¿Bruyneel es tonto?

por  Andrea Menéndez Faya

 

El tema Armstrong no es nuevo en nuestras páginas. Tampoco es nuevo para nuestros lectores, con todo el bombardeo informativo y el show mediático que se ha montado después de su entrevista con la enorme Oprah, en la que destacó más ella que él y eso lo dice todo.

Oprah Interviews Lance Armstrong

Armstrong intentó lavar su imagen, sacando a relucir el tema del cáncer, de su infancia conflictiva, de todo lo que ha hecho para triunfar. Al final, la imagen que dió fue la de un politoxicómano arrepentido de que le cazaran. No dijo tampoco ninguna mentira, que en su época todo el mundo se dopaba y él no era menos. Si vemos el Top 10 de sus 7 tours, hay que buscar con lupa para encontrar un nombre que no se haya relacionado con el dopaje. De hecho, sólo hemos encontrado a Aimar Zubeldia. ¿Era un tramposo? Puede que, contra el reglamento, sí. Para sus rivales, no. Corría en las mismas condiciones.

Se acusa a Lance de haber creado un sistema de dopaje indestructible e indetectable, de hacer que sus compañeros se sometieran a ese programa para lograr el rendimiento del que hasta ahora se había considerado el mejor equipo de todos los tiempos, el US Postal.

Pero, ¿es Lance el villano de este cómic o sólo una cabeza de turco más? ¿Puede considerarse al ciclista culpable o una simple marioneta? 

Para que quede claro:

La pirámide de un equipo ciclista tiene en sus escalones a Sponsors, técnicos, médicos, corredores y, por supuesto, director. En toda la entrevista de Lance no surge el nombre de su director, Johann Bruyneel, en ningún momento.

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¿Cómo pueden doparse 11 corredores sin que un director se entere? ¿Cómo puede suministrar el médico de equipo EPO, testosterona, y transfusiones sin que el director sepa lo que pasa dentro de ese autobús o en el hotel? ¿Quiere el señor Bruyneel que creamos que un ciclista a su cargo le tenía coaccionado y que ponía en juego su reputación y los logros de sus corredores? Por muy importante que fuera Lance Armstrong, por mucho dinero y poder que tuviera, la mano que empujó su sillín podía tirarle de la bicicleta en cualquier momento si hubiera querido. 

En 2010, Landis ya apuntaba a su cabeza. Desde entonces, y más recientemente tras la aparición del informe de la USADA, a Bruyneel se le ha requerido hasta en tres ocasiones por parte de la Federación Ciclista Belga para que explique hasta qué punto sabía el funcionamiento de la trama de dopaje de sus equipos (US Postal, Discovery, Astana, RadioShack, RadioShack Nissan Trek). Johann Bruyneel no acudió a ninguna de las vistas que solicitó el fiscal. Se le ha comido la lengua el gato.

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A los que sabemos cuatro nociones básicas de este deporte nos cuesta creer que un director, que es el máximo responsable de un equipo ciclista, no esté al corriente de algo tan grave como un dopaje masivo. Que en la preparación a una carrera como el Tour de Francia no contara con el plus añadido de saber de antemano -como Lance dijo a Oprah- que iban a ganar, porque su sistema era infalible. Que en su calendario no estuviera marcada España por un motivo especial, no porque les gusten los toros, la paella y el flamenco.

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Ya no cuela, Johann. Queremos saber qué es lo que pasaba realmente en el USPostal y tus sucesivos equipos. Queremos saber quién se beneficiaba realmente de que Lance Armstrong ganara 7 Tours. Y por qué cuando tus pupilos dejaban de estar bajo tu cargo, aparecían los positivos en sus nuevos equipos. Heras, Contador, Frank Schleck… han sido los más sonados, porque estaban llamados a ser sucesores de Lance Armstrong. Pero la historia de Bruyneel está llena de manchas de dopaje, y de ahí que hayan sido sus propios corredores (Hamilton y Landis principalmente) los que hayan decidido destaparla. Lamentablemente, todas las luces han encontrado en Lance Armstrong el foco de discusión, y su director sigue en la sombra, como siempre. Moviendo los hilos de sus marionetas.

Cuesta creer que la UCI no se haya enterado hasta ahora de lo que no era más que un secreto a gritos. Y, sobre todo, cuesta creer que se traguen la mentira de que Lance orquestara todo este teatro. Algo se deben mutuamente los hombres fuertes de la Unión Ciclista Internacional y el afamado director para que su nombre no haya sido salpicado en ningún momento.

Es muy poco consuelo saber que este año no se sentará en un coche de equipo. Decidió irse del NissanTrek por la puerta de atrás antes de que algunos pidieran su cabeza.  Sobre todo al conocer que lo que hará estos meses es escribir un libro para contar cómo de engañado lo tenían sus corredores, para mostrarse como víctima de todo este asunto del que, supuestamente, no estaba al corriente. 

Cuando cada vez que encendemos la televisión vemos a Vicente Belda y Manolo Saiz en el banquillo de este circo en el que se ha convertido el juicio por la Operación Puerto, nos preguntamos si alguna vez veremos a Johann Bruyneel sentado frente a un juez también. Me sirve la excusa que ha sentado a Vicente y a Manolo, la de un juicio por atentado contra la salud, por jugar con la vida de los corredores y usarlos como ratas de experimentación.

Me sirve, porque es, en definitiva, lo que ha hecho este personaje. Primero, creando la red de dopaje de la que se ha acusado a una de sus figurantes. Probando compuestos entre sus ciclistas para saber el rendimiento que podían obtener y si con eso se podían ganar 7 Tours consecutivos. Y, finalmente, jugando con la salud de todos los que amamos este deporte, que nos va a matar a disgustos cualquier día, porque vemos a nuestros héroes convertidos en villanos, y porque los directores, en quienes deberíamos confiar para que las reglas del juego se hicieran cumplir, insultan nuestra inteligencia temporada tras temporada, y después, se vuelven unos cobardes que esperan a que pase la tormenta para salir de debajo de la cama.