El nombre conseguido de los nombres.

El nombre conseguido de los nombres

Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía.

Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamando azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, más no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un dios.

El dios que es siempre y al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

“Yo escribo solamente para mí y para unos cuantos elegidos… Yo sigo en la Torre de Marfil, yo me mantengo fiel al arte puro…”. Así era Juan Ramón Jiménez y así se mostraba. Un intelectual distante y severo, un autor ajeno a catalogaciones generacionales y ensimismado en su obra, ajeno a su propia generación  No fue querido por sus contemporéneos. Una leyenda negra  lo persiguió desde muy joven: el sambenito de la cursilería que le colgaron-“En España no hay nada. Yo sólo leo a los extranjeros. A mí tampoco me leen en España. Aquí no hay las minorías inteligentes que en Francia, por ejemplo, o en Inglaterra”

Juan Ramón Jiménez vivió  durante casi sesenta años, desde sus dieciocho, sacudido por ataques tan continuados de pánico, excusados en dolores físicos que lo mismo lo levantaban al vértice de la locura que lo hundían en la desesperación. Un verdadero infierno para un enfermo no siempre imaginario.  Y pese a su extraña enfermedad, o precisamente por ella, escribiendo sin desmayo miles de páginas: poemas, aforismos, retratos, críticas, prosas, ensayos, recuerdos, cartas, conferencias, cuentos… y la mayor parte de ello de primer orden, con mil registros distintos, desde la lírica más exaltada hasta la sátira. “El martirio de escribir”, lo llamaba él-.

La historia de este dolor ve ahora la luz: “Si yo estuviera sano, sería uno de los hombres más grandes del mundo… ¡Ah, si supierais los jérmenes decididos a estallar que llevo dentro! ¡Si yo pudiera emplear mi vida entera en mi pensamiento! ¡Si mi salud igualara a mi voluntad, al ansia de saber, al afán de viajar, de obrar, de aniquilar, de construir!”, confesará.

( sí, escribió jérmenes, con j. También intelijencia, con j. Es un deje juanramoniano)

JRJ no creía mucho en la historia. Decía: la poesía es presente o no es. Y la vida, lo mismo: “Escribir poesía es aprender ‘a llegar’ a no escribirla, a ser, después de la escritura, poeta antes que escritura, poema en poeta, poeta verdadero en inmanencia consciente”.

“He sido niño, mujer y hombre; amo el orden en lo exterior y la inquietud en el espíritu; creo que hay dos cosas corrosivas: la sensualidad y la impaciencia; no fumo, no bebo vino, odio el café y los toros, la relijión y el militarismo, el acordeón y la pena de muerte; sé que he venido para hacer versos; no gusto de números; admiro a los filósofos, a los pintores, a los músicos, a los poetas; y, en fin, tengo mi frente en su idea y mi corazón en su sentimiento”. Es decir, poco español.

1 comment for “El nombre conseguido de los nombres.

  1. nekane
    6 mayo, 2014 at 11:18

    ay Luci!, esos jérmenes…
    Juan Ramón Jimenez, que majete él, todos tenemos la misma muletilla “si yo.. ésto u lo otro..” y, en realidad es el inconformismo que tod@s llevamos dentro!..la injusticia de vivir en la vida.. que no en el entorno eh? ojo!

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