EL ENTORNO DE LAS PUTAS

Como en todo trabajo, las relaciones de las prostitutas con sus compañeras marcan el día a día. La convivencia es un asunto delicado cuando hay una competición tan alta para ganarse la vida. Cuando entras a un Club de carretera, la sensación es la misma que si entras en una reunión de las Naciones Unidas: todas están separadas por nacionalidades, muchas ya se conocen de antes, y otras muchas de las únicas que se fían son de sus compañeras. Latinas y chicas del este no suelen entablar, ya no amistad, sino cualquier tipo de relación.  

Las habitaciones, un tanto de lo mismo. Duermen de dos en dos, ahorrando espacio al Club y generalmente en una planta distinta a las habitaciones de trabajo. Es ahí donde trazan los lazos de amistad fuertes que las unirán de por vida, los lazos que harán que vayan de club en club juntas.

Pero también debido a esta confraternización que hacen por colonias, se producen muchos altercados. Yo he visto ceniceros volar, he visto navajas y he visto tirones de pelo que terminan con extensiones en la mano de ambas chicas. La mas mínima excusa es motivo suficiente para iniciar una guerra. Las económicas se llevan la palma: que me ha robado dinero, que me ha quitado un cliente, que me ha quitado un colgante que me regalo mi prima la del pueblo. Cualquier excusa es buena.

Al principio, los dueños de los clubs de alterne y las casas de citas, separaban a las chicas o las expulsaban de su trabajo. No sirve de nada. Al final, la única opción valida es la de ignorar los comportamientos violentos, intervenir si se producen en zonas comunes y dejar que se calmen. La que organiza una bronca, te va a organizar mil. Esta actitud no puede corregirse y, ademas, vendrá siempre instigada por la droga.  

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En la calle, más de lo mismo. Dividen sus zonas por nacionalidades para evitarse conflictos y siempre acaban unas pisando el territorio de otras y ensarzándose en broncas y peleas que irritan a los vecinos, que echan mas leña al fuego con sus protestas. La calle se acaba convirtiendo en un campo de batalla inhabitable que solo se calma cuando aparece la Policía y se dispersan.

 

Con sus familiares la relación es distante. La mayoría no sabe a lo que se dedica su hija o hermana, y es esa ilusión la que hace que miles de mujeres vengan a España buscando el soñado trabajo de camarera con papeles y una oportunidad de medrar: es lo que les han presentado, la única realidad que conocen.

 

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Y con sus jefes, una vez superado el miedo inicial, la relación es la misma que con un cliente. Intentan camelarse a su responsable directo para poder dejar de prostituirse. Por mas mítico que parezca, el hecho de liarse al jefe otorga unos beneficios laborales a los que todas quieren llegar: trabajar menos, cobrar mas, no tener gastos. Si el dueño del club se encapricha contigo, será al único que te tires durante el tiempo que ese capricho dure. Eso sí, cuando termine porque ha llegado alguien nuevo a la oficina que le gusta más, comenzará otra nueva batalla.

 

 

 

 

Kira. 

 

Kira roza los 30 años, es venezolana, y yo -que no soy muy alta- le saco una cabeza. Y tres cuerpos pero esa es otra historia y entra en mi descripción, no en la suya. Tiene un desparpajo sin igual. Cuando yo entré a trabajar en el Club, ella no estaba. Llegó a los dos días y me la crucé en la escalera.

 

-Mami… tú me vas a poner sabanitas limpias, ¿verdad? 

-No, yo te las doy y te las pones tú si te da la gana. 

 

Eso es lo que descoloca a una puta, que no pueda ligarte con un “mami” o “papi”. Lo vi durante años con mi hermano. Las chicas se peleaban con él porque no subía con ninguna y pasaba olímpicamente de ellas. Las chicas, no lo olvidéis, son mujeres. Les gusta todo aquello que no pueden tener. Las mujeres, amigos, son grandes inseguras. Todo es quiero, quiero, quiero. Y si les das todo lo que pueden pedir, aprenden a pedir lo que no puedes darles. Por eso hay que medirse, para que quieran lo que les ofreces.  

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Kira supo desde el primer momento que no iba a tener las cosas fáciles conmigo. Su compañera de habitación era un bellezón colombiano de telenovela. Entre las tres, empezamos un juego que, a día de hoy, no ha terminado.

Entre el desparpajo de Kira y la belleza de Lorena los clientes estaban atontados perdidos. Al cabo de la semana subían dos o tres veces con un cliente para hacer un trío. Siempre en la suite. Siempre en Jacuzzi. Y siempre la misma cantinela:

 

-Lo despachamos rapidito en tres cuartos de hora, y entras. 

 

Sonado fue el caso de un chico pelirrojo, pecoso, boquiabierto, que subió con ellas una tarde. Kira le llevaba cogida la mano por delante, Lorena iba riéndose por detrás. Todo auguraba lo que iba a suceder minutos después. Dejaron la puerta entreabierta para que yo pudiera ver el show. Lorena se tumbó en la cama y mi niña venezolana empezó a subirle la camiseta. El chaval las miraba con expresión ojiplática desde el otro lado de la cama mientras se desabrochaba los botones de una camisa de cuadros. Kira, no sé aún muy bien cómo, apareció con el sujetador de Lorena en los dientes y lo dejó en su boca. Lorena lo escupió y le pasó la lengua suavemente por los finos labios. Kira se quitó el top, se puso a horcajadas encima de ella, y con las mismas, el chaval se volvió a abrochar la camisa, agarró con fuerza la chaqueta que había dejado en la entrada y salió ruborizado por el umbral de la puerta.

Kira y Lorena empezaron a soltar carcajadas tiradas en la cama, entré y les dije que desde el último escalón de la escalera todas teníamos claro lo que le iba a pasar al pobre chaval.

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Es un paleto -dijo Lorena- no tiene dónde caerse muerto y viene aquí a hacer un trío. Estaba muy claro que iba a pasar esto. Pero nunca había visto a un tío correrse tan rápido. 

Son mis besos, mami. Tienes que probarlos. Siempre me dices que no, pero yo sé que te mueres de ganas. 

 

Y, con las mismas, enganchó a Lorena por el cuello y la atrajo hacia su boca entreabierta. Las dos con el busto desnudo, el fresco aire acondicionado rozándoles los pezones desnudos. La piel canela de Kira fundiéndose en la blancura de la de Lorena. Los rizos del pelo de Lorena enredándose en el pelo liso recién planchado de Kira, en una danza sin fin acompasada por el ritmo de sus cuellos al compás de aquel beso enfurecido. Los dientes de una pellizcando y mordiendo el labio de la otra.

Sonreí y cerré la puerta.

 

Yo nunca entraba. ¿Por qué? Porque no. No puedo dar una explicación exacta a por qué noche tras noche rechazaba un trío con una de las chicas más guapas que he visto jamás y con otra que tenía una magia que no se podía aguantar. El motivo de que estaba en mi horario de trabajo no cuela, porque podía entrar a las cinco de la mañana si quería y dormir con ellas. Que fueran putas tampoco me importaba. Que el jacuzzi estuviera guarro perdido después de tres cuartos de hora de refriegue, vale, sí, me puede servir. Pero tal vez ese juego, ese toma y dale de tú me tonteas, yo te rechazo, me podía atraer más que un polvo en una cama de 2×2.

Yo, por aquel entonces, me embarcaba en relaciones con fecha de caducidad que sabía que me iban a hacer sufrir. Kira tenía todo lo que a mí me hace sufrir. Hoy en día aún me llama para decirme que vaya a verla a Bilbao, o que está en Venezuela y sólo piensa en volver a España para ver si por fin se acuesta conmigo. Soy, tal vez, la relación con fecha de caducidad que Kira busca. La que Kira no puede tener. 

 To match feature GERMANY-PROSTITUTES/

La última vez que la vi, yo estaba pasando la aspiradora a la moqueta del pasillo. Vino, la apagó, se sentó en un sillón y empezó a hablar:

 

Si yo no estuviera aquí trabajando tú te vendrías conmigo. Yo ganaría dinero, tú trabajarías en lo que quisieras, y viviríamos juntas. Como amigas, no te digo que pasara nada más. Pero, lo que tengo con Lorena, ¿sabes? Somos amigas desde hace tiempo porque siempre que coincidimos trabajando acabamos liadas. Y duermo con ella todas las noches, como amigas, y me despierto con ella todos los días, como amigas, y por las tardes bajamos a pasarlo bien, como amigas. Si me faltara Lorena, yo no seguiría en este trabajo. Si yo llego a un Club y no encuentro alguien con quien pasármelo así de bien, no puedo trabajar. Tengo que meterme un par de rayas y subirme el ánimo, tía, y cuando está Lorena no me hace falta. 

-Tú estás enamorada de Lorena, Kira, admítelo. 

-Puede que lo esté, y puede que no. Pero yo no me imagino vivir sin Lorena, porque se me haría muy difícil. Y cuando llegué aquí, y Lorena no estaba, te encontré a ti. Y te cruzo en la puerta cada vez que subo con un cliente, y de alguna manera sé que, si tú entraras, no echaría de menos a Lorena. Porque estás fuera y no la echo de menos. 

-Dependes de Lorena. 

-Dependo de muchas cosas. Dependo de la droga, dependo del dinero, dependo de mis amigos. Llevo muchos años sintiéndome una inútil que sólo sabe follar. Eso sí, follo de puta madre, por eso ves a los mismos tíos aquí todas las semanas. Pero a veces no me apetece. Hay días que bajo al bar, me tomo una copa, y digo: buff… no me apetece nada follármelo. Entonces veo a Lorena al fondo de la barra, voy a buscarla, lo calentamos entre las dos y ya sí que me apetece. 

-¿Subirías si Lorena no quisiera subir? 

-No. Te lo digo de verdad. Ya puede pagarme lo que quiera, que si no me apetece follármelo, no me lo follo. Pero si para follarme a Lorena tengo que hacérselo a él, aguanto a quien sea. 

 

Era una buena chica. No tengo dudas de que lo siga siendo. Tal vez su educación le prohibía admitir que era lesbiana, o tenía tan asumido que su trabajo y su vida eran acostarse con hombres que no podía mirar más allá. Tenía un carácter muy marcado, tanto para lo bueno como para lo malo. En lo bueno, era dulce, cariñosa, cameladora. Arrastraba con su forma de caminar a cualquiera que se le cruzara. Pero en lo malo era caprichosa, manipuladora y tenía un genio incontrolable.

Una vez temí por la integridad física de un cliente que intentó regatearle, el mayor insulto que le puedes hacer a una puta, en especial a Kira.

 

Si yo digo 100 euros, son 100 euros. No entiendo por qué intenta subir conmigo por menos. Y bueno, ya ni hablar de la diferencia que me estaba diciendo. Si yo voy a comprar el pan y me cobran 50 céntimos, pago 50 céntimos. No se me ocurre decirle al panadero que le doy 20. O que en vez de pagarle el pan que le regalo una manzana, que la gente es así, porque seas puta ya te tienes que meter de todo (que vale, que yo me meto) pero que me digan que le eche un polvo y me da un gramo… no, mira, porque me estás insultando. Que yo soy puta, pero no soy imbécil.  

 

Estaba apartada en una habitación hasta que se calmara. Le acaricié el pelo durante un buen rato mientras ella destrozaba papel de cocina con sus minúsculas manos y los dientes apretados. Cuando llegó Lorena, supe que tenía que irme. Pero supe también, que el problema no radicaba en que aquel cliente le estuviera regateando. El problema había surgido minutos antes, cuando Lorena decidió subir a la habitación ella solita con un cliente. Los celos son un arma más poderosa que cualquier insulto.

 

2 comments for “EL ENTORNO DE LAS PUTAS

  1. Laura
    5 julio, 2013 at 22:48

    Es una pena que la mujer caiga tan bajo. La Sociedad tiene la culpa, si en la infancia las niñas tuvieran oportunidades de educación y fortaleza, no ofrecerían tan fácil su cuerpo a esos hombres «machos?» que se aprovechan.

  2. andre
    4 septiembre, 2013 at 22:17

    ya veo que te ganas la vida como mami cuando no ganas con los libros.
    habrá que comprar el próximo

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