acabó fastidiando con un toque cani: esa pulsera de oros prestada por su primo el Cabra. Hay cosas que no.

 

Y después de este pequeño repaso a los invitados masculinos, empezaremos con las que menos me gustaron anoche.

Empezando por Ingrid Rubio (la foto más arriba) que se marcó un DYI total con unas bolsas de basura y una cinta dorada (esto se vio en la gala y por desgracia no encuentro imagen).  El vestido era de Hotel Particulier y la biker con que llegó a la alfombra roja era de Love Moschino. Con lo mona que es.

Belén Rueda, alma de cántaro, amor de mis entretelas, el año pasado fuiste sosa, pero no ibas tan mal como este año. Tu estilista ha creído que era necesario ponerte un escote poco favorecedor y vestirte de rojo para que se vea a la legua lo mal que te queda. Este Pedro del Hierro te queda como un tiro en el escote, pero, por lo menos, te hace bonita curvas en las caderas (que no todo va a ser malo). Eso sí, no vuelvas a dejar que te peine tu amiga Loli, la del barrio de toda la vida.

 

El lamé y la manga murciélago del vestido de Victoria Abril me horrorizó, aunque viniendo de ella no creo que sorprendiera a nadie. Diosa y musa es un rato, pero nunca ha vestido como para tirar cohetes.

 

Melanie Griffith se pasó el vuelo desde Los Ángeles pegando rosas rojas a su vestido, un rollo bruja malvada del cuento con toques de señorona victoriana.

 

Mención especial merecen Estrella Morente y su marido, el torero Javier Conde, que no había por dónde cogerles. Ni siquiera puedo pensar en una gracia que soltar, así que les dejo la foto directamente que ya de por si es graciosa.

 

Para terminar con las que menos me gustaron, tenemos a Michelle Jenner, a quién la vistieron de reina del baile y princesita del cuento, todo en uno. El vestido es de Zuhair Murad, que también vistió a Clara Lago, con un vestido negro mucho más acertado.

 

Entre las mejor vestidas tenemos a Ana Álvarez con un vestido blanco muy ajustado y con apertura en la pierna, firmado por Hervé Lèger que la convirtió en la mujer más sexy de la noche.

 

María León llegó visiblemente nerviosa con un Lanvin sencillo que le gastó una mala pasada, cuando al ganar el Goya a mejor actriz revelación se subió demasiado la falda del vestido al ir a recoger el premio. Para mí uno de los vestido más bonitos de la noche, aunque le falló un poco el peinado.

 

Otra de mis favoritas fue Pilar López de Ayala que no ha gustado nada en muchos blogs y medios online, pero a la que yo vi guapísima y muy atrevida con su vestido azul marino con detalles dorados de Nina Ricci.

 

Tanto Inma Cuesta como Juana Acosta iban guapísimas con sendos vestidos negros.  Inma vestida de Juanjo Oliva y Juana con un Paco Rabanne.

 

Las nominadas Elena Anaya (de Lanvin) y Verónica Echegi (de Gucci) optaron por el blanco y acertaron aunque a la primera le falló el collar y a la segunda el peinado.

 

Emocionante la reaparición de Silvia Abascal, guapísima y recuperada tras el ictus que sufrió el año pasado. Como siempre en los Goya, una de las mejores vestidas, este año con un vestido de pedrería con tono rosa y de corte sirena.

 

Y finalmente las dos mujeres mejor vestidas de la gala de anoche. Por un lado, María Valverde con un vestido retro en nude, firmado por Dior y complementado con un peinado también de estilo retro. Y la guapísima Leonor Watling, de rojo, con un vestido de Miriam Ocariz, que llegó y posó con un guapísimo Paco Léon.

           

La nota de originalidad y atrevimiento la puso la directora Isabel Coixet, de estilo gótico y que dio pie en las redes sociales a comparaciones con las hijas de Zapatero. Nuestro espías en Facebook (gracias Di), nos advierten de que el vestido de la Coixet era de Maison Martin Margiela y el broche de araña era de Vasari (diamantes negros y brillantes). Su bolso era un Chanel. Personalmente, a mí me encantó, claro que para mí no hay nada como una mujer que demuestra su personalidad y originalidad a través del vestir.  En la foto con nuestra directora, Lucía Etxebarria que estuvo allí y lo contó todo a través de su Twitter y su Facebook.

                 

Una alfombra roja que, por primera vez, no me aburrió tanto como otros años, pero que por desgracia, todavía sigue siendo la fea de la cuadrilla.

 

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