Cristina Alcázar

“Sueño con ser madre y formar una familia”

Por David Hernández

Un camarero uniformado y protocolario, cuyos modales rozan la artificialidad, sirve un café, acompañado de un par de bombones, y un refresco, con su correspondiente aperitivo. En la cafetería de un hotel de lujo, con sus sofás y sus sillones converso con Cristina Alcázar. Parece el lugar ideal para charlar relajados. Sin embargo, nos sentimos un tanto incómodos. Nos agrada nuestra compañía y también la conversación. Pero resulta extraño charlar bajo la mirada de todo un equipo de fútbol. Un grupo de adolescentes extranjeros, aunque no entienden ni una palabra de lo que hablamos, no nos quita ojo. La grabadora que está sobre la mesa enciende la curiosidad de todos ellos. Nada que ver con el público del teatro. Resulta más fácil cuando quien habla no eres tú, sino tu personaje.

Cristina Alcázar lleva toda su vida sobre las tablas. Aunque la popularidad la ha logrado a través del cine, trabajando en películas como ‘El penalti más largo del mundo’ o ‘El sueño de Iván’ y en series de televisión como ‘Cuéntame cómo pasó’, ‘Física o Química’ o ‘Los Quién’, entre otras muchas, cuenta con más de una veintena de obras de teatro a sus espaldas. En estos momentos, se encuentra de gira con  ‘Perversiones sexuales en Chicago’.

– Te ha tocado ser la aguafiestas.

– La obra habla de la imposibilidad de relacionarse ahora con alguien. El conflicto de relación de parejas. Hay una incapacidad de tener una relación pura de amor. Habla de eso, a través de dos chicas, muy amigas, y dos chicos, muy amigos. Cada uno de ellos tiene un punto de vista diferente de lo que es la realidad. El mío yo creo que es el más negativo. No cree en lo bonito y piensa que todo va a ir mal.

– ¿Tú cómo ves las relaciones?

– Prefiero darme golpecitos en la cabeza, pero disfrutar un poco de las emociones.

– En estos momentos estás haciendo teatro, pero también se está emitiendo al mismo tiempo tu última serie de televisión, ‘La Gira’. En alguna ocasión has comentado que, cuando no estás en pantalla, parece que no estés trabajando aunque estés haciendo teatro.

– Eso lo digo mucho porque es así. La televisión tiene esa cosa de ser efímera. Si estás seis meses sin salir en televisión, ya está, tienes que empezar de nuevo: “¡Hola! Trabajé en esta serie, no sé si os acordáis…” Es un poco complicado, pero bueno, es así la cosa.

– Parece que es más fácil atraer a la gente al teatro cuando eres una cara conocida de la televisión.

– Ahora mismo, como está todo tan mal, si no eres cara conocida… Las grandes producciones quieren caras conocidas. Y caras conocidas son la gente que trabaja en la tele. Es un poco el pez que se muerde la cola. Es un momento complicado. Yo no soy cabeza de cartel, a mí luego no me llaman para las entrevistas. Somos cuatro y a mí no. Tú dices: “¡Madre mía! ¿Qué tengo que hacer yo para ser una más?”

– ¿Cómo llevas eso?

– Lo llevo con mucha dignidad porque para mí lo importante es trabajar. Estar trabajando día a día. Todo lo que hay alrededor no me interesa.

– Y lo consigues porque todo esto lo compaginas con otro espectáculo, ‘Salto al vacío’, junto a Concha Delgado.

– Es un espectáculo muy cabaretero y estamos moviéndolo. Es una manera de estar todo el rato activas y sentirnos realizadas y felices.

Es cierto que Cristina necesita estar en movimiento continuamente. Esa energía incluso le ha llevado a terminar de ordenar archivadores a las 4 de la madrugada. “Soy un poco inquieta, cariño mío”, confiesa. “Necesito estar todo el tiempo haciendo cosas, organizando, y ya, pues cuando tengo la casa limpia, invento y dirijo un cortometraje.”

Su primer cortometraje musical como directora, ‘Aunque todo vaya mal’, está siendo un éxito. “De siete festivales que llevamos, nos han dado 5 premios”, explica irradiando felicidad. Sin embargo, después de tantos premios, aún se queda sin saber qué decir cuando suena el nombre de su película. “Siempre pienso: ¿Cristina, te puedes preparar el discurso? Porque nunca me lo preparo y no digo nada. Subo, lo cojo y digo ‘gracias’ y me voy.” Pero, en realidad, le “encantaría agradecer a todo el equipo” lo que hizo por ella, por apoyarla y por confiar en ella como directora. “Espero poder estar calmada un día, darles las gracias y dedicárselo a ellos”, explica.

– Hay muchos actores que creen que con la crisis está aumentando la creatividad. Tú lo ves de otra forma. No tanto que esté aumentando la creatividad, sino que eres tú mismo quien tiene que hacer algo porque, “si antes te llamaban dos veces, ahora no te llaman ninguna.”

– Totalmente. Pero es que nosotros, para sentirnos realizados, tenemos que sentir que estamos dentro de una creación. Como ahora no hay, lo más inteligente es crear desde tu casa y moverte y hacer cosas y estar activo. Si no te llaman mañana y te llaman dentro de tres meses, pues no pasa nada porque estás feliz y estás haciendo cosas.

– ¿Estás creando ya algo nuevo?

– Sí. Ya estoy con el siguiente corto, dándole a la cabecita y, en breve, intentaré levantarlo. Me costó dos años levantarlo, pero fue muy bien. Era un corto musical y hay 200 personas bailando al final.

– ¿Cómo conseguiste mover tanta gente?

– Soy de Elche, me fui allí, pedí ayuda y convocamos un casting, con la ayuda de mi compañera Silvia Montesinos, al que se presentaron 500 personas. Seleccionamos a 200 porque no podíamos con tanta gente. Ensayábamos con ellos y, cuando llegó el día de la grabación, no se repitió ni una sola vez por ellos. Cuando terminó el día, contabilizamos 240 personas. Vamos, que había gente de la calle que lo vio y se apuntó a bailar.

– Donde tampoco falta la creatividad es en Microteatro.

– Voy a Microteatro en mayo. Actué en noviembre y funcionó tanto que volvemos con otro espectáculo nuevo. Está muy bien. Pero, cuando traje a mi madre y a mi hermana, no lo entendieron. Mi madre decía: “¿pero esto qué es? Ahí abajo mi hija, 5 horas metida…” Sufrió un montón.

– Es que es demasiado pequeño. Y luego hay otro inconveniente. A veces, estás actuando y oyendo a tus compañeros de la sala de al lado. ¿Cómo consigues no perder el hilo?

– Concentración. Muchas veces piensas: “¿podéis gritar menos, cabrones?” Y, luego, había días de competiciones de a ver quién gritaba más. ¡Y los camerinos! ¡Tú no sabes cómo son los camerinos! El camerino es un rinconcito –señala indicando un cuadrado pequeño con las manos – y nos metemos 8 personas para cambiarnos.

– ¿Cómo son las vibraciones del Microteatro? Porque saber que estás actuando en un espacio donde había vacas muertas colgando del techo…

– ¡No me digas eso! ¿Es verdad? –su semblante cambia por completo, una mezcla de asombro y preocupación.

– Claro, antiguamente eso era una carnicería…

– ¡Por favor, no lo sabía! ¿Por qué me dices eso? – se queda unos segundos dubitativa y continúa: Pues es curioso. A mí me daba un poco de claustrofobia. Yo iba como espectadora y me daban ganas de salir corriendo de allí. Pero, estando allí actuando, es un sitio donde te sientes muy acogida. ¿Sabes lo que es tener tan cerca, cara a cara al público? –recuperando la emoción que la ha acompañado durante toda la conversación.

– ¿Esto demuestra que se puede hacer teatro en cualquier sitio?

– Sí, sí. Antes te pagaban un caché y el teatro hacía todo lo posible para que se llenase y, entonces, había mucha promoción. Ahora, te dicen: “toda la taquilla para ti”. Pero no ponen ni un cartel. Entonces, es un poco complicado. Lo que creo que hay que hacer ahora es comprar teatros movibles, hinchables, hacer carpas, ponerte en cualquier plaza y decir: “venga, señores, función.” Como se hacía antes.

– También se está comenzando a hacer teatro en los salones de las casas. ¿Lo has probado?

– Un compañero me dijo el otro día que si hacíamos teatro a domicilio. La verdad que la idea es buena. Pero me da pudor eso. Porque vas al Micro y sigue estando la magia, porque el espectador se tiene que ir, el actor se queda, aunque luego se salude. Pero, de repente, una casa… tú imagínate que están de fiesta, actúas y, luego, todos “¡¡eeeeehhhhhh!!” Pero algo hay que hacer diferente. Tienen que inventarse nuevas formas.

– ¿Cuál ha sido tu momento más comprometedor sobre las tablas?

– Me pasó una cosa en una función de ‘La felicidad de las mujeres’. Mi personajes es de comedia blanca, con mucho cuerpo… Yo tenía un accidente de coche y me quedaba colgada en los asientos boca abajo. Cuando me incorporé, me hizo la espalda “claca”. Tengo un problema de ciática y me quedo así – gesticula simulando sufrir un tirón. – Me acerqué a mi compañera  y le dije: “me acaba de dar un tirón en la espalda, no me puedo mover” – dice con voz de convaleciente.- Entonces, me fui y no podía ni cambiarme la ropa. Me cambié como pude y, luego, había una coreografía final. Entonces dije: “como he tenido un accidente, me he quedado así.” Y bailé como pude.

– Al finalizar la función, ¿directa a urgencias?

– Sí. Pero tuve que hacerlo, tienes que comértelo. ¿Cómo lo haces? Luego fue divertido porque mis compañeros decían: “mira la cabrona, que se quiere llevar el foco”. Porque los demás no sabían que me había dado.

Si hay un personaje que le gustaría explorar más es el de Candela en ‘Los Quién’, ya que se quedó a medio camino. “Me lo pasaba tan bien… y, además, como la sitcom mezcla esa cosa de teatralidad con la cámara…” Confiesa que era feliz porque uno de sus sueños era trabajar con Javier cámara. “Cuando iba a la escuela veía ‘7 vidas’ y estaba enamorada de Paco, quería un hombre como Paco”, confiesa. “Me quedaría con Candela para desarrollarlo, me he quedado con ganas de más.”

De momento, ‘Cuéntame cómo pasó’ también se ha quedado en el aire. Pero Cristina está convencida de que seguirá. “Es una gran serie que se merece su fin y tendrá su fin.” Lo es, es una gran serie, y lo demuestra el “continuar innovando después de 14 temporadas, siguen enganchando, están todo el tiempo dándole vueltas.” Sin embargo, oficialmente, no se sabe qué ocurrirá con la continuidad de la serie. Como siempre, hay una excusa: la dichosa crisis.

– ¿Cómo podemos enfrentarnos a la crisis?

– Hay que ser conscientes en todo momento de la realidad que te rodea. Pero, con esa conciencia, jugar y no hundirte más. Mi carácter está en que veo lo negro ahí, pero recibirlo con buena cara e ir directo a superarlo.

– ¿Mejor una comedia?

– Sí. Pero el drama tiene que estar. Tienen que estar todos los géneros. No puede ser uno más que otro. La comedia se infravalora. Es muy complicado que una comedia esté nominada a cualquier cosa. Es más difícil hacer comedia que drama. Lo feo de todo son los prejuicios. Da igual comedia, drama, que tragedia, que danza, que ópera…

– La última película en la que participaste fue ‘El sueño de Iván’. ¿Te sentiste identificada con ese personaje del niño que sueña por ser una estrella de fútbol?

– Sí, totalmente, por trabajar. Es una película tierna y muy bonita, sobre todo porque el niño lo hace desde un sitio muy bonito, desde la humildad. Desde pequeña he tenido el sueño de ser actriz.

– ¿Y ahora?

– Ser madre – señala con cierto brillo en los ojos.

– ¿Cómo lo llevas después de haber protagonizado ‘Yerma’?

– Fatal. Tengo ya una edad. Le digo a mi chico: “por favor, que tengo ya una edad.” Pero, cuando tenga que venir, que venga.

– ¿No vas a ir a buscarlo?

– Sí. Tengo muchas ganas además. Por encima del trabajo, mi sueño es formar una familia.

– ¿Y qué te paraliza?

– Es que estoy todo el rato pensando: “no, que ahora estoy trabajando…” Y llega un momento en el que dices: “mira, es que si no viene, pues no viene bien…” ¡Pero ya está! ¡Toca! He tomado la decisión de que, cuando tenga que llegar, que llegue, sin pensar en el trabajo. Hay que ir. Te pones como metas: “cuando ruedes tres películas, entonces”. Luego, “no, cuando cinco…” ¡Y no! ¡Ya está!

Twitter: @_davidhernandez