Cuenca Shore

La primera vez que lo intenté tenía 25 años.
Me pagaba las clases de mi bolsillo.
El profesor no hacía más que hablarme de las chicas con las que follaba, de si tenían las tetas más grandes o más pequeñas.
Yo entonces no sabía que ese tipo de actitud se llamaba “acoso”.
Solo sabía que cada vez me apetecía menos ir a clase.
Y por fin, dejé de ir.
Durante mucho tiempo ya no pude pagarme las clases. Y cuando sí que podía, trabajaba, trabajaba mucho lo que significababa que si llegaba a casa a las ocho de la tarde habiéndome levantado a las ocho de la mañana, lo último que me podía apetecer era irme a conducir a las nueve de la noche.
La segunda vez tenía casi cuarenta años.
Las autoescuela más cercana a mi casa está, en teoría, a media hora de autobús.
En realidad esa media hora de autobús se convierte en 45 minutos, gracias al tráfico de Madrid.
45 minutos ida + 45 minutos clase+ 45 minutos vuelta + unos 15 minutos de propina entre sube y baja del coche, espera al autobús etc = casi tres horas perdidas. Con una niña pequeña y muchísimo trabajo ( vivo no solo de escribir, también de hacer artículos y dar conferencias) perder tres horas se me hacía muy duro.
Me presenté dos veces. Suspendí ambas pese a que mis profesores aseguraban que iba preparadísima.
Perdí casi 3000 euros, entre el precio de las clases y las tasas de los exámenes . ( Cuando suspendes a la primera tienes que dar otras 35 clases, y pagar de nuevo tasas)
La segunda vez suspendí cuando la examinadora, después de decir que su marido vivía en Gerona pero que ella jamás viviría en Gerona porque “ no soportaba que hablasen catalán” me preguntó si yo era Lucía Etxebarria, la de la tele. Dije que sí. Me preguntó si a mí me parecía bien que en las escuelas se hablara catalán. Dije que sí. Me suspendió.
Cuando le pregunté a mi profesor si no se podía presentar una queja a tráfico cuando era evidente que mi profesora me había suspendido porque sí, me dijo “ Tú quéjate a tráfico y no aprobarás nunca más en la vida”
Mi tercer intento fue en Toledo. Volví a suspender, esta vez porque me puse nerviosísima en el examen.
Llevaba muy mal, pero muy mal, lo de no saber conducir. Viajo mucho, y nunca puedo alquilar un coche para moverme con libertad. No puedo ir a Ikea. Si tengo que ir a Bermeo es un complicación, porque Bermeo no está particularmente bien comunicado, y si quiero ir a una casa rural o a un pueblo perdido en La Alcarria, estoy en las mismas.
Así que me dije: Voy a cumplir 46 años ( el 7 de diciembre, pasado mañana). Es hora de que sepa conducir.
Y me fui a Cuenca.
La pregunta que os hacéis todos es ¿ En Cuenca regalan el carnet?
No, no lo regalan.
La segunda y la tercera son ¿ pagan los famosos un extra por aprobar el carnet? ¿ lo aprueban con más facilidad por ser famosos?
No. No es así. De hecho Blanca Romero y Mónica Cruz suspendieron en Cuenca.
Entonces …
¿ Por qué Cuenca?
Porque Cuenca solo tiene 56000 habitantes, no 4 millones como Madrid. El tráfico es muy simple, y los exámenes más. En Madrid en cada examen hay cientos, a veces miles, de aspirantes. Por lo tanto, como Tráfico no puede dar tanto carnet, las posibilidades de suspender son muy altas. El tráfico en Cuenca es muy sencillo, la autovía nunca está colapsada, la ciudad te la aprendes en dos días. Y tienes la posibilidad de hacer un curso intensivo en una semana, con tres clases diarias de lunes a sábado. (De hecho, yo, para ir sobre seguro, hice unas cuantas clases más, y fui dos semanas, de martes a viernes y de martes a lunes)
Lo malo: En Cuenca, en invierno, hace un frío mortal de necesidad. Es una ciudad bonita pero tiene muy poca luz, y no hay gran cosa que hacer, dado que pasear, en invierno, a partir de las seis de la tarde, no era una opción, debido al frío y a la poca luz. Eso sí, la Catedral por dentro es de las cosas más bonitas que he visto, el casco antiguo es espectacular, los paisajes dramáticos, de una belleza que cortaba el hipo, y las iglesias ( hay montones de iglesias en Cuenca) una maravilla.
Pero te puedes llegar a sentir muy sola.
Yo tuve la suerte de conocer a una gente estupenda de la que siempre guardaré buenísimos recuerdos: Alicia, Devi, Jentxu y Eva. Se creó un ambiente de complicidad muy grande. También hubo momentos en los que me deprimía mucho. Me moría de frío, echaba de menos a mi hija, tuve algún que otro encontronazo con mi profesor que debía creer que “ Refuerzo Positivo” era un modelo de wonderbra… Pero el caso es que aprobé. Y puedo asegurar que no, que no me regalaron el examen. Aparqué en dos maniobras, no me salté ningún stop ni semáforo en rojo ni cruce de peatones, no se me caló el coche, miraba a los espejos constantemente… lo hice casi ( casi) a la perfección, si no fuera porque hubo un momento en el que por poco me equivoco de carril. Pero no, no me han regalado el carnet. Puedo decir con orgullo que creo que conduzco bastante bien. Y que, además, me gusta.
Sinceramente, si vives en Madrid, yo te recomendaría irte dos semanas a Cuenca. ( Puedes reducirla a una si, como yo, te estudias el teórico en tu casa) Te va a salir mucho más barato incluso si te tienes que pagar alojamiento en Cuenca, porque es casi imposible que en Madrid te saques el carnet a la primera. Te lo vas a sacar en quince días, no en un año como en Madrid. Vas a ahorrar tiempo y dinero. Puede que conozcas a chicas tan adorables como las que yo conocí.
Eso sí: No vayas en invierno, vete en primavera. La que avisa no es traidora.