Cómo resolver conflictos sin violencia: LA MEDIACIÓN

Mediación: un sistema alternativo de resolución de conflictos.

 

POR EVA CORNUDELLA

Abogada y mediadora

 

Tradicionalmente en nuestro país identificamos conflicto con proceso judicial. Denunciamos, demandamos y sometemos nuestros problemas y disputas a un tercero para que arroje la solución que estime más equitativa. Es fruto de un sistema cultural arraigado en el cual nos movemos en términos absolutos: blanco o negro, bueno o malo, tengo razón o no.

 

En estos procesos judiciales o arbitrales las cuestiones se deciden a golpe de pruebas más o menos objetivas y de cierta habilidad en la exposición de unos hechos (los que el juez acepta como objeto de debate) . Y los terceros (esos jueces o árbitros que deciden) sólo pueden ver la punta del iceberg de una situación conflictiva y actuar con la máxima diligencia que les es posible según lo que se les ofrece en el proceso y lo que se llama su propia convicción.

 

Las necesidades de las personas, las relaciones futuras que puedan tener (pues cuando salen del Juzgado siguen siendo vecinos, ex pareja con hijos comunes, familia…), las alternativas a una solución que puedan ir más allá de lo que se somete a juicio y los flecos que queden por resolver quedan fuera del alcance de estos sistemas convencionales de resolución de conflictos. Estamos hablando de procesos judiciales y arbitrales.

La Mediación se conoce poco.

Parece que el término lo indique todo y se confunde como un proceso más que a primera vista parece poco práctico ya que cuando uno va al Juzgado parece que ya lo ha intentado todo, como suele decirse por las buenas y por las malas.

¿Para qué mediar entonces si con esa persona no se puede ni hablar?

Es precisamente entonces, cuando uno ya no puede ni hablar, cuando la mediación puede ser más aconsejable y efectiva- Pues en realidad el que se comunica más o menos correctamente quizás pueda solucionar su conflicto con una buena negociación.

 

 

La mediación va mucho más allá: se trata de un sistema de resolución de conflictos alternativo a los convencionales, en que no es un tercero quien decide sino que las partes realizan un ejercicio de acercamiento de posturas, encontrando intereses comunes y logrando una solución efectiva y a medida para su conflicto.

Nadie puede diseñar mejor una solución que uno mismo y no hay solución más efectiva que la que es fruto de tal esfuerzo, se ha interiorizado y se plasma en un compromiso.

En este tipo de procedimiento, las partes en conflicto acuden a un mediador o mediadora, que es una persona especialmente formada en habilidades de comunicación y gestión del conflicto. Ese mediador o mediadora  les va a ayudar a poder comunicarse en igualdad de condiciones, moderará el diálogo, resaltará y hará notar los aspectos positivos de cada parte, les alejará de las discusiones inútiles…. Y, en definitiva,  les ayudará a que puedan reconocerse a sí mismos y al otro, empatizando y alejando el conflicto de la persona. Se pasa del “tú eres” al “nos está pasando”.

 

En ese proceso se puede lograr una solución a los problemas que se planteen y además se puede conseguir no sólo la solución del conflicto concreto sino la consecución de otros acuerdos o pactos que son importantes para las partes y que no obtendrían respuesta en un proceso judicial, como son detalles en el proceder del día a día (muy prácticas en sistemas de custodias compartidas o regímenes de visitas).

A su vez en el proceso de mediación se produce un cambio importante en la forma y sistema de comunicación entre las partes que ayuda a mejorar su relación futura. No olvidemos que las personas en conflicto tienen que seguir relacionándose en muchas ocasiones, por lo que un proceso judicial visceral puede provocar a su vez un periplo interminable de conflictos.

¿Y si no se consigue un acuerdo? Los resultados son también muy positivos. El proceso de mediación es totalmente voluntario y confidencial, de forma que lo que se debate en la mesa de mediación no puede ser desvelado por las partes ni por el mediador ni siquiera a requerimiento judicial. Ello supone que en caso de no llegarse a un acuerdo, el proceso no perjudica a las partes-

Y , es más, se ha demostrado que incluso ante la falta de acuerdo se favorece una reducción de la conflictividad y un incremento en la capacidad de reconocer las necesidades del otro y de poder empatizar con el mismo, lo que ayuda a situar el objeto de discusión de un proceso judicial y reducir la agresividad y el enfrentamiento.

Actualmente y desde hace poco tiempo los Juzgados de familia han comenzado a dictar resoluciones en las que invitan a las partes a acudir a una sesión informativa de mediación porque consideran que gran parte de los procedimientos judiciales que  se interponen son mediables.

Pero atendido que someterse a un proceso de mediación es totalmente voluntario, como la Ley señala.

Muchas personas llegan muy cansadas al proceso judicial, seguramente tras un intento previo de negociación que nada tiene que ver con un proceso mediador  y viven esa invitación como una posible causa de demora o un incidente que les va a alargar el tema.

La Audiencia Provincial de Barcelona  dictó recientemente un Auto judicial  en el que decretó la nulidad de un  procedimiento judicial de modificación de Sentencia. Un procedimiento en el que se solicitaba una reducción de pensión alimenticia. En ese Auto se declaró que dicho procedimiento era nulo ya que se debía haber intentado previamente un procedimiento de mediación. Ese proceso de mediación  se estimó tan necesario como si fuese un requisito  para la admisibilidad de esa demanda.

Para entendernos: a veces la ley para determinados procedimientos exige la realización de unos pasos previos, por ejemplo un requerimiento fehaciente, la aportación de un documento concreto etc, sin cuya verificación el procedimiento resulta inadmisible.

La Audiencia, en una resolución creativa y novedosa , se pronunció sobre esa exigibilidad que la ley no contempla, pero que sería muy deseable. Y la introdujo en el Auto para declarar la nulidad del proceso,  junto a la infracción de otro hecho que sí que era requisito de procedibilidad.

El ponente fue el Magistrado Don Pascual Ortuño, muy sensibilizado con el impulso del proceso de mediación.

Esta resolución es ha abierto cierto debate jurídico, ya que exige la asistencia a un proceso de mediación que legalmente debe ser voluntario. Y ha tenido su impacto ;  muchos abogados y muchas personas, ante la posibilidad de llegar a la Apelación y que le “tumben” el tema, se plantearán  cuanto menos acudir a una sesión informativa e intentar la mediación.

Podemos cuestionar si debe obligarse o no a ir a mediación (de hecho esa resolución no obliga a someterse a una mediación sino tan solo a intentarlo), pero creo que lo que realmente debemos plantearnos es si en este país por nuestra educación socio cultural realmente podemos esperar que las personas acudan a este proceso porque sí, “voluntariamente”, sin una previa difusión y divulgación de las ventajas de este proceso y sin una previa educación emocional y relacional que rompa con los hábitos adquiridos.

En este sentido, quizás la actuación de este Magistrado supone un paso adelante y una apuesta clara para dar a conocer, aunque sea de forma forzada, un sistema que se vislumbra como muy positivo.

Opino que lo que nos falta es mucha cultura de mediación, que va de la mano con la educación emocional y  sobre todo falta un conocimiento riguroso y completo de la materia porque sucede que muchas veces quienes convencen a los clientes para no ir a este proceso son sus propios abogados.

Muchas personas que acuden a mediación, no llegan a un acuerdo y siguen con el proceso (por ejemplo por temas económicos) pero afirman que la mediación les ha cambiado personalmente en cuanto al enfoque del conflicto y su sensación de sufrimiento o enfrentamiento.

Pueden situar los temas y separar los problemas, de las personas.

Un proceso de Mediación es realmente efectivo en cuanto a recuperación de situaciones tóxicas.