El gay antiaborto

 

Mi compañero es un fiscalisto (así gustamos en llamar en mi departamento a los expertos en fiscalidad de la empresa), pero además por partida doble: no sólo es un marisabidillo, sino que es un listo y un trepa. Una de esas personas tóxicas, con una habilidad social innegable, que no usan para nada bueno.

El fiscalisto tiene una actitud encantadora delante de mi jefa: sabe que ha pasado por malos momentos a nivel personal y le regala los oídos con su zalamería, su pose de gay ultra afeminado y su supuesta clase y estilo de niño de familia bien de Getxo. Ella le tiene en muy alta estima, pero yo le calé desde el minuto uno, justo en el momento en el que yo hice reir más a mi jefa que él, y me dedicó una despiadada  mirada, luminosa cual neón en la que se leía: «si intentas quitarme protagonismo, te hundo en la miseria». La falta de consideración frente a otros compañeros de menor categoría profesional y sus miradas constantes por encima del hombro me confirmaron lo que yo ya sabía: este tipo es un trepa peligroso, y lo peor es que lleva una piel de cordero tan fashion como sus camisas y gemelos de marca.

El caso es que aunque una se intente distanciar de este tipo de personajes, siempre hay situaciones en las que es difícil no encontrárselos de cara. Hace pocos días, el se encontraba en mi despacho (que también es el de mi jefa), dándonos la charla sobre lo mal que está el país, y de las promesas incumplidas de este gobierno «que promete, promete, y una vez metido se acabó lo prometido». Y claro, la promesa incumplida estrella es, para él, la reforma del aborto: que si «no podemos permitir que se sigan asesinando impunemente niños», que si «aunque muera la madre, lo importante es salvaguardar la vida del bebé, porque eso es lo más sagrado»… y claro, una que ha leído casos de todo tipo, pero sobretodo, le conmovió el de una mujer conocida suya que abortó porque le diagnosticaron cáncer y naturalmente decidió someterse al tratamiento… llega al límite.

O no, porque siempre queda una bala en la recámara: la del debate intelectual con un fanático, pensaba yo, sería una estrategia ideal para que viera lo intransigente e insensible de su planteamiento, y ya de paso desnudarle de su pose de chico-gay-achuchable-ideal. Lo único que conseguí fue que otros compañeros se unieran al debate como espectadores, y me dieran la razón en mis explicaciones sobre el derecho positivo y natural, o el hecho de que el aborto siempre existió y seguirá existiendo de un modo (viajando a Londres quien pueda) u otro (hierbas medicinales, perchas, clínicas clandestinas…)

Ni que decir tiene que pese a que mi ego se vio muy fortalecido, mis nervios y mi paciencia estaban a punto de tirarse por la ventana de la mano. Así que opté por sonreir y dar por zanjado el debate diciendo que su opinión era muy «respetable» (ejem…)pero que yo me iba a comer. Pero claro, mi conciencia me ha estado torturando desde entonces… ¿Cómo voy a dejar yo que un niño pijo del opus, y para más inri gay (lo digo porque nunca se enfrentará a la situación de un embarazo sea o no deseado, ni siquiera alguna potencial compañera sexual suya) se vaya a su casa pensando que la defensa de la prohibición del derecho a decidir de millones de mujeres sobre su maternidad es una opinión, y encima respetable. Sí, claro, también puedo callarme, o hacer como mi compañera y exclamar en cuanto él se vaya: «¡Me va a decir éste lo que puedo o no hacer con mi coño!»

No. Yo esto lo arreglo, como sea. La rueda del destino no gira sola, necesita una manita inocente que le dé impulso. Y además, tragarse la bilis no es nada bueno… así que, ¿me decanto por rajarle las cuatro ruedas de su coche de lujo? ¿o le pongo laxante en el café antes de una reunión importante? Se admiten sugerencias…

8 comments for “El gay antiaborto

  1. Madelen
    13 marzo, 2014 at 13:58

    Yo voto por el laxante en el café, el coche siempre te pueden ver y por lo que cuentas del muchacho, siempre habra alguien que le caiga bien y se lo cuente…

    • Ashura Love
      13 marzo, 2014 at 18:52

      Creo que tienes razón. Haré que parezca un accidente

  2. Nuria
    14 marzo, 2014 at 01:53

    Nena, tu vales mucho. Y a parte de todo esto…. voto por dejarle que se vaya hinchando de superioridad, de ego y de vanidad y que al final se caiga por no hacer pie y que se deje los dientes en el camino…. lo hará…. seguro… y él solito. Besos

  3. David
    14 marzo, 2014 at 22:47

    Pueda o no abortar, me parece fatal que se siga diciendo que alguien es gay como ataque. Queda entre lineas el estereotipo en tu texto.
    Explicito, por otro lado, has dejado el estereotipo de los pijos y de los pijos de Getxo.
    Si cuelgas una foto tuya te podemos decir a que grupos perteneces tu y adi, a lo mejor, puedes empatizar con los demas.

    • Ashura Love
      15 marzo, 2014 at 07:59

      David, corazón, creo que no has entendido bien mi planteamiento ( o quizá yo no he sabido explicarme con claridad). La crítica o el ataque no es porque sea gay. Es porque es un vampiro emocional, con un complejo de superioridad moral sin límites, que se cree que tiene derecho a decidir por millones de mujeres.

      El hecho de que sea gay es como el de que sea hombre: no es que no tenga derecho a opinar sobre el tema, es que me sorprende que crea que su opinión debe ser la prioritaria, la legítima. ¿y porqué no opinarán los hombres sobre el diámetro que tiene que tener un tampón, o sobre si es mejor o no que las compresas tengan alas? Porque no les importa en absoluto a la mayoría los asuntos de mujeres. Y la maternidad debería serlo, pero en la práctica es algo que los hombres (y mujeres) con mentalidad machista quieren controlar.

      En resumen, no le ataco por que sea gay. Le critico porque se cree con derecho a decidir por los demás.

      Respecto a lo de los estereotipos: para muchas personas es más sencillo vivir conforme a un rol preestablecido. Es vivir encorsetado, a mi juicio, pero ellos lo prefieren así, porque saben cómo se tienen que comportar en cada momento, no tienen que tomarse la molestia de pensar. En mi juventud puede que sí perteneciera a alguna tribu urbana, pero en cuanto maduré un poco opté por ser yo misma, aunque no tuviera ningún modelo en el que fijarme.

      Y procuro no empatizar con según que gente. Además que no es fácil empatizar con un pijo insensible.

  4. Ana
    15 marzo, 2014 at 00:35

    Yo voto por la valentía de ir y decirle lo que piensas a la cara sin callarte ni una. Como bien dices, no es bueno tragarse la bilis. Echándole laxante en el café igual le haces un favor, ¿no dices que la jefa le tiene en buena estima? Igual se toma el día libre…
    Y siendo rico se compra unas ruedas nuevas, además de que puede ir de víctima en plan «ay qué mal está el país, cuánto gamberro…»
    Ir de cara será más violento y puedes armar guerra pero imponte y que sepa que eres un hueso duro de roer…
    Ya sabes… LAS CHICAS SOMOS GUERRERAS!!

    • Ashura Love
      15 marzo, 2014 at 08:01

      Ana, creo que tienes razón, y en circunstancias normales lo haría. Pero no tengo claro que en mi empresa rijan las normas racionales del mundo real, y no soy capaz de calcular lo que este tóxico podría llegar a tramar contra mí. Así que prefiero vengarme aunque sea con este texto, para soltar la bilis, y dejar que se estampe en el mundo real cuando vea que fuera de su círculo las cosas no son cómo el cree.

  5. Silvia en ny
    15 marzo, 2014 at 01:03

    david: Tu tambien eres un pijo gay de Getxo verdad?

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