El secreto de Hanna Bergmann, 2

continuación de esta historia

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Laia no denunció aquel mensaje. Porque pensaba que no servía para nada. Recibía mensajes amenazantes día sí y día no como quien dice y ya había ido a la comisaría en varias ocasiones. Perdía un tiempo precioso para nada. Los agentes tomaban nota, y hasta ahí. Nunca le comunicaron nada al respecto. En este país solo persiguen a quien te amenaza si eres una política de renombre y además estás en el Gobierno. Intentaba no darle vueltas a la cabeza para no ponerse paranoica. No sabía cómo diablos alguien había podido averiguar el nombre de su abuela, si i siquiera los más allegados lo sabían. Ella no hablaba de su abuela nunca, porque casi no la conoció.

Cuando era pequeña no se daba cuenta de que la relación de su madre con su abuela no era normal. Una es pequeña y acepta lo que hay. No le parecía extraño que su abuela viviera en otro país y que prácticamente no la viera nunca. En toda su vida la habría podido ver… ¿diez veces? Y siempre en reuniones sociales. Bodas, bautizos, comuniones… No recordaba que Anna Bergmann jamás pisara la casa donde Laia vivió con sus hermanos y sus padres, ni que fuera a comer ni se quedara a dormir. Tenía una abuela, eso lo sabía, que vivía en Viena. Ellos nunca fueron a Viena a visitarla. Pero, lo dicho, a Laia nunca le había parecido un misterio o algo raro. Ni se lo había planteado. Solo de mayor se dio cuenta de que algún problema debía haber entre su madre y su abuela. Pero como su madre tenía problemas con tanta gente, tampoco le había dado Laia más importancia al tema. Bastante ocupada estaba Laia solucionando los suyos, sus propios problemas.

Sin embargo, el tema de su abuela, a raíz de aquel tuit, empezó a rondarle la cabeza. ¿Podía de verdad haber sido judía? Ese rumor lo había escuchado varias veces. No recordaba siquiera dónde. Cosas que escuchas de niña, en conversaciones,  cuando los adultos hablan pensando que la niña que está jugando a cocinitas con todos los cacharros desperdigados en la alfombra del salón no está enterándose de nada. Y luego no recuerdas quién lo dijo o cuando pero se te queda en la cabeza la asociación “abuela judía”. Más mayor, una vez Laia se lo preguntó directamente a su madre: “Mamá ¿la abuela era judía?”  Y su madre puso el grito en el cielo: “Qué tonterías dices. Mi madre era católica, y mucho”. La propia madre de Laia era muy católica,  de misa diaria, de las que ya no quedan y se había enfadado mucho con la pregunta. Lo cierto es que la madre de Laia se enfadaba con facilidad. Tenía un pronto fácil y un carácter de perros. Laia pensaba que su madre tenía algún tipo de problema mental que ella no quería ni sabía diagnosticar. En el pasado le había hecho mucho daño, pero de adulta había aprendido a aceptarlo. En realidad, repetía la relación que su madre había tenido con la abuela. Laia veía poco a su madre e intentaba que las visitas fueran cordiales, pero distantes. No quería meterse en discusiones con su madre.

 

 

Tiempo después Laia estaba en París comiendo con su amiga Eliette en un restaurante en un barco aparcado en el Sena, del tipo de los que le gustaban a Eliette. A Eliette le gustaban los restaurantes bonitos, pero no le gustaba comer. Elegía los restaurantes por el emplazamiento, no por la comida.

Eliette Abecassis es una escritora judía, de origen sefardí. Para ella, ser judía es muy importante.  Es judía practicante, tanto en el sentido religioso como en el sentido político. Eliette era la persona adecuada para contarle la historia del tuit.

 

–          Mira, Laia, le dijo Eliette, hay una forma fácil de averiguar si era judía o no.

–          ¿Hacerme una prueba de ADN?

–          No, no seas ridícula. Verás.  Los nazis hicieron un registro de todos los judíos residentes en Europa. Ese registro pasó a manos del Mossad, y sería tan simple como introducir el nombre de tu abuela, su fecha y lugar de nacimiento y  si fuera posible otros datos como el nombre de su padre, el de sus hermanos, la calle donde vivían…

Laia sabía que algún familiar o conocido de Eliette había trabajado para el Mossad. O alguien cercano, que, en cualquier caso, le había ayudado a buscar documentación para una de sus novelas

–          Se lo puedo preguntar a mi madre, pero no me dará la fecha de nacimiento exacta

La abuela de Laia se había casado estando ya embarazada, con quince años. Esto Laia lo sabía porque se lo había contado su tío, en una comida familiar. No se había enterado hasta los cuarenta y tantos años. Y no le preguntó a su madre al respecto porque siendo su madre tan católica, le parecía mejor no sacar el tema. Un día, en una comida familiar de ésas que detestaba tantísimo, su madre estaba criticando a una de sus sobrinas, de quince años, que salía de noche con su novio, cuando Laia dijo: “tampoco es para tanto, al fin y al cabo tu madre se casó con quince años”. Por la cara que puso su madre, Laia se dio cuenta de la pata que había metido. “Mi madre no se casó con quince años”, soltó tajante la madre de Laia, e inmediatamente cambió de tema.

Así que cuando Laia llamó a su propia madre, para preguntarle por la abuela, utilizó un truco: Le dijo que su hijo tenía que hacer el árbol genealógico de la familia para hacer un trabajo escolar. Así que preguntó por la fecha de nacimiento de la abuela, y por el nombre de los padres y hermanos. Y después envío un mail a Eliette:

Anna Bergmann, nacida en Viena, el 20 de septiembre de 1920. Padres Arthur y Berta. Hermanos David, Joachim y Otto.  Mi madre no sabe la dirección en la que Vivian.  La fecha es indicativa. No está muy claro si nació en 1920, 21, 22.

La respuesta de Eliette llegó dos días después:

“Sí, hay una familia judía en Viena con esos nombres. Y efectivamente, hay una niña nacida en Viena el 20 de septiembre de 1920. No está censada como Anna, sino como Hannah, el nombre hebreo. Pero sin duda es ella”

3 comments for “El secreto de Hanna Bergmann, 2

  1. Arantzazu Junquera
    20 mayo, 2014 at 10:30

    Como siempre, enganchadísima a la historia.

  2. Olga Zarza Wiesenthal
    21 mayo, 2014 at 15:58

    Comparto con Laia la incertidumbre de no saber los origenes de mi familia. Todo se basa en recuerdos de historias que se confunden entre realidad y ficción. Nuestros antepasados vivieron tiempos muy difíciles y llenos de miedo sino pánico, poco se hablaba, había que pasar desapercibido. Se que la familia de mi madre se desperdigó por Europa y que mis abuelos se establecieron en España, donde la situación tampoco era segura.
    Por ello comparto en cierta manera, cómo se puede sentir ésta persona.

  3. Fabian Guillen
    23 mayo, 2014 at 00:22

    Me ha gustado tu expresión de “ser judio en el sentido politico” supongo que te referias al judio denominado sionista, término que hoy en día siempre se pronuncia con ánimo de ofender pese a que el término no tengo realmente nada de ofensivo.

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