Cómo empezar de cero cuando (crees que) todo se ha perdido

POR ROSA CIRAC

PSICOLOGA

( si quieres leer más sobre ROSA CIRAC, visita www.todosoninterrogantes.com ) 

 

  “¿Qué pasó entonces un 7 de julio? Que mi cuerpo cayó y me dijo que no podía seguir más con el ritmo al que yo le sometía. Dijo basta.”

 

 

« Porque a veces todo acaba…

 

La Real Academia de la Lengua española define morir con una frase simple y escueta: llegar al término de algo. Evidentemente, ese algo más conocido es la vida. Por su parte, Henry Van Dyke[1] escribió un poema donde decía esto sobre la muerte:

El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre.

 

Sobre lo que no hablan las definiciones académicas y que, en cierto modo, sí se podría aplicar algo del  poema de Van Dyke, es sobre la muerte en vida. En cierto modo el significado es el mismo, es el fin de algo, de hecho es el fin de todo y, realmente, todo lo tuyo pasa a manos de otro. La diferencia es que sigues vivo para ver como todo se va y, lo peor, es que no puedes hacer nada por evitarlo.

 

Recuerdo como si fuera ayer el día que morí. Fue la mañana de un 7 de julio.

Y nada que ver con los San Fermines. No. Eso empieza ese día. Yo acabé. Empecé a morir. Pero fue una muerte lenta, agónica, donde eres consciente de que toda tu vida se va escapando entre tus dedos sin poder detenerlo.

 

Haciendo revival me puedo remontar a poco más de un año antes de esa fecha. Fue entonces cuando me diagnosticaron esclerosis múltiple. Enfermedad neurodegenerativa que lo cambió todo. Pero entonces poco sabía yo sobre ella y sobre lo que iba a ser su obra. Y es que, para ser sincera, la esclerosis no me ha hecho nada especial. Sí, no voy a mentir, es un horror tenerla en mi vida y si pudiera elegir seguro que se me ocurren mil cosas que prefiero tener (empezando, por ejemplo, por George Clooney). Pero aún así, creo que nos hemos hecho amigas. Ella está ahí y yo he aprendido a vivir con ella. Encontramos un equilibrio muy decente que, como toda relación en esta vida, pasa por sus altibajos. Pero ella no me ha matado a mí. No. Tal vez, sin buscarlo ni pretenderlo, mató a una parte de mi vida. Claro, que quien le iba a decir a ella que esa sería una herida mortal que acabaría conmigo un año después.

 

Tal vez para entender que es lo que pasó, habría que entender cuál era mi vida. Desde muy joven, por algún motivo que me ha costado entender, puse como mi listón vital más alto todo lo relacionado con la vida laboral. Estudiar, formarme y, ante todo, trabajar, ha sido mi meta máxima. Y, sorprendentemente, con treinta y pocos años, ya había llegado a un nivel bastante alto, para qué mentir. Claro que, con el objetivo de ir a más, si todavía era posible, obviamente. El resto de aspectos de mi vida estaban en un segundo o tercer plano. De hecho, ni me daba cuenta que todas los demás cosas de mi vida solo tenían sentido con el trabajo por delante: los amigos y amigas, los del trabajo; los horarios de mi vida, los que marcaba el trabajo; las cenas y fiestas varias, al salir del trabajo, con la gente del trabajo y, sin comerlo ni beberlo, hablando del trabajo…. ¿Las relaciones de pareja? ¡¡ Buff!! Si entre turno y turno, curso y curso y, por que no permitírmelo, después de dormir un poco, encajaban, pues genial. Si no, gracias chaval por quedarte un segundo en mi vida. Adiós y que vaya bien.

¿Qué pasó entonces un 7 de julio? Que mi cuerpo cayó y me dijo que no podía seguir más con el ritmo al que yo le sometía. Dijo basta.

De hecho, llevaba diciéndomelo bastante años antes. Pero ese día, un poco por empuje de las circunstancias, le hice caso. La esclerosis mató a mi vida laboral tal y como yo la conocía hasta ahora.

 

Pero como si se tratase de un virus, la muerte de esa faceta fue abriéndose camino y acabando con todo lo que yo conocía, con toda mi vida. Todos sabemos y hemos dicho mil veces que en un trabajo no hay nadie insustituible, y eso es real, muy real. Como se dice vulgarmente, a rey muerto, rey puesto. Y yo no soy menos, evidentemente.

 

Gente con ganas de trabajar, con ideas, con ilusión, con ganas de seguir aprendiendo, las hay a patadas. Esperemos que, además, sea gente más inteligente que yo y que, además de todo eso, tengan una vida propia al margen del trabajo.

 

El problema (para mí) es que yo me fui de la vida laboral y se encontró sustituto. Pero eso, el virus lo llevó a todo el resto de aspectos vitales. Morí laboralmente, con lo cual acabé muriendo personalmente: entorno, amigos….. en resumen, vida. 

Todo se esfumó.

 

 Eso es morir en vida.

Porque estás vivo

( respiras, comes, hablas)

pero no hay nada.

No queda nada.

Lo que yo creía que era mío, más que nada, porque llevaba años trabajando en crearlo, en realidad colgaba solo de un hilo. Si cierro los ojos e intento ver una imagen, me viene la de una casa, bastante bien construida, que conste. Con sus habitaciones, muebles, y todo lo necesario (sabiendo que faltan cosas, pero bueno, bastante decente para vivir en ella) pero que solo se une al suelo por un pilar. Ese pilar la esclerosis lo tiró sin saber que, haciéndolo, tiraba toda la casa.

No voy a mentir sobre lo que se siente cuando eso pasa. Es un vacío y un dolor brutal. Intentas una y otra vez volver a colocar todo donde estaba, pero es imposible. ¿Cómo vas a colocar las cosas donde estaban si nada es igual a como era antes? Lo gracioso es que insistes continuamente: esto iba aquí, eso allá, aquella amiga siempre estaba en tal sitio, el otro estaba en otro lado, las cosas son tal manera o tal otra…. y así sucesivamente hasta que, desde el agotamiento, aceptas la derrota.

 

… pero todo puede volver a empezar.

 

Tal vez hay un detalle que me he olvidado aclarar y es que, morir en vida, no es morir. Es importante tenerlo en cuenta porque eso es algo que, realmente, lo cambia todo. Probablemente cuando te sientes muerta aunque estés viviendo, el dolor sea insoportable pero la ventaja es que, al no estar realmente muerta, sigues teniendo todo el tiempo del mundo para seguir adelante y volver a construir toda tu vida.

Partiendo de la aceptación de la derrota, volver a comenzar no es sencillo. El miedo a construir otra vez y que se vuelva a desmoronar todo en cualquier momento, es un terrible enemigo que no ayuda a que levantar esa casa, sea fácil. De hecho, te convierte en desconfiada con la vida y, en ocasiones, en exceso precavida. Dar un paso en falso puede ser un terrible error.

Y no por que lo sea, eh? Sino porque, es inevitable sentir terror e inseguridad. Y eso te hace ir demasiado lenta, lo que es un problema, porque te da tiempo para seguir mirando hacia atrás y pensando en lo que se fue.

 

Así que, durante un tiempo, yo estuve así. Como paralizada.

Ahora que están tan de moda los centros de spa y esas cosas, visualizo esas cabinas de flotación donde te encierran para que flotes y te suspendas en esa especie de tanque de agua. Pues así he estado yo durante algo más de un año. Suspendida en una especie de tanque donde estaba flotando, sin saber qué había pasado con mi vida y, esto es lo peor, sin saber que iba a hacer con ella a partir de entonces.

 

Evidentemente, en ese tanque no me puedo quedar de por vida. De hecho, al margen de que se pueda o no se pueda, la realidad es que no quiero, no quiero no vivir por miedo a volver a perder. ¿Qué carajo hago yo (y de hecho, que hace nadie) paralizada y suspendida en la vida por años y años? Vaya desperdicio de tiempo, ¿no?

 

Pero debo ser sincera. No ha sido fácil. Entre otras cosas porque cuando tu vida cambia radicalmente, no toda la gente que tenías a tu lado se mantiene. No. Que va. Mucha, por no decir la mayoría, se esfuma. Y no porque sea mala gente, eh?? No. Más bien, es que sostener el dolor (en este caso, tremendamente intenso) de otra persona no siempre es sostenible. ¿Y qué mejor solución para no ver que no mirar? Y no voy a mentir. Que el entorno que te rodea desaparezca y, encima, para huir de la culpabilidad, te lance a ti toda la responsabilidad de su desaparición, no es sencillo. De hecho, era la última losa que quedaba por caer encima de mí para que pareciera imposible volver al mundo y volver a levantar cabeza. Tal vez porque lo fuera, porque fuera imposible…. tal vez esa soledad fue el remate para llegar a la conclusión que no merecía la pena hacer ningún esfuerzo.

 

Pero la ilusión por volver, por arrancar de nuevo y volver a caminar, con nuevas sueños y proyectos, siempre ha estado ahí. solo que no sabía cómo darle forma. Es como si tuviera el coche perfecto para hacer la ruta 66 y acabar viendo el Gran Cañón (ese es un gran sueño) pero no me hubieran dado las llaves,,, así que  no podía arrancarlo.

 

Con lo cual he necesitado un empujoncito. Tenía un pequeño fragmento del que era mi entorno (la familia, pobre, que ha estado ahí pendiente, a las duras y a las maduras; y mi psicóloga, que no me ha fallado en ningún momento). Entre todos me han ayudado a montar de nuevo el coche… nuevas piezas, he tirado las viejas, he prescindido de las que sobraban… ya estaba todo, solo faltaban las llaves.

Solo faltaba ese último empujón.

Sorprendente mente, este empujón ha llegado desde donde menos lo podía esperar. Y es que ha habido alguien que ha cambiado absolutamente el orden de prioridades de mi vida. Alguien que me ha hecho ver que desperdiciar el tiempo quedándose como atrapada, sin avanzar ni retroceder, sin volver a tener ilusiones y sueños, permaneciendo solo en una especie de stand by perpetuo, está a años luz de tener sentido. Es completamente cierto y real que estaba atenazada por la nueva situación. El dolor de ver como la vida, tal y como la conocía, se iba escurriendo estaba ahí, haciendo mucho daño. Pese a decirme constantemente que debía seguir avanzando, ahí estaba yo, atenazada por una fuerza superior a mí. Pero llegó el empujón…. Y empezó, de la forma más tonta del mundo, un nuevo capítulo de mi vida, que solo es el preludio de los mil más que irán llegando.

 

 

 Y llegó el empujón.

 

A veces haces cosas en la vida con un objetivo concreto y, sorprendentemente, el resultado no se parece en nada a lo que tú querías conseguir. Esto se puede aplicar perfectamente a un correo electrónico que yo envié un día como cualquier otro.

El objetivo era ponerme en contacto con una amiga con la simple intención de volver a recuperar algo de lo que había sido mi vida. Me ofrecí para trabajar de manera voluntaria, desde casa eso sí (en aquel momento estaba físicamente muy mal, pero necesitaba sentir que podía hacer cosas como las hacía antes), y de esa forma intentar recuperar la confianza que tenía en mi misma. Ella me había visto, así que esperaba que eso sirviera para reactivarme. No obstante, en ese momento yo era consciente que no estaba en condiciones físicas para poder hacer nada que tuviera ningún sentido pero, qué diablos, tenía que intentarlo, tenía que seguir creyéndome que estaba ahí.

Pero lo que pasó realmente fue que el eje de la conversación varió un poco.

Pese a seguir dando vueltas a mis posibles colaboraciones profesionales, resultó que el centro del tema pasó a ser un pequeño bichito de cuatro patas y unos cinco meses, de color negro y con la mirada más pura y sincera que he visto jamás.

Ahora mismo, haciendo un repaso de cómo fueron los días desde ese correo puedo decir poco sin que me aparezca un nudo en la garganta. Solo puedo decir que, cinco días después, estaba yendo a buscar a aquel bichejo que, por foto parecía frágil e indefenso, aunque con unas infinitas ganas de aprovechar la vida. Supongo que pensaba lo que deberíamos pensar todos siempre: si estoy viviendo es porque merece la pena hacerlo, no? Y bajo esa nueva premisa, hasta me sentí culpable por no haber reaccionado antes, creo que tomé la decisión definitiva de que merecía la pena levantarme de una puñetera vez y volver a empezar.

 

El segundo punto en que mi vida se trastocó con la llegada del peludo fue en que, por primera vez, me comprometí con alguien. Hasta ahora todo mi mundo iba a velocidad relámpago, sin horas de comida estables, sin horas de sueño, sin tiempo para estar en casa, sin huecos para estar con nadie (salvo que fuera del y en el trabajo). Pero claro, ahora alguien necesitaba que mis prioridades cambiaran ni que solo fueran por él. Y por sorpresa, al cambiar las prioridades por él, también cambiaron las mías propias.

 

En resumen, esta es una historia muy larga que tendrá un sinfín de capítulos, porque, ahora puedo decir con una gran sonrisa en la boca, que—

soy como cualquier persona:

no se qué va a pasar con mi vida.

Pero tengo una ventaja, yo ya he estado en el infierno, así que, nada de lo que pase ahora va a hacerme cambiar la idea de que esforzarse por tirar hacia delante merece la pena.

Ahora puedo disfrutar de las cosas pequeñas.

Así que, en estos momentos, doy gracias a mi pequeño peludo, a la gente que sí ha resistido a mi lado y a las ganas de encontrar un camino que vaya hacia delante. Gracias a todo esto vuelvo a vivir con muchas ganas de más novedades en mi vida. Novedades que mi físico pueda tolerar, pero novedades al fin y al cabo. Proyectos tengo muchos y variados. Y lo más importante, están plagados de ilusión. Pero contarlos….. eso pertenecerá a otra historia. Esta es la historia que quería explicar, la de cómo se puede hundir todo el mundo a tus pies y cómo se pueden encontrar las maneras de reconstruirlo. Porque merece la pena sin duda y porque la satisfacción y el orgullo que te deja es, probablemente, una de las mejores sensaciones del mundo»

 

———————–

 

 

Orígenes del escrito

 

Como psicóloga me he encontrado en diversas situaciones donde, trabajar por la superación de determinadas circunstancias, es clave para reemprender la vida de una persona.

 

Es una realidad que la vida nos sumerge en momentos altamente complejos. Algunos, van implícitos a lo que la vida en sí significa, y otros, son dificultades añadidas que no siempre la persona es capaz de sostener, ya que suponen pérdidas que son difíciles (o imposibles a veces) de reemplazar y que suponen un esfuerzo extra para seguir hacia delante.

 

Ante estas situaciones, el acompañamiento psicológico es imprescindible. Pero, a la vez, requiere una gran fortaleza e ilusión por el futuro, aunque éste sea una incógnita y se perciba como nubloso en su totalidad.

 

Las situaciones de volver a empezar que me he encontrado han sido diversas y debidas a motivos muy diferentes. Y es que, esto es un aspecto muy importante a tener en cuenta: tal vez los motivos que llevan a una persona a realizar un “reset” de su vida para poder volver a empezarla de forma radicalmente opuesta, son muy diversos y diferentes de una persona a otra. Pero la esencia que es importante tener en cuenta es que se puede hacer. Tal vez hay situaciones que llevan a pensar que no se puede seguir, que llevan a dudar qué se puede hacer (en el hipotético caso que se pueda hacer algo, que en muchas ocasiones, la sensación es la contraria: no se puede hacer nada, ni ganas de intentarlo) y a estancarse en el cómo conseguir encontrar el nuevo camino.

 

Como ya digo, como psicóloga, las situaciones de crisis con un nuevo “renacer” que me he encontrado son diversas y por múltiples causas. Por eso mismo, coger una como ejemplo, que se puede extrapolar a cualquier motivo que la provoque, me parece importante, para poder dar testimonio de que se puede caer en lo más bajo para levantarse y llegar muy alto.

Después, que cada uno escoja su propio detonante y modifique la historia a su antojo.

Pero es importante no olvidar que, sea el que sea el causante de una caída, lo que sí que es seguro que lo imprescindible es levantarse. Y, con la fuerza de cada uno (que, aunque nos parezca imposible todos llevamos dentro, porque todos somos supervivientes ante las situaciones hartamente complejas) sumada a la ayuda del entorno más próximo (y aquí sitúo el entorno próximo y el añadido, como la figura del terapeuta que ayuda a ordenar todo el caos que se puede llegar a tener en la cabeza en un momento determinado).

Es por esto que voy a integrar el texto de una situación concreta que puede servir como ejemplo. La persona que ha escrito este texto, con mi ayuda en algunos puntos, ha accedido voluntariamente a que sea plasmado integro, con los retoques necesarios (de los que ha estado completamente de acuerdo) pidiendo simplemente, a modo de respetar su intimidad y anonimato.

 

 

 

A modo de conclusión

 

Releído y retocado el texto para que pudiera formar parte de este artículo, solo me cabe añadir que lo que aquí se muestra puede ser perfectamente extendido a un sinfín de situaciones. Cuando esta persona me hizo llegar la historia y verbalizó su acuerdo con hacerla pública, me pareció interesante debido a que, pese a que su caída está perfectamente señalada por un hecho concreto (una enfermedad degenerativa e incurable en estos momentos) podía ser situada perfectamente a cualquier situación: una enfermedad propia, la enfermedad de un ser querido, una muerte, un cambio en la situación laboral y económica, un cambio en la relaciones sentimentales, una situación de violencia en la que uno debe dejarlo todo para volver a empezar….

Y no sigo porque seguro que la lista puede ser larga.

Pero  pienso que es importante en cuanto aporta la información suficiente respecto a lo que significa perderlo todo, lo doloroso de rehacer un mundo y lo posible, aunque difícil, que es hacerlo.

Creo que es un testimonio de crecimiento personal importante y que merece tener en cuenta en caso de encontrarse en una situación similar.

Es evidente que una ayuda profesional con el fin de canalizar el dolor y a reordenar las prioridades es fundamental, pero la parte interna de uno mismo, el nivel de auto-confianza que pueda encontrar y las ganas de seguir viviendo son indicadores importantes que llevan a un gran pronóstico.

Si alguien está leyendo este artículo y se encuentra en una situación similar (debido a la causa que sea) es importante que tenga claro dos cosas:

que pedir ayuda es vital

y que, como ha podido leer, salir de un pozo es algo posible.


[1] Van Dyke, Henry fue un escritor, clérigo y docente estadounidense ( 1852–1933). Nació en Germantown, Pensilvania. Se graduó en Princeton University en 1873, donde luego fue profesor de literatura inglesa. Fue pastor de la iglesia presbiteriana. Escribió poesía, ensayos y relatos. Fue también traductor de obras alemanas. Desempeñó importantes cargos públicos, como diplomático en Países Bajos. Ha permanecido como un autor muy popular sobre todo debido a su relato La historia del otro Rey Mago (The Other Wise Man, 1896), que se menciona en una versión ilustrada por Jackie Morris. Falleció en Princeton, Nueva Jersey.

 

10 comments for “Cómo empezar de cero cuando (crees que) todo se ha perdido

  1. gemma
    12 enero, 2013 at 08:28

    Empezar de cero es física y psicológicamente imposible, es una de esas frases que todos decimos para todos entendernos, pero que hablando con propiedad no tiene sentido..ya que si no..no existiría el aprendizaje.
    Empezar de cero ni siquiera puede hacerlo el reset de un ordenador ya que en su memoria tiene ficheros que lo constituyen tal y como es.
    Pues si hablamos de una relación me parece aún más surrealista hablar en estos términos

    gracias por el texto

  2. gemma
    12 enero, 2013 at 08:28

    Empezar de cero es física y psicológicamente imposible, es una de esas frases que todos decimos para todos entendernos, pero que hablando con propiedad no tiene sentido..ya que si no..no existiría el aprendizaje.
    Empezar de cero ni siquiera puede hacerlo el reset de un ordenador ya que en su memoria tiene ficheros que lo constituyen tal y como es.
    Pues si hablamos de una relación me parece aún más surrealista hablar en estos términos

    • ams
      12 enero, 2013 at 10:51

      Empezar de Cero Gemma, es una forma muy apropiada de decirlo y sobre todo si hablas de una relaccion,,de una situacion economica,de una enfermedad, perdida de ser querido o como en mi caso algunos de ellos juntos,, si q tiene sentido, pues la acabas punto y final,(sobre todo xq no hay otra opcion)
      y si empiezas, tu decides si empiezas de cero o simplemente la continuas,donde lo dejaste. esa es la diferencia.
      lo importante no es si empiezas de cero o si continuas , con lo q parece q aprendiste, lo importante es la aptitud, ante las situaciones,tener la fuerzaa de resurgir x mucho q nos duela y seguir hacia adelante, o pasarnos la vida lamentandonos x lo q pudo haber sido y no fue,

      hay momentos bajos y muy duros, los recuerdos, vienen y van pero como moldeas esos recuerdos para q cada vez duelan menos tambien es importante,

      personalmente lo estoy viviendo asi,y aunq caigo muchas veces me levanto, y me levantare, xq nunca una noche ha vencido a un amanecer y nunca un problema puede vencer a la esperanza.

  3. sandra
    12 enero, 2013 at 11:56

    Me encuentro en una situación similar. En mi caso un nuevo comienzo forzado por un acoso laboral. Dificultado aún más porque soy psicóloga, la que debo ayudar, la que tiene que tener los medios suficientes para salir de la situación, y no la que necesita recibir ayuda. Eso es en teoría asi,o al menos yo pensaba que era asi. Pero no es verdad. Todos necesitamos ayuda en algún momento de nuestra vida. Y ahora yo la busco para salir del pozo. Y no es fácil.
    Este texto me ha ayudado mucho, porque me he identificado 100% con esta persona. Gracias, es una suerte para mi haber leído esto en este momento. 🙂

    • Hugo
      12 enero, 2013 at 18:56

      Los mejores psicólogos son los que han pasado por terapia, como todo en la vida, hay que pasar por ello tambien, así que todavía te espera el mejor de tu vida 😉

      • sandra
        12 enero, 2013 at 22:18

        estoy segura de que es asi. Gracias Hugo

  4. Bones
    12 enero, 2013 at 14:46

    Sandra. Jamás utilices lo que sabes que es correcto como psicóloga en una situación personal. No solo no sirve, sino que lo empeora, porque te “cabrea” mucho saber cual es la teoría, que sabes que es lo correcto…. y como, emocionalmente, es imposible hacerlo.
    El dolor dificulta mucho, muchísimo salir de una situación dura, sea cual sea. Y, yo creo que, cuando en este artículo se habla de “empezar de cero” se habla más en referencia a saber dejar atrás lo que uno conoce (lo que es su vida, ya sea mejor o peor,pero es la suya, la que conoce) y reempezar. Nunca desde 0, obviemente, porque el vagaje de la experiencia ya hace imposible que sea dese cero, pero sí desde saber que hay mucho de tu vida anterior que debe quedarse atrás….. pr ese es un paso muy difícil, porque conlleva mucho dolor. Así que, Sandra, olvídate que como psicóloga sepas como se hace, porque serías muy capaz de decirselo a otros….. en uno mismo, es muy difícil. Respeta tu ritmo, tu tempo, y no te culpes por ver que “sabiéndolo” no puedes….. eso todavía lo convierte en más complicado…..

    • sandra
      12 enero, 2013 at 22:18

      Gracias Bones, a veces nos creemos dioses, y no lo somos

  5. Paloma de Montemayor
    12 enero, 2013 at 22:12

    Me me ha hecho ha parecido un artículo precioso. Me ha emocionado, me ha sacado una gran sonrisa.
    Gracias por compartir.
    Un abrazo.

  6. drc
    13 enero, 2013 at 11:14

    Creo que el texto ha expresado lo que muchos hemos sentido en alguna ocasión, me he sentido muy identificada cuando hablaba del spa, del quedarse paralizada, yo me sentí así durante mucho tiempo… en mi caso se debió a la perdida de dos personas muy importantes en mi vida, mi padre a causa de un cáncer, y mi pareja, por así decirlo, ya que antes de ser pareja ya era mi mejor amigo y la persona en la cual me apoye durante la enfermedad de mi padre, y de golpe ya no formaban parte de mi vida dos pilares muy importantes. Tampoco ayuda mucho el hecho de ver como todo el mundo avanza y tu sigues sin superar tus penas, pero como bien dice el texto viene el empujón y empiezas a levantar cabeza, yo estoy en ese proceso, empezando a levantar cabeza y a dejar atrás todo lo malo, bien es cierto que realmente no comienzas de cero como apuntaban antes, pero si empiezas algo nuevo. Y animo a cualquier persona que este pasando por un mal momento a recordarse cada día eso, que llega el día en que levantas cabeza, por muy imposible que parezca ahora.

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