El caso Valdeluz, los curas, el abuso sexual…

 

 

Cuando yo era joven, diecisiete años,  estudiaba  en el colegio CEU, Centro de Estudios Universitarios, sito en Claudio Coello. Nuestro profesor de filosofía era cura. Un día yo estaba esperando en la parada del autobús. Hacía frío, llovía. El profesor de filosofía apareció en un coche que se detuvo frente a la parada. » ¿Dónde vives?» Yo vivía muy lejos del colegio. «Sube, te llevo»,  me dijo él. Cuando paramos en un semáforo me puso la mano en la pierna. Yo no entendía nada hasta que percibí cómo la mano iba ascendiendo hacia la entrepierna. Abrí la puerta del coche y salí. No se lo conté a mis padres porque no me llevaba bien con ellos. No se lo conté a mi entonces novio porque me daba vergüenza.  Lo visible quedaba oculto detrás de una cortina de humo de tabaco, y había un miedo infinito en cada noche oscura.

El profesor me suspendió a mí, niña de sobresalientes y matrículas. Suspendió también a otra alumna muy brillante, Arantxa. A Arantxa sí que le conté lo que me había pasado. A ella le había pasado exactamente lo mismo. Ninguna contamos nada, no nos atrevimos.  Teníamos pánico: el CEU no era un centro que alentara precisamente la disensión.

A final de curso una alumna, una chica muy poco agraciada, gordita, con gafas, a la que apodábamos » Rosa León»  porque era clavadita a la cantautora, se quedó embarazada. Dijo que el padre de la criatura era el profesor de Filosofía. Por entonces no había pruebas de  ADN, así que era su palabra contra la del cura. Pero muchas chicas empezaron a contar historias como la de Arantxa y la mía. Historias que conocíamos los alumnos, pero de las que el CEU no se hizo eco. El CEU, oficialmente, nunca se dio por enterado.

Yo no tengo ni idea de si el profesor de filosofía siguió dando clases o no. Yo dejé aquel centro y me fui a una Universidad Pública, decisión en la que me daba igual si mis padres me apoyaban o no ( sospecho  que hubieran apoyado que siguiera estudiando en el CEU) porque empecé a trabajar  y decidí que la Universidad me la pagaba yo.

Cuando hablé de Woody Allen dije que a las víctimas nunca se les cree. Ni Arantxa ni yo hablamos porque sabíamos que no nos habrían creído, que no hubiera pasado nada. Y no pasó.

No recuerdo el apellido de Arantxa, ojalá lea esto y se ponga en contacto conmigo. Y el del profesor lo he borrado de mi mente. Gracias a Dios no recuerdo su nombre ni su apellido. Recuerdo su cara, su voz y su olor. Su olor rancio a sudor y  tabaco negro. Era de esos profesores que fumaban en clase. Desde entonces me dan mucho asco los fumadores, y nunca he tenido una relación con un fumador ( hay hombres que me han amado o me han deseado tanto que dejaron de fumar por mí, o al menos no fumaban delante de mí )  No es el único profesor que me ha perseguido. Sufrí otros dos casos de acoso ya en la facultad, pero entonces yo era mayor de edad. Y aún así, no denuncié.

Uno era profesor de opinión pública, famoso por acostarse con sus alumnas. Un tío bastante guapo, por cierto, que no entendía porque yo, precisamente, no quería acostarme con él, y que se puso francamente desagradable. El otro no diré quién era porque el hombre se enamoró de verdad. Llamaba a mi casa de forma constante.  No a la mía, en la que vivía yo con mi novio, sino a la de mi madre, que era la dirección que yo había facilitado en la ficha de estudiante. Mi madre me preguntó por qué ese profesor me llamaba tanto. Le dije que sencillamente no hablara con él. Y mi madre me dijo. » Algo habrás hecho tú para que te llame tanto».

Un día estaba leyendo «Lolita» en el autobús y me encontré con mi hermano que subía. Le dije que estaba harta de las llamaditas del profesor. Me dijo, señalando el libro: » Es que tú eres muy Lolita» En el libro al abusador se le presenta como una victima, como a un pobre enamorado. El mensaje que se me enviaba era que la culpa era mía.  La víctima era el otro.

Ya conté aquí mi violación en Marruecos y cómo se me dijo que la culpa era mía.

En el colegio Valdeluz los episodios de abusos llevaban durando siete años. Siete años hasta que una de las chicas ha sido lo suficientemente valiente como para decir algo en voz alta. Una chica que no tenía miedo a sus padres o al colegio.  Una chica a la que no le habían enseñado a pensar que todo era su culpa.

En el colegio de monjas nos decían que nuestro cuerpo era un tempo y que había que preservarlo. Si alguien lo mancillaba, era nuestra culpa. Yo he llevado la culpa impresa a fuego en mi inconsciente.  Me enseñaron a no hablar.

La familia de una de las víctimas acudió en 2007 al Centro Especializado de Intervención en Abuso Sexual Infantil, dependiente de la Comunidad de Madrid.  Allí se les aconsejó, como se hace «siempre» en estas circunstancias, que denunciaran al profesor.

«Los padres decidieron no hacerlo», zanjó este sábado Salvador Victoria, portavoz del Gobierno autonómico.

Los padres decidieron no hacerlo. Tenían miedo, quizá.  Pero pusieron a más niñas en el mismo problema que su hija. Si esos padres hubieran denunciado quizá once niñas no hubieran sido abusadas y una no habría sido violada. Pero no se atrevieron, porque sabían que sería la palabra de la niña contra la del ex cura.  Y que a esa niña se la cuestionaría tanto como se ha cuestionado a Dylan Farrow. Nunca se cree a la víctima

Como dijo Beatriz Gimeno en un estupendo artículo:

«Defender enfáticamente la presunción de inocencia de Woody Allen desde las páginas de un periódico, es decir, cuando no se trata de resolver un caso judicial, sino de enfrentarse a una cuestión ética, es posicionarse claramente en contra de quien dice ser víctima. Pedir pruebas en un delito en el que, por su propia naturaleza (si es un abuso a un menor no suele emplearse la fuerza), no suele haberlas sólo sirve para desacreditar el testimonio de la víctima.

Y, desde luego, nunca hay testigos. Este es un crimen sin testigos, así que siempre es la palabra de uno contra la de la otra. »

 

El abuso sexual a menores es el gran tabú del que no se habla.  Existe. Sucede. Se calla y se tolera.

 

El juez de Instrucción número 13 de Madrid ha ordenado el ingreso en prisión comunicada y sin fianza de Andrés Díez  por presuntamente haber cometido siete delitos de abusos sexuales a alumnas del colegio religioso Valdeluz Agustinos,.

 Andrés Díez, ex sacerdote, fue detenido el pasado martes por agentes de la Policía Nacional en el centro escolar, situado en el madrileño Barrio del Pilar del distrito Fuencarral-El Pardo.

La Policía le acusa de abusar presuntamente de al menos doce chicas, entre 12 y 18 años, contra quienes habría cometido delitos de abusos, exhibicionismo y agresión sexual.

 EL caso del colegio Valdeluz Agustinos está destapando otros asuntos turbios relacionados con delitos similares.

Un ex director del colegio Valdeluz, llamado Juan Carlos de la Hera,fue arrestado también por la Policía, en este caso por compra y posesión de pornografía infantil, y actualmente continúa imputado en la causa. No hay que confundir a este hombre con el que desde ayer es ex director, Eustaquio Iglesias, detenido por encubrir a Díez.

La familia de una de las víctimas acudió en 2007 al Centro Especializado de Intervención en Abuso Sexual Infantil, dependiente de la Comunidad de Madrid.  Allí se les aconsejó, como se hace «siempre» en estas circunstancias, que denunciaran al profesor.

«Los padres decidieron no hacerlo», zanjó este sábado Salvador Victoria, portavoz del Gobierno autonómico. 

Pero, una vez había tenido el centro Especializado conocimiento de los hechos, La Comunidad de Madrid no sólo podía haber denunciado, sino que tenía la obligación legal de hacerlo. Porque la misión del centro  y de la Comunidad es la de velar por la protección de los menores».

 La Comunidad de Madrid podía haber puesto en conocimiento de la Fiscalía los presuntos abusos cometidos por parte del profesor. 

Cualquier persona, y particularmente un funcionario público en el ejercicio de sus funciones, está obligada a denunciar hechos constitutivos de delito.

Si se demostrara, como parece y se ha dicho, que el director del centro escolar sabía lo que estaba ocurriendo y no lo comunicó a las autoridades competentes eso sí que podría ser constitutivo de responsabilidad civil por «encubrir» al agresor.

El psicólogo del colegio también tuvo conocimiento de algunos de los casos de abusos sexuales cometidos en el Valdeluz, pero se ha acogido a su secreto profesional para justificar que no denunció los hechos.

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Habla Almudena Martínez :

Hoy, como madre de alumnos del Colegio Valdeluz y como miembro del Cuerpo de profesores de Ed. Secundaria de la CAM, agradezco enormemente la rápida actuación de esta Consejería al EXIGIR la DIMISION INMEDIATA del director y subdirector de este centro, acción que la prensa religiosa disfraza como “puesta a disposición de sus cargos”. 

No agradezco tanto, en cambio, la labor de la prensa, ni de esa seudoprensa que llena internet. Creo que, una vez dada la noticia, lo que viene después es un continuo vómito amarillo que no favorece a nadie, y mucho menos a las víctimas. Esa víctimas cuyas declaraciones han sido hoy expuestas en público, con todo lujo de detalle, a dos páginas, en los diarios de la mañana. Flipante.

En casos como éste es inevitable expresar la tristeza la y la indignación, es natural que en algún momento esta rabia se haga extensible a todos los curas, a la madre que parió a todos, al Vaticano…

Pero creo que cuando todas estas expresiones de rabia salen de los límites de FB para pasar a los medios “serios”de comunicación ya es otro cantar, y este cantar se convierte en la monserga de siempre contra todos los católicos, contra todos los curas, contra toda la Iglesia, contra todos los padres incautos que dejamos a nuestros hijos en manos de… bla bla bla (en el texto original no pone exactamente “incautos”, ni bla bla bla, sino cosas peores).

No soy una buena católica practicante, ni soy precisamente pro-Valdeluz, y los que me conocen lo saben, pero considero ASQUEROSO utilizar un hecho tan delicado y doloroso como este para intentar socavar más aún las creencias, las convicciones y la fe de muchas personas.

Si fuese cierto que en el colegio hay otros casos por destapar, que sea la justicia quien contribuya a hacerlo. Pero poner a las víctimas en el punto de mira de la prensa nacional creo que no es precisamente apoyarlas. Apoyar es permitir que los chic@s, ya sean afectad@s, allegad@s, ajen@s… se expresen como les dé la gana, que puedan hablar claro con sus padres, en su FB y con las autoridades. Montar ahora una polémica en torno a la tesis «todos los curas son pedófilos» no ayuda más que a desviar la atención de éstos posibles casos y otros que pueden estar dándose en lugares donde el clero no está presente.

Dejemos que sean implicados, víctimas y testigos quienes hablen en un proceso justo y no en juicios paralelos.

Y dejemos que sea Dios quien compadezca al delincuente, porque a nosotros nos cuesta bastante trabajo.

 

8 comments for “El caso Valdeluz, los curas, el abuso sexual…

  1. Yo misma
    16 febrero, 2014 at 19:30

    Yo estudié en los agustinos no en el Valdeluz, otro, muchos nombres de los que ahora salen, fueron mis profesores.
    A mi ,jamás, nadie me dijo o hizo algo que me incomodase, eso si, mis padres estaban muy cerca ojo avizor, y yo, incluso con la empanada adolescente, supe retirarme y alejarme de aquella ponzoña.
    En mi cole había niños internos….no podría decir que eso pasaba ,o que yo lo vi, o que alguien me dijo claramente, pero si que había muchos rumores de todo tipo. Creerme que he tenido compañeros que eran hijos de gente con dinero, dejaban allí a sus retoños y los recogía su chofer los viernes con suerte….juntemos pues a un montón de hombres que su idiosincrasia les obliga al celibato, con un montón de nenes indefensos con los que convivían. Creo que los había a partir de 8 años.

    Y ahora sale esto…

    Pese a la mala y pésima educación recibida con los curas, escape cual Lucía Etxebarria a la universidad pública, donde mis notas viraron de forma radical a lo más alto…he estudiado a la vez varias carreras, todas con muy buena media. Aunque los curarás auguraron para mi un futuro mucho más negro….(tengo que decir que mis padres no eran millonarios, pagaron el cole con mucho esfuerzo, y lo que si había objetivamente en ese cole era CLASISMO)

    En fin, ahora soy una feliz profesora de instituto público profesión que elegí quizás para ayudar a adolescentes, como no hicieron conmigo.

    Mi reflexión, la que quiero compartir es, por favor, defender la escuela pública, entre otras cosas somos transparentes.

    • xabi
      16 febrero, 2014 at 21:09

      Completamente de acuerdo en la pública ,…eso no pasaría ni una segunda vez…no hay intereses económicos de fondo…ni tanta gente «cuasienferma» agrupada

    • Carmen
      17 febrero, 2014 at 06:59

      Estoy de acuerdo con tu defensa de la Escuela Pública. nunca podemos decir taxativamente «esto no pasaría» pero si ocurriese, los directores o cualquiera de los profesores, lejos de taparlo lo denunciarían.
      De todos modos no sé si habéis observado que los padres y madres son mucho más exigentes en la pública que en la privada. En la pública, por mi experiencia, son exigentes y en la privada comulgan con ruedas de molino. Debe ser que eso de rascarte el bolsillo te deja la conciencia tranquila y crees que ya has cumplido.

  2. xabi
    16 febrero, 2014 at 21:05

    A ver…alguien que entienda…¿ me puede explicar alguien esa sexualidad enfermiza de la iglesia católica?…gente reprimida, axfisiada psicologicamente,..con tabús, barreras, ideas preconcebidas,…¿ES CASUALIDAD O LOS CASOS DE ABUSOS EN ENTORNOS RELIGIOSOS ES MAYOR?…Y lo que es peor,…si hay casos el jeje de estudios y el director,…el obispo..LO TAPAN!!!….Si eso pasa en la pública, pasa una vez y a ese mal enseñado o enfermizo va a juicio….y presumen de educación de calidad,….no odio a nadie,…pero me lo poneis muy difícil

  3. Cristina
    16 febrero, 2014 at 21:34

    Todos los casos de pederastia son condenables y hay que manifestar el rechazo a tales abusos. Pero es triste que algunas personas solo se escandalicen y monten el pollo cuando se trata del clero o esté relacionado de alguna manera con la iglesia. Defiendo la escuela pública, peo no le quito ningún mérito a la privada, que por otra parte bien de dinero que le ahorra al estado y en consecuencia a nosotros. Y respondiendo a «Yo misma» decirte que igual que puede pasar en un colegio religioso, puede pasar en uno público. Lo curioso es la forma en la que se trata la noticia en ambos casos. Mucha discreción veo en el caso del colegio de Montseny… http://www.publico.es/actualidad/502124/apartan-a-un-profesor-de-barcelona-por-posibles-abusos-a-seis-ninas

    • Ana
      17 febrero, 2014 at 03:36

      Quiza deberias informarte de hasta que punto se financia la escuela privada con NUESTRO dinero

    • Carmen
      17 febrero, 2014 at 07:05

      Cristina, los abusos los comete un determinado tipo de personas y éstas están en todos los ámbitos de la sociedad. La escuela pública no se libra de esos indeseables. La diferencia es si se tapan o se denuncian. Que salga en la prensa es lo de menos, donde tiene que llegar la noticia es al Departamento de Educación por un lado y al juzgado por otro. Según la noticia que enlazas se apartó al profesor de las posibles víctimas, en ningún caso se le encubrió como en el caso que nos ocupa.

    • Yo misma
      17 febrero, 2014 at 20:49

      Hola Cristina,

      Como bien dice Carmen, en un instituto o colegio público, cualquier compañero o equipo directivo no taparía u ocultaría un suceso del estilo. Nosotros no perdemos nada con denunciar, sólo ganamos en transparencia y en moral.
      Ante todo quiero expresar mi opinión, porque conozco bien ambos lados, y definitivamente me quedo con el público. Que por cierto es mucho más barato para los padres que el concertado, he infinitamente más económico que el privado. En ningún caso supone ningún ahorro para el estado, por favor infórmate bien.
      Mis hijos no pisarán un cole ni privado ni concertado.
      Entiendo que otros lo hagan, gracias a la constitución los padres tienen libertad de elección de centro docente.
      Pero no os equivoquéis, ni el dinero hace pedagogía ni el hábito hace al monje.

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