BLOW-UP IN EIRE

A  veces uno dispara su cámara y no es consciente de lo que ha captado con su lente hasta que no se mete en su “cuarto oscuro” y comienza con el post procesado. En los años setenta la película “Blow-up” de Michelangelo Antonioni trataba de eso. Un fotógrafo capta una imagen en un parque y al revelar la foto descubre un escabroso secreto. Hoy en día, el “cuarto oscuro” ha dado paso a la pantalla de un ordenador, pero no por ello, dejas de encontrar, a veces, curiosas sorpresas como las que descubrí al procesar la foto que capté en un cementerio de Irlanda.

Visitamos los famosos acantilados de Moher en la costa oeste de Irlanda y a la vuelta a Limerick decidimos adentrarnos en el parque natural del “Burren”. Allí nos encontramos con un pueblo perdido llamado Quin. Una de sus mayores atracciones, quizás la única, son las ruinas de la Abadía de Quin. Y como es costumbre en muchos países nórdicos el cementerio linda con el majestuoso edificio de antaño. Me capturó el paisaje, las ruinas, el cementerio, como reliquias de un lejano y olvidado pasado. Tomé fotos de una y otra perspectiva, intentando saciar mis ansias por captar con mi lente el verdor, la serenidad del paisaje y la historia de un aparente pasado glorioso ahora en ruina. Por supuesto, que no reparé en absoluto en los detalles que captaba mi lente.

De vuelta a casa fui procesando las fotos de nuestro viaje a Irlanda y me llamó la atención una foto del cementerio donde aparecía una impoluta lapida de granito negro. Esa lapida no tenía nada de antiguo. Así que, decidí ampliarla, hacer un ‘Blow-up’, para poder leer con detalle la inscripción de la esquela.

Fue, entonces, que pude leer los nombres y las fechas de la dramática historia de una familia. Allí aparecía gravado en piedra como si desgarrara el alma del granito la triste historia familiar. Los Marlborough perdieron a su hijo Seamus con sólo cinco años. Le siguió Frank nueve años después con solo diecisiete años. Y en enero del 1973 perdieron a Eamon de veintidós años y al bebe de la casa con sólo dos añitos. Aparecen dos nombres más. El de Michael, que falleció a los sesenta y uno y el de Nancy que alcanzó los setenta y cuatro y cierra la lista en el 2006. ¿Serían los padres? ¿Vivió aquella pareja la perdida de sus cuatro hijos?

A veces cuando miramos más de cerca una foto podemos descubrir historias que nos abren enormes puertas a la imaginación. La historia de esta familia perdida en un pueblo del oeste de irlanda me recuerda vivamente el dolor y las penurias de los irlandeses. Conocemos de los irlandeses, entre otras cosas, su carácter casi latino, su alegre y contagiosa música y su espíritu emprendedor. Pero la historia de Irlanda esconde un pasado con siglos de penuria, siglos de subyugación y explotación por parte de una clase feudal británica que desembocó en el siglo diecinueve en la gran hambruna donde las perdidas humanas rozaron los tres millones. Para muchos irlandeses la única alternativa la encontraron en la emigración y el país quedo casi despoblado. Aún así los irlandeses salieron adelante.

Como ya dije en otro post, me impresiona de los irlandeses su vitalidad. No deja de ser un pueblo que por muchas crisis personales y colectivas que se les venga encima pierda la alegría por vivir. Irradian un espíritu casi contagioso de amor por la vida. En estos tiempos que nos ha tocado vivir, visitar Irlanda y perderse por sus carreteras es sin duda un ‘chute’ de terapia personal anticrisis.

@manuelreyesglz

1 comment for “BLOW-UP IN EIRE

  1. INMA
    16 septiembre, 2013 at 18:43

    GRABAR SE ESCRIBE CON «B» DE BURRO. SALUDOS.

Comments are closed.