DANIEL DE VICENTE

“Todos me decían que me había vuelto loco, que no hiciera la obra”

 Daniel de Vicente Madrid 29 10 12 © Enrique Cidoncha

Por David Hernández

Son las 12.30. En el intercambiador de Moncloa, hay un trasiego de estudiantes. Entre la marabunta de universitarios veo a Daniel de Vicente. La estación de metro en la que nos citamos y la mochila que cuelga de uno de sus hombros, no dejan lugar a dudas de dónde viene. Se ha tomado un pequeño descanso en la facultad de ciencias de la información, donde estudia periodismo, para poder charlar sobre el momento que está viviendo. Su semblante irradia felicidad. Está viendo realizado su sueño. Acaba de cumplir 23 años y su regalo ha sido poder celebrarlo en el interior del Teatro Lara, produciendo y dirigiendo ‘Cordón Umbilical’, una obra original escrita por él mismo.

Las gafas de pasta le aportan cierto aire de intelectualidad. No es cuestión de estética, es más, prescinde de ellas en las sesiones fotográficas. Daniel de Vicente es un joven con mucha cultura, savoir-faire y larga conversación. No es chico de monólogos, sino de diálogos, de los que hablan, pero también escuchan. Su personalidad sorprende porque no es un muchacho común.

CARTEL_LARA– El público se sorprende de que hayas podido escribir, producir y dirigir una obra de teatro a tu edad.

– En realidad, es bastante sencillo porque lo único que he hecho ha sido ahorrar durante 4 años, desde los 18 hasta los 22. Ahorraba el dinero que ganaba en mi anterior trabajo. Mientras lo hacía en vista a producir la obra, iba escribiendo el texto. Como sé que ser autor español de teatro, actual, vivo y, sobre todo, joven, como es mi caso, no interesa a los programadores y a los productores de teatro, ya que buscan siempre dramaturgos muy conocidos o los espectáculos que han triunfado en París o en Londres o hacer una versión de un clásico, la única opción que veía para estrenar mi obra era que yo mismo fuera el productor. Cuando tuve un dinero para producir la obra lo más barata posible, me puse en contacto con actores y otra gente y empecé a producirla. Luego empezamos con el proceso de ensayos y a dirigir la función.
Sorprende supongo porque no hay muchos casos, pero creo que, a veces, tienes que tirarte a la piscina. Si confías en tu texto y tienes muchas ganas de estrenar una obra, si te esfuerzas y trabajas para ello, terminas realizándolo.

-No sé si es más raro que hayas podido escribir, dirigir y producir una obra con 22 años o que un chico de 18 años decida empezar a ahorrar para montarla. Puede hacerlo para irse de vacaciones, comprar un coche… o gastárselo todo de fiesta.

-¡Cierto! Pero no soy un chico demasiado común. Podría haber ahorrado ese dinero para hacer otras cosas que me hubiesen gustado, como ir al extranjero a vivir y aprender otro idioma, comprarme una moto o irme de vacaciones. Pero siento tanta ilusión por la literatura y el teatro, que quería ver mi sueño cumplido. Cuando tienes un sueño tan grande, la única opción es hacer todo lo que puedes para hacerlo real. Mi única opción era que se estrenara la obra con todas las consecuencias.

-Por entonces, ya tenías una serie de relatos escritos, aunque aún sin publicar.

-A los 16, escribí un libro de relatos y lo dejé en un cajón. No sabía cómo contactar con editoriales, ni con agentes literarios, ni cómo publicarlo. Cuando fui un poco más mayor, con 20 años, lo mandé a una editorial y me dijeron que querían publicarlo. Todo esto surgió por el hecho de escribir, que es lo que yo quiero.

-¿Cómo conseguiste contar con el prólogo de una consagrada escritora como Rosa Montero ya en tu primer libro?

-Me encanta Rosa y fui a la Feria del Libro a que me firmara unos libros. Compré dos novelas diferentes y me las dedicó. Cuando la dependienta de la caseta me dijo “es tanto dinero”, saqué la cartera y me di cuenta que me faltaba algo de dinero para pagar unos libros que ya estaban firmados. Entonces, hubo un momento en el que todos nos quedamos incómodos. Yo me moría de la vergüenza. Entonces, Rosa, que es una persona encantadora, amable y buena gente, y ¡ojalá todo el mundo fuera como ella!, salió del paso diciendo: “bueno, no te preocupes, yo te pongo los 8 euros que faltan.” Sacó su cartera y pagó su propio libro. Yo tenía 16 años y me fui a casa avergonzado. Al día siguiente, ella volvía a firmar. Entonces, volví de nuevo. Esperé toda la cola, que recuerdo que era enorme. Cuando llegué a ella, me miró y le dije: “vengo a traerte el dinero que te debo.” A la vez, le llevé un manuscrito en Word con el libro de relatos que yo había escrito. Me dio las gracias y me dio su correo electrónico para seguir en contacto. Prometió que lo leería y me escribiría para darme sus impresiones. Lo hizo, me dijo que le había gustado mucho, que tenía talento y que siguiera escribiendo. Cuando cuatro años después surgió la publicación del libro, se lo conté y le dije que me encantaría contar con su prólogo, ya que había sido la primera en leerlo. Fue una historia que pasó de casualidad. De haberlo planeado, no hubiera pasado nada de esto. Son sorpresas que a veces te da la vida.

Portada Cordón umbilical-Ahora, has visto publicado tu segundo libro, con el texto de ‘Cordón Umbilical’, a la vez que se estrenaba en los teatros.

-Me encanta ver el texto publicado porque el teatro también es literatura y estoy feliz de verlo representado porque el teatro también es escena. Que se hayan dado estos dos hechos es maravilloso porque ¡¿qué hay mejor que ver publicada tu obra y que la puedan leer tal y como la has escrito tú y que se la puedan imaginar como está y que luego vean la propuesta que nosotros les estamos dando?! ¡Yo estoy encantado!

-Además, la ha publicado Ediciones Antígona, una de las editoriales más punteras.

-Es la mejor editorial de teatro contemporáneo que hay en estos momentos. Por ejemplo, Miguel del Arco, va a publicar ahora sus obras allí. Es una editorial estupenda, que me encanta y me fascina como lector y, ahora, también como autor.

-Si comentabas que no era muy común que un autor joven y español llevase su obra a los escenarios en este momento, aún lo es menos que se le publique su texto.

-Es muy complicado publicar teatro, seas autor joven o viejo, autor novel o prestigioso y consagrado. Hay autores españoles como Juan Mayorga o José Sanchís Sinisterra, que son dramaturgos internacionales, que no publican en España. El problema es que no están por publicar los textos teatrales porque no hay lectores de teatro por desgracia. Los editores no apuestan por él porque no se vende y no hay una tradición. Por eso, yo con sólo haber publicado el texto, ya estoy encantado.

-Sin embargo, es un género muy sencillo de leer y muy actual.

-A mí me encanta leer teatro. Es muy agradecido porque los diálogos se leen más rápido que una novela, es muy visual y vivimos en una era muy visual. En esta era del Messenger y el Whatsapp nos pasamos la vida escribiendo diálogos, y el teatro es diálogo. Es un género muy actual y muy presente. Si se educase más en este sentido, podría ser un género que sí gustase. Aunque entiendo que la gente lo que quiere ver al final es el escenario y a los actores, pero no hay que olvidar nunca que el teatro es actor y es texto. Sólo el actor no es nada, pero el texto, en cambio, sí es autónomo e independiente.

-¿El error podría estar en los colegios?

-Las obras que mandan leer en los colegios son una vergüenza absoluta. A mí que me gusta leer y escribir, no leía las obras que me mandaban porque, obviamente, no puedes leer un libro del siglo XV con 15 ó 16 años. No es tu lenguaje, no te sientes identificado, la comprensión es complicada. El problema es que no se valoran las historias contemporáneas.

-No salimos de los clásicos.

-Vivimos anclados en hacer versiones de Shakespeare, de Chèjov, de Tennessee Williams. Versiones y adaptaciones de los clásicos. ¡Los únicos textos contemporáneos que hay son del siglo XX! Ninguno es del siglo XXI. En el cine, cuando se escribe un guión se escribe una historia actual, de ahora, en el teatro no.

Daniel de Vicente © Enrique Cidoncha 05 05 2011-¿Por eso cuando vas al teatro y miras a tu alrededor notas que eres el más joven de la sala?

-No hay gente joven lectora ni espectadora de teatro porque se les están dando historias con las que no se sienten identificados. A mí me gustaría ir al teatro y ver más historias con las que me sienta identificado. Historias que tengan que ver más con mi día a día, con la sociedad en la que vivo, con la actualidad. Uno de los problemas está en los textos, en que no se da importancia a los contemporáneos, que va a tener que pasar un siglo para que alguien diga que una obra escrita ahora es buena. Eso pasa mucho en colegios e institutos. Los clásicos están muy bien, pero un autor vivo es lo más maravilloso que hay.

-Con los programadores y los productores pasa algo similar.

-Están anclados en versiones y adaptaciones de clásicos y contemporáneos del siglo XX como Harold Pinter y David Mamet, que son autores del 70 y el 80. Eso no es actual. Fui a ver ‘Perversiones sexuales en Chicago’, y a mí me encanta David Mamet, pero yo no vi las perversiones por ningún sitio. Yo creo que es un texto que sería maravilloso en su época, pero a mí no me aportó nada como espectador. Y respeto muchísimo a David Mamet y a la compañía. Creo que falta arriesgarse más los productores, programadores, editores, profesores, a que demos el valor que tienen las historias de ahora.

-¡A pesar de todo, conseguiste estrenar tu obra! Lo hiciste en la Sala Triángulo, un teatro muy especial para ti.

-Es donde vi mis primeras obras de teatro. Me sentaba como espectador y soñaba con estrenar. De alguna forma, deseaba tanto estrenar una obra allí que se ha cumplido por lo propio de desearlo con todas mis ganas. Es lo que me comentas, que el dinero lo podía haber gastado en cualquier otra cosa, pero no. Cuando deseas algo tanto, tienes que hacerlo o hacerlo, es sí o sí. Era la única opción que tenía. Era como si todo estuviera predestinado para que mi esfuerzo y mi trabajo me llevasen a ello.

-El sueño no queda ahí…

-Pensaba que la obra se iba a quedar en tres días y que luego acabaría todo, pero continúa con la oportunidad que me han dado para que sigamos mejorándola y más gente la pueda ver. El estreno fue bastante flojo, porque en los estrenos siempre hay muchos fallos. Sin embargo, un programador vino ese día y nos dijo que quería darnos funciones en el Teatro Lara. ¡No en el hall, en el propio teatro, con esa preciosidad que es, siendo de los más antiguos de Madrid y el más bonito! ¡No me lo creía! Mi primera obra y ya en el Teatro Lara… -comenta, como si aún no se lo terminara de creer del todo y temiendo despertar en algún momento.

-¿Supone mucha responsabilidad?

-Mucha, porque es un teatro de 500 butacas y nosotros no tenemos una repercusión en los medios de actores conocidos, autor conocido, gente popular… Ahora se estila mucho que los actores en el teatro sean famosos, lo que me parece una gran desgracia. Pero, claro, hay que vender entradas y buscar una rentabilidad. ¡Ojalá se vendan entradas! Y no por ganar dinero, sino porque el trabajo se vea recompensado y pueda pagar a todo el mundo como se merece. No tengo afán de ganar dinero con este proyecto.

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El joven dramaturgo habla con madurez, pero sin perder la inocencia y las ganas de volar, tan propias de la edad. Rodeados de cuadros postimpresionistas en una cafetería que homenajea a Van Gogh, hablamos de los obstáculos con los que se encontró, intercalando las palabras con los sorbos que de vez en cuando da a su vaso de zumo de melocotón. Las piedras no fueron pocas. Sin embargo, no le cortaron las alas. Aunque parezca extraño, no provenían de su entorno familiar ni de su círculo de amistades.

-Los más críticos contigo fueron tus compañeros del mundillo.

Dejé leer la obra a muchos directores, actores, productores… y mucha gente me decía que no la hiciera. Me decían: “son seis actores, te has vuelto loco, tienes que escribir obras para dos o tres actores” – comenta engolando la voz.- No sé. Mucha gente me decía cosas como que no debía hacerlo, que estaba muy bien, que publicase el texto, pero que escribiese otra obra. No me apoyaron mucho en la profesión.

-Hubo un actor que sí lo hizo, Luis Merlo.

-Cuando lo conocí, ya estábamos ensayando la obra. Se la dejé leer y me dijo que le había gustado mucho. Él se ofreció a escribir el prólogo. Es encantador, me ha ayudado muchísimo y ha confiado mucho en la obra. Es muy gratificante que un actor la lea y diga lo que él comenta en el prólogo, que los diálogos están pensados para el actor ya como si tuviesen una escena. A mí que no soy actor y no me considero actor, ni me considero director ni dramaturgo, en realidad, no me considero nada, que un actor de su prestigio y su profesionalidad me diga que él ya ve la obra representada cuando la está leyendo en su casa, pues es muy gratificante. Por una parte sí que hay gente como Luis Merlo o Juan Carlos Rubio que me han apoyado mucho. Pero han sido los menos.

-Nada te para. De hecho, ya tienes nuevos proyectos en mente.

-Tengo un libro de relatos por la mitad, que espero terminar este año si me deja la obra de teatro. También quiero escribir otra función. Pero bueno, ahora mismo no tengo muy claro lo siguiente que voy a escribir o hacer. Quiero aprovechar la oportunidad que se me ha dado en el teatro y seguir trabajando en este mundo y seguir escribiendo literatura, tanto narrativa como teatro, y dirigiendo, que es lo que me gusta, aunque en algún momento necesitaré vivir de algo y esto no es rentable. No se puede vivir del teatro y de la literatura menos. Es casi imposible vivir de ser autor.

 

Twitter: @_davidhernandez

‘Cordón Umbilical’ se representará en el Teatro Lara los días 28 de abril y 5 y 12 de mayo a las 20.30.

4 comments for “DANIEL DE VICENTE

  1. Victor Manuel Ruiz
    17 abril, 2013 at 11:45

    Personas como estas son las que deberian estar en los telediarios. Le deseo la mejor de las suertes. Y a seguir currando.

  2. Angustias
    17 abril, 2013 at 19:37

    Totalmente de acuerdo. Yo misma iré a ver la obra el 28 de abril con mis amigas Hortensia y Amparo. Espero veros a todos en Lara con vuestras mejores galas. Este muchacho lo merece.

  3. Amparo
    17 abril, 2013 at 19:38

    Suscribo el comentario de mi buena amiga Angustias. Ay, qué chico más talentoso. Y qué guapo!

  4. Hortensia
    17 abril, 2013 at 20:42

    Ardo en deseos de que llegue el 28 para ver la obra, tiene muy buena pinta y desde luego que este chico se lo merece!

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