El mundo de la pareja monógama y LOS VECINOS DE ARRIBA

Ayer fui a ver LOS VECINOS DE ARRIBA  de Cesc Gay, y me sentí rara

Tan rara como casi siempre que veo historias de pareja en la televisión o en el teatro españoles. O en las comedias románticas americanas.

Esta obra trata de dos parejas. Los unos viven justo encima del piso de los otros.

Los unos son una pareja abierta, que tiene un círculo de poliamor, un círculo de amigos que follan unos con los otros desde el respeto y la confianza. Los otros son una pareja monógama, cerrada. La que se supone que es la pareja estándar, el tipo de pareja que yo solo he vivido una vez y que conozco poco.

Hablemos de esa pareja cerrada. Él, cuando sube al ascensor y coincide con la vecina tetona, no puede evitar mirarle las tetas. Claro, lo normal. La cabina del ascensor es estrecha. Lo mismo me pasa a mí cuando subo con el vecino buenorro ( en mi comunidad la vecina tetona soy precisamente yo). Intento que no se me note mucho cómo le escaneo, pero la situación es sexual de por sí. Un hombre guapo, que huele bien, en un espacio cerrado.Todas las posibilidades que esa situación encierra. Supongo que si se lo contara a mi actual amor  no le sorprendería mucho. No se lo he contado porque nunca se ha dado el caso. Pero sí que vamos evaluando a gente por la calle. Mira qué guapa esa chica. Atención al buenorro que ha entrado por la puerta. No, no nos pasamos la vida evaluando al personal. Pero somos sensibles a la belleza. También comentamos si nos gusta un libro, una obra de teatro, una película o un cuadro. Pues bien, cuando la mujer de este señor se entera de que él le mira las tetas a la vecina poco menos que le da un pasmo. Y yo me quedo blanca. ¿Qué esperaba? ¿Que se tirara todo el trayecto mirando al suelo?

Entonces descubrimos que ella se pasea desnuda por la casa para que el vecino la mire. No, no es tan exagerado como lo cuento. Ella sale siempre desnuda de la ducha. Sabe que el vecino puede verla, pero eso no hace que se vista. Puede que la vea, puede que no. Ella no mira para comprobarlo. Le gusta, le excita, la posibilidad de ser mirada, de sentirse todavía deseable, deseable por un hombre joven y guapo. Yo en mi vida haría nada así porque no estoy orgullosa de mi cuerpo. Pero si tuviera un cuerpo más bonito, creo que lo haría. Siempre y cuando el vecino o vecina fuera guapísimo. Vale, no sé si lo haría o no, pero es una fantasía bonita. Así que no entiendo qué le puede molestar al marido de la paseanta. ¿No llevan quince años casados? ¿No tienen un hijo en común? Se les supone con la confianza suficiente como pasa saber que nadie puede convertirse, más allá de dos años, en la fantasía sexual exclusiva de una persona. Nuestras parejas siempre van a desear a otros y a otras. Es ley de vida. Nuestras parejas son seres vivos, y por lo tanto deseantes. Como mucho, podemos pactar que no follen con otras. Pero nunca conseguiremos que dejen de desear o fantasear.

 

Me resultó raro ver una situación así. Me dijeron más tarde que esta es la situación normal, que la mayoría de las parejas son así, solo que yo no las conozco. ¿De verdad? No creo. Yo creo que todas las mujeres fantaseamos mucho, las solteras, las casadas, las monógamas y las poliamorosas. Yo sé que todos los hombres fantasean también. Me resulta difícil entender que haya parejas que no entiendan una verdad de perogrullo. Me resulta difícil entender que en los celos sigan estando legitimados. Me resulta difícil entender muchas cosas.

Muchas personas condenan abiertamente los casos de control y malos tratos sobre la mujer o la pareja que salen en la televisión pero sin embargo, piensan que determinadas maneras de control que implican celos por parte del otro, no solo no son nocivas, sino que demuestran el interés y el amor que siente tu pareja por ti. Curiosamente esta aceptación de ser “controladas por el amor” se da más en la población femenina. Los chicos, la aceptan cuando son ellos los celosos, pero no tanto si son ellos los que lo padecen. Los chicos pueden controlar el móvil de sus novias, pero no les gusta que sea al revés.

La creencia que dice que “por el humo se sabe dónde está el fuego y del humo del cariño nacen los celos” está tan arraigada que cuando queremos comprobar si interesamos a la persona que a su vez nos interesa, lo que hacemos es justamente… ¡darle celos! Si se muestra molesto entonces es que le interesamos. O eso es lo que creemos.

Las personas celosas viven en muchos casos un verdadero tormento que se convierte de paso en un suplicio para sus víctimas, las personas celadas. Los celosos se obsesionan, sufren, y hacen sufrir a los demás ejerciendo conductas compulsivas de control sobre la otra persona: revisiones del móvil y correo electrónico, continuas llamadas y seguimientos, chequear el Facebook y el Twitter a todas horas, comprobar a qué hora se conectó su pareja a Whatsapp por última vez, etc. Esas conductas de control les roban tiempo y energía.

¿Son entonces los celos un signo de amor? Pues no, no lo son.  Son signo de inseguridad, de una frágil autoestima y  de dependencia emocional.

Puede haber amor sin que existan celos, y puede haber celos en situaciones y relaciones en las que, a partir del trato que se le da a la otra persona, se puede inferir que no hay el más mínimo amor.

Generalmente los celosos son personas dependientes que necesitan una relación blindada que les garantice la seguridad absoluta de que la otra persona no se va a marchar. Pero los seres humanos nacemos libres y podemos elegir marcharnos de un sitio en cualquier momento Si nos quedamos en un sitio o con una persona es porque estamos a gusto.

La psicóloga Ana Luisa Martínez me explicaba que si los celos fueran simple temor a perder a la persona amada, en realidad nos harían ser más amables. Trataríamos con mucho mimo a la persona amada para no perderla. Cuando no es así, cuando la persona celosa simplemente intenta controlar (revisando el móvil o el correo) y/o imponer (“tienes que volver a tal hora”, “no mires a esa”, “¿con quién hablabas anoche por Whatsapp?”) y se pone agresiva, los celos no tienen nada que ver con el amor sino con la posesión. Se trata de una forma de marcar territorio e imponer una jerarquía.

 

 

Los vecinos de arriba es una comedia de Cesc Gay.

Ana y Julio son la pareja del pìso de abajo. Ella ha invitado a los vecinos de arriba para agradecerles su ayuda durante la reforma de su piso , pero la idea no le gusta a él.  Julio y Ana ya están en guerra fría: él quiere sacar durante la velada el tema de los gritos orgásmicos de sus vecinos, a ella la idea le espanta. Los dos se verán superados por los acontecimientos: los vecinos de arriba son una pareja abierta, que además forma parte de un círculo. Ahí es donde la estabilidad precaria de la pareja comienza a desmoronarse definitivamente.

El juego con la perplejidad que sienten Ana y Julio ante el relato desinhibido de sus vecinos es el que crea la situación de comedia . Un extenso catálogo de réplicas y contrarréplicas amargas y afiladísimas . Humor ácido. Carcajadas del público a todas horas-

Candela Peña , con su pavor a quedar mal, con su cansancio de mediana edad, con su hipocresía ingenua,  con su habilidad de mosquita muerta/pasivo agresiva, es la pieza central de una obra que parece escrita a mayor obra de Candela, aunque luego me haya enterado de que no se haya escrito para ella. Pilar Castro también estça estupenda ( y guapérrima)

Una obra muy fácil y divertida. Hora y media de risas