Convivir con un adicto: Diez mil noches en ninguna parte

 

Ramón Salazar ha estado más de dos años impartiendo cursos a actores, en los que escribía para cada alumno una biografía personal e intransferible de un personaje. Luego, jugando con sus secretos, su pasado y sus deseos, los actores debían desarrollar su biografía completa a través de improvisaciones en las que interactuaban con los otros, sin saber cuáles eran los objetivos de los demás.

Y Ramón se preguntó : ¿Y si este fuese el planteamiento de mi siguiente película?

Ramón comenzó elaborando una gran paleta de referencias con las que poder trabajar visualmente durante el proceso de producción. Fotografías, citas, recortes, pinturas, música…

Y a partir de ellas definió un itinerario, un camino del  protagonista que  inicia un viaje desde  la oscuridad hacia la luz; la abstracción hacia lo concreto; la definición hacia lo desdibujado; lo anónimo hacia lo conocido. «Y esto se aplica a todos los elementos de la historia: desde los visuales (la película pierde nitidez poco a poco y los colores se desdibujan como los de unas revistas al sol); hasta los personales (los personajes no tienen nombre -ni siquiera el protagonista-  y se definen por lo que son con respecto a él –La Madre, La Hermana, Su Amiga-, excepto cuando encuentra a su nueva familia en Berlín, y allí tienen todos un nombre propio)» dice el propio Salazar.

 

La película plantea una historia sobre la coexistencia, las bifurcaciones o las decisiones no tomadas. El punto de vista es el de una persona que recuerda  por ráfagas, como lo hacemos en una reunión de amigos recordando hazañas del pasado, con el único nexo de unión de la emoción.

 

En cuanto a la película, mi opinión personal es ésta: Me parece increíble la historia central. Una madre alcohólica ha hecho algo a los dos hijos, algo secreto, algo que jamás se nos revela, algo tan brutal que ha dejado a sus dos hijos incapaces para construir relaciones, para vivir. La hija odia a la madre, sin paliativos, y aún así se ve obligada a cuidar de vez en cuando de ella. El hijo ha construido con ella una relación dependiente y enferma de amor y odio. Todos los que hemos convivido alguna vez con un adicto reconocemos a esta madre manipuladora y narcisista, que culpa de sus problemas a cualquiera menos a sí misma, que cuando los demás hacen algo que a ella no les gusta les culpabiliza  y maneja diciendo que “ le han hecho sentirse tan mal que vuelve a beber”. No creo que nadie más hubiera podido interpretar al personaje tan bien como lo ha hecho Susi Sánchez y desde luego Rut Santamaría es una auténtica rival a su altura

El resto de la película no me gustado o no me ha llegado, , y sin embargo tengo una amiga que ha visto la película cuatro veces, cuatro, y dice que cada vez encuentra algo nuevo en ella. El resto de la película es un juego que exige una enorme complicidad por parte del espectador. El resto de la película es poesía, no es narrativa. Habrá quien lo entienda y habrá quien no.  Es una película intencionadamente confusa, errática, experimental, enajenada, alucinada, con la cámara epiléptica y descontrolada en persistente fuera de foco, una película que no cuenta nada más que lo que cada espectador quiera entender. Es una película intencionalmente anticomercial y lírica, que puede ser amada u odiada y que desde luego no persigue dejar indiferente. Y lo consigue.

 

En palabras de Ramón Salazar:

«Personalmente creo que no es una película mascada, exige la implicación del espectador; también entiendo que eso puede cabrear o apasionar a partes iguales. Si nos dejaran dos horas frente a veinte monitores en los que pudiéramos ver pasado, presente y futuro; no lo haríamos de forma lineal, lo haríamos guiados por la emoción y la curiosidad, jamás por la lógica. En los viajes hay que dejarse llevar) en vez de llevarlo todo programado en hotel con pulserita «

 

.Los actores:

 

Andrés Gertrúdix , ha estado cuatro años en proyecto, desde el primer al último día; su ilusión por el proyecto estuvo siempre ahí incluso en los momentos en los que se dudaba  que aquello terminase saliendo adelante. A mí me parece completamente inexpresivo pero parece ser que eso es lo que el director buscaba. No me parece lo mejor de la película.

 

Paula Medina, una actriz a la que todo el mundo le había dicho que jamás se podría dedicar al cine porque se había pasado con una operación de labio superior. Y se lo decían con razón: el resultado de la  operación es tan catastrófico que es imposible ver otra cosa. Lo siento Paula, pero es así.  Supongo que lo del labio se puede solucionar.

 

Manuel Castillo, es un chico mitad chileno mitad alemán,  así como muy guapo, que no pinta demasiado en la película.

 

Najwa Nimri  gran amiga de Ramón, por no decir musa de Ramón. También la compositora de parte de la música de la película, y haciendo el mismo papel que hace siempre: su voz ronca, su mirada de soslayo, su aire de mujer muy vivida y rota.  Es la Nimri de siempre, no puedo decir mucho más.

Lola Dueñas  siempre ha interpretado mujeres de mucho carácter, grandes sufridoras, supervivientes, arrastradas, descarriadas. Y las borda. En esta película asume el  papel de una amiga dependiente, que sólo existe si el protagonista quiere; frágil, infantil

 

Rut Santamaría, una actriz realmente increíble, lo mejor de la película junto con Susi Sánchez, y  de un sorprendente parecido con Andrés Gertrúdix, a cuya hermana interpreta. Un descubrimiento. Impactante.

 

Susi Sánchez, la gran revelación de esta película, un auténtico pedazo de actriz. Esta mujer me ha dejado impactada y espero verla en más ocasiones. Se merece un Goya.