Cuestión de fe

Por Gonzalo G. Chasco

Pasa por ser la otra gran favorita en la próxima edición de los Oscars junto a la ya comentada por aquí Lincoln de Steven Spielberg. Concentra 11 candidaturas, incluidas las de Mejor Película y Mejor Director, pero de momento no está teniendo gran fortuna en los premios ya concedidos…

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Nos avisan desde el principio: en la narración de Pi vamos a descubrir una historia portentosa, sobrecogedora, e incluso una prueba de la existencia de Dios. Desde luego, con tan altas expectativas creadas hay que tener una considerable confianza para conseguir estar a la altura de lo prometido.

Pues sí: la odisea de Pi nos atrapa, nos emociona, nos deslumbra. En fondo y forma. 

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Pero le cuesta un poquito: la introducción para presentarnos al protagonista resulta necesaria porque nos familiariza con los personajes e ingredientes que han de jugar un papel primordial en lo que vendrá, y nos sumerge en una ambientación de fábula muy apropiada; pero se nos alarga, y tiene un tono costumbrista y amable, de simpático pero poco incisivo humor blanco, que no parece aportar nada de lo excepcional que esperamos.

Y entonces sucede el naufragio y entramos en la parte central de la narración; esa odisea de supervivencia en medio del mar que el protagonista experimenta rodeado de animales. Y todo cobra sentido. Lo que se nos antojaba de una pasmosa sencillez adquiere múltiples significados: las cuestiones trascendentales y religiosas que desde niño Pi se lleva planteando, el porqué de los elementos circundantes a la narración, o las constantes alusiones a las dialécticas entre Naturaleza y Cultura, entre realidad y ficción, entre razón y fe.

No puedo decir que aporte la prueba definitiva de la existencia de Dios; creo que en realidad tampoco lo pretende. No es una película religiosa. Es una reflexión sobre las vías de Conocimiento: interno y externo, de nosotros mismos y del Universo que nos rodea. Es un viaje que cada espectador debe emprender e interpretar. Al fin y al cabo, se trata de los mecanismos que los individuos adoptamos para hacer frente a la realidad, para llegar a la Verdad, aunque sea a través de la Mentira, de la Ilusión, del Mito.

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Suena excesivamente “profundo” y trascendente pero, y ahí está otro de sus grandes  méritos, resulta maravillosamente ameno. Te cautiva. Porque no se trata sólo de la extraordinaria aventura que nos narra el protagonista. Tales ambiciones no serían posibles sin una forma adecuada, y ahí es donde se luce uno de los más brillantes y eficaces realizadores  contemporáneos, uno de los mejores narradores actuales: el director Ang Lee, capaz de adaptarse con brillantes resultados a contextos, personajes y circunstancias tan diversas como los de El banquete de bodas, Sentido y Sensibilidad, Tigre y Dragón, Brokeback Mountain o Deseo, peligro.

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Con La vida de Pi, Ang Lee otorga pleno sentido al empleo de la espectacularidad visual que permiten las nuevas tecnologías, pero al servicio de una historia y de unas emociones, no por el efectismo del artificio. El envoltorio visual es apabullante, y no puede menos que recomendarse su visionado en pantalla grande –ya sea en 3D o no, pero mucho mejor en una sala de cine-.

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El resultado es excelente y reconcilia al espectador con las nuevas formas espectaculares de hacer cine, cuando éstas son capaces de aliarse con la narración clásica que atiende a la recepción inteligente y sentida del espectador. Es cierto que al final la película se resiente por una absolutamente innecesaria explicación de lo visto por parte del personaje que cumple la función de receptor de la historia (la función del espectador), no vaya a ser que a alguien se le escapen los simbolismos. Absurdo, pero es un detalle que mejor obviar y seguir manteniendo la ilusión por un film recomendable a todo tipo de públicos.

 

 Gonzalo G. Chasco

gonzalogchasco@gmail.com

6 comments for “Cuestión de fe

  1. Albert
    1 febrero, 2013 at 08:40

    Fui a verla al cine y reconozco que, por grandes expectativas mías, salí un poquito descolocado de la sala… Imágenes preciosas, historia bonita… pero le encuentro a faltar algo (y no sé el qué). El final me descolocó mucho!

  2. lolita
    1 febrero, 2013 at 11:14

    Gonzalo estoy en completo desacuerdo contigo. A mi «la vida de Pi» me encanto (ojo, que me tire toda la peli llorando emocionada). Pero lo que la hace un peli «redonda» es la confesion del final en el hospital. Sin esa «confesion» la pelicula no tendria sentido y seria un bluff sin profundidad de ningun tipo. como bien dices tu «se trata de los mecanismos que los individuos adoptamos para hacer frente a la realidad, para llegar a la Verdad, aunque sea a través de la Mentira, de la Ilusión, del Mito». Sin la «confesion del final» esto ultimo no se entenderia.

    • Gonzalo G. Chasco
      1 febrero, 2013 at 13:19

      Lolita, estoy de acuerdo contigo en lo de la «confesión», es el punto álgido de la historia. Me has entendido mal: lo que yo reprocho es cuando, ante la confesión del protagonista, el interlocutor, la «explica» (no quiero desvelar nada por quienes no la hayan visto, me refiero a cuando explicita unos símiles que el espectador ya debía haber comprendido, con lo que ello implica, pues es de lo más emocionante de la película). Eso es lo que considero innecesario, pero es un detalle.
      La confesión POR SUPUESTO que es necesaria, y es terrible e impactante, se te cae el alma a los pies.

  3. lolita
    1 febrero, 2013 at 16:04

    «…me refiero a cuando explicita unos símiles que el espectador ya debía haber comprendido…»

    Gonzalo, llamame bruta o poco inteligente pero a mi jamas se me hubiera ocurrido que aquello era una…. (no quiero desvelarlo a los que no han visto la peli). Es mas, me fui a verla con mi familia y todos nos quedamos en shock con la confesion del final porque nos dio «la vuelta a la tortilla» a la peli en ese momento.

    • Gonzalo G. Chasco
      1 febrero, 2013 at 17:40

      Ay, me temo Lolita que es muy difícil explicarse cuando no se quiere desvelar algo.
      No me estoy refiriendo a esa «vuelta a la tortilla». Eso es fantástico. Me refiero a otra cosa, me refiero a cuando el otro personaje, el que escucha a Pi, dice las cosas en voz alta. Pi ya nos ha explicado la «versión B», y nos hemos quedado todos en estado de shock. Eso está muy bien. Y entonces, el otro personaje, haciéndose eco de la propia sorpresa del espectador, no hace sino «repetir» la versión de Pi, la que nos ha impactado, pero en plan explícito, como diciendo: «ey, espectador, por si acaso no te has dado cuenta: esto es así». Eso es lo que no me gusta, y es sólo una anécdota que me temo que no debía haber citado en el artículo porque es difícil explicarse bien y da lugar a confusión :(.
      Al fin y al cabo, lo importante es que, tanto a ti como a mí la historia nos ha resultado bellísima, emocionante e impactante, y es lo que cuenta.

  4. ALFONSO
    5 febrero, 2013 at 12:24

    Estoy de acuerdo contigo Gonzalo.La película tiene como bien dices alguna objeción que hacer en el estilo.Pero puedo decir que ha sido una de las películas que me han impactado más en el ultimo año. Esteticamente es una maravilla.Pero lo que más me impresionó es la calidad tècnica de la animación.Nada que ver con el «truño»(con perdón) de Avatar o similares. El tigre está allí verdaderamente.Gracias por tu estupendo artículo.

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