EL BUEN CAMINO DE LA PRECARIEDAD LABORAL

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Por David Hernández

Ayer leía en la prensa la historia de una joven de 24 años que había denunciado a la empresa catalana Ecoline 2010 tras lesionarse durante una entrevista de trabajo. El negocio, dedicado a la venta de aspiradoras, realizó un proceso de selección a 40 aspirantes el pasado mes de octubre. En él, se realizó una dinámica de grupo similar al juego del pañuelito con un billete de 50 euros, que se lo quedaría como premio el primero en cogerlo. El jueguecito acabó con una avalancha que causó a la joven la rotura de una vértebra, que la ha mantenido cinco meses de baja.

La muchacha contaba al diario Público que, aunque los responsables de la empresa vieron que no se podía levantar, no fueron capaces de llamar a la ambulancia y fue una compañera quien la acompañó al hospital. Ese mismo día, quizá para evitar la denuncia de la que después no se libraron, la empresa le hizo un contrato indefinido a tiempo. Durante un mes, no se pusieron en contacto con ella para preguntarle qué tal se encontraba. El 21 de noviembre, recibió un burofax en el que le informaban de su despido argumentando que no había superado el periodo de dos meses de prueba.

Éste es un ejemplo de la precariedad laboral que tenemos en nuestro país. Por eso, me indigna cada vez que sale Rajoy con su falsa sonrisa a decir que vamos por el buen camino, que crecen las altas en la seguridad social y disminuye el desempleo. No se tiene en cuenta la precariedad laboral de quienes se dan de alta en la seguridad social, muchas veces con trabajos de un mes en los que el empleado no gana nada con un contrato de prácticas o cobrando solamente a comisión como comercial. Además, tampoco se tienen en cuenta las personas que emigran ni habla del aumento de desempleados sin prestación alguna.

¿Por el buen camino?

Mi amigo Lucas, licenciado en publicidad y relaciones públicas, tras haber trabajado como publicista en una productora que tuvo que echar el cierre por la crisis, lleva un año enlazando un trabajo precario con otro. La mayoría de las veces, como azafato y promotor o figurante, empleos a los que antes recurrían los estudiantes para ganar 200 euros al mes para contar con algo de dinero para pequeños gastos.

A diario, Lucas bucea en todas las páginas de búsqueda de empleo. La mayoría de las ofertas se parecen mucho en condiciones y precariedad: comerciales a jornada completa con contrato de prueba y sueldo a comisión, community managers con contrato de prácticas a jornada completa por 150 euros al mes, comerciales telefónicos y captadores de ONGs. Cuando buscan camarero o dependiente, además de apuntarse más de 1.000 personas a las pocas horas de anunciar la oferta, a veces, piden hablar ruso y/o chino, además de inglés, y exigen más de 3 años de experiencia, con un salario que no llegará a los 1.000 euros brutos.

p013360_sombrero_hot_dog_1Hace algunos meses, cerca de la Puerta del Sol, abrieron un pequeño local de perritos calientes para llevar. Lucas vio una oferta de empleo para trabajar en el establecimiento en horario nocturno. Acudió a la entrevista y allí le recibió un señor de bigote y barriga bastante déspota. Tras varias preguntas curriculares, comenzó a explicarle lo que ofrecía la empresa: “busco gente joven, como tú, con buena imagen, por eso no quiero extranjeros.” Si no empezaba nada bien, seguía peor. “Te pagaría 800 euros brutos en 12 pagas, que si trabajas bien y el negocio va bien, podrían ser más en pocos meses, y el horario sería de lunes a domingo, librando dos días entre semana, de 10 de la noche a 10 de la mañana.” Es decir, que le estaba ofreciendo trabajar 12 horas al día por unos 3 euros netos la hora.

En ese local le ofrecían unos céntimos menos la hora que en una de esas cadenas de hamburguesas basura a cuya entrevista de trabajo también acudió. Tras un vídeo publicitario de la empresa de 45 minutos, rellenó una ficha y le dieron una charla de media hora en la que les contaban que querían gente muy entregada para elaborar hamburguesas, servicio y limpieza del local. Vamos, que lo mismo le tocaba limpiar los baños y, nada más terminar, preparar hamburguesas, patatas y aros de cebolla. Por poco más de 3 euros la hora y en un contrato de 39 horas al mes, a partir de ahí, contarían como horas extra, para no hacerles un contrato de jornada completa y ahorrarse un dinerillo.

Esta semana, ha acudido a otra entrevista de empleo. Una empresa de publicidad y marketing buscaba relaciones públicas. O eso le dijeron. Al llegar a la entrevista, le contaron que buscaban “relaciones públicas” para vender alarmas de seguridad a puerta fría, es decir, casa por casa. Para empezar, ya no se trataba de una oferta de relaciones públicas sino comercial. En segundo lugar, no le ofrecían un sueldo fijo mínimo, cobraría a comisión por cada alarma vendida. Además, de no conseguir vender un mínimo semanal, sería despedido.

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La experiencia de mi amigo Lucas no es más que un ejemplo de las miles de personas que cada día, como él, se encuentran con esta situación. Trabajos precarios que no dan ni para pagar el alquiler. Mientras tanto, Rajoy se ríe de todos nosotros diciendo que España va por el buen camino. Pero, abaratando el despido y permitiendo la precariedad, no se solucionan los problemas.

Twitter: @_davidhernandez