Ven a cenar conmigo

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Esta noche aparezco en un programa que se llama VEN A CENAR CONMIGO en el que hice el ridículo más espantoso. El programa aún no ha salido en pantalla y yo ya estoy recibiendo todo tipo de comentarios crueles por twitter, y alguno por IG. Así que me puedo esperar lo peor cunado por fin se emita

Qué por qué lo hice, me preguntan. Por dinero. A ver si os enteráis de una vez que trabajar en medios está infra pagado, y que si eres autónomo tiene que pagar la cuota de autónomos cada mes. De mis colaboraciones en medios a mí no me quedan limpios ni 800 leuros al mes, Y recordad que en agosto no trabajo. De ahí que haga cursos, por ejemplo. O que acceda a hacer estas cosas. Sí, podría meterme a pxxx, pero ni estoy lo suficientemente buena ni creo que se me diera bien: me iba a gastar todo lo que cobrase en psiquiatra. A los que no os parece digno, les respondo que a mí me parece dignísimo mantener a mi hija yo solita, y que yo no tengo ninguna cuenta en las islas Caimán ni me han pillado en ningún episodio de corrupción. Ni tampoco he recibido una subvención en los días de mi vida.

En fin, ¿que por qué hice el ridículo? Primero porque para mí resulta imposible cocinar con una cámara pegada a la cara y con una persona dándote instrucciones a todas horas. “Vuelve a repetir esto, que no ha quedado bien”, “pon la sal en otro sitio, que no la coge el tiro de cámara”. Me puse de los mismos nervios, me enfadé con el productor (Lo siento, Gabriel, lo siento, sabes que te aprecio), y acabé tirándolo todo y haciendo un estropicio infame.

Después, me encuentro con que viene a cenar a casa un torero. De eso nadie me había avisado, por supuesto.

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Los que me leéis ya sabéis que soy antitaurina de toda la vida. ¿Qué podía hacer? ¿Decir que me iba? No, tenía un contrato. ¿Montar el pollo? No, porque me estaban grabando y no me grababan en directo, de forma que eso se podía editar a posteriori y dejarme como si estuviera loca. Por supuesto que la productora Warner había hecho esto porque todo reality que se precie ha de tener conflicto, pero a mí no me apetecía ser la que lo creara. Hablé con Víctor Janeiro que resultó ser un tipo muy sensato y llegamos a una entente cordiale, Ninguno de los dos se sobraría con el otro, y el tema de los toros quedaría fuera de la mesa, literalmente. Aun así, había mucha tensión

Luego estaba el cansancio. Las jornadas de rodaje eran larguísimas. Lo que veis en un reality no es lo que se graba. Ha pasado por mesa de edición. Hay tiempos muertos interminables. Si hay un problema técnico de luz o de tiro de cámara, la grabación se para, y puedes estar hasta dos horas haciendo nada de nada. Como yo tengo una hija y me tengo que despertar muy pronto, solía estar agotada. Y estaba tensa por lo de Víctor, aunque, repito, él se portó muy amablemente y le estoy muy agradecida. Espero que ambos hayamos dado al menos a la gente una lección de civilización. Por supuesto yo espero que con el tiempo llegue a España la abolición de la tauromaquia. Pero sé que esto lo puedo conseguir con firmas, campañas y una ILP (iniciativa legislativa parlamentaria9. No con gritos. Y por supuesto que él sabe que no respeto su trabajo, pero también sabe que pegarme gritos en público no va a solucionar nada, y que le van a respetar más si no grita.

Total, que yo, además de crear un estropicio en mi cocina, aparezco siempre tensa y cansada.

El caso es que a diferencia de los otros tres yo no tengo servicio en mi casa. Es decir, salgo a hacer la compra cada día, y a pasear a las perras, y me muevo por bares de Lavapiés, no por zonas VIPS de discotecas de lujo. Y por eso sé que las redes no son el mundo real. Te pueden estar insultando por redes como si no hubiera un mañana, pero esa gente, en los peores momentos en los que mis redes ardían, jamás me ha insultado en la calle. Porque la gente que insulta en redes a una total desconocida porque es vieja, porque está gorda, porque es torpe, o por lo que sea, siempre son unos cobardes que jamás lo harían en público.

Desde aquí quiero enviar todo mi cariño al equipo de Warner –  sobre todo a la maravillosa peluquera y maquilladora, y a Gabriel – a Anna Obregón, a Rappel, y a Víctor Janeiro, que creo que me enseñó mucho sobre respeto, tolerancia y educación. Espero que, pese al ridículo que hice, os quede clara una cosa. Yo me he sentado a cenar con un torero. Me siento a cenar a menudo con gente del PP (algunos de mis amigos son votantes). Y en Espejo Público debato con gente de todos los colores. Y creo que si quiero cambiar cosas las cambiaré con artículos y con mi voto, no gritando a nadie o montando el pollo en directo. Lo cierto es que el respeto está en la base de todas las relaciones; sin él la convivencia sería imposible. Y el respeto es una calle de dos vías, si lo quieres recibir, lo tienes que dar.