Benja de la Rosa

“Vivimos tiempos represores”

Por David Hernández – Fotos: José Dasilva

Siempre se ha dicho que las mejores ideas surgieron en tiempos de crisis. No es casualidad que Madrid esté reviviendo un movimiento cultural como ya ocurrió en la década de los 80. Los recortes sociales y las dificultades con las que el Gobierno está obstaculizando el acceso a la cultura obligan a crear nuevas fórmulas de supervivencia. Una sociedad inculta es más fácil de manipular. Sin cultura, los políticos pueden utilizar a su antojo a los ciudadanos, teniendo una sociedad pasiva y permisiva a sus pies. La cultura es necesaria para poder crear mentes críticas. Por eso, no hay mejor oposición que una resistencia cultural.

En el barrio de La Latina se encuentra uno de esos espacios que se resisten a seguir las normas establecidas. La plaza de la Cebada acoge conciertos y espectáculos gratuitos independientes para regalar música y teatro, compartiendo el arte con los demás. En la casa de Benja de la Rosa se escucha el lejano sonido de los músicos que intentan amenizar la tarde de fin de semana.

El cineasta forma parte de la corriente cultural que está surgiendo en Madrid. Es uno de los  directores habituales de Microteatro por Dinero, donde, hasta el 1 de noviembre, se representa su última producción, ‘Lita, la gitana travesti de los 90’. Un monólogo divertido y, al mismo tiempo, amargo, que puede verse en la sesión golfa de los jueves.

– ¿Qué te llevó a elegir esta temática?

– Ahora que gays y lesbianas parece que están un poco mejor adaptados en la sociedad, queda mucho trabajo por hacer en el ámbito de los transexuales, sobre todo en cuanto a integración. Parece que la sociedad no acaba de admitirlas. Me apetecía escribir sobre eso y aportar un granito de arena al colectivo transexual. Estoy muy contento de que en Microteatro me hayan aceptado un espectáculo con esta temática, que no es fácil.

– Me da la sensación de que vamos avanzando como los cangrejos, hacia atrás. Si nos fijamos en las películas que Pedro Almodóvar hizo en los 80, largometrajes como ‘Qué he hecho yo para merecer esto’ o ‘La ley del deseo’… ¡hoy en día serían inconcebibles!

– Estamos en unos tiempos donde parece que se respira mucha, y no se respira nada de libertad. Son unos tiempos bastante represores. Según me contaban unas amigas transexuales en las que me inspiré, era fácil según para qué. La transexual era muy aceptada para un tipo de espectáculo y luego para hacer algún tipo de trabajito con los clientes. Estaban y están muy relegadas a la prostitución, a la noche y en algunos ámbitos un poco artísticos. Bueno, ahora hay alguna en política, hay alguna maquilladora… pero es un 1%.

– Eres un asiduo a Microteatro por dinero.

– ¡Yo inauguré los jueves golfos! Es mi quita o sexta obra en Microteatro. Tengo una buena relación con ellos y estoy muy contento con el trato que me dan.

– En el cine, lo tuyo también son los cortometrajes, esa serie de ‘Subproductos’.

– Curiosamente, llegué a Microteatro porque hacía unos cortos muy underground, de muy bajo presupuesto, y los mostraba por los bares. La gerente de Microteatro, una vez, en un bar, los vio y me dijo que los quería en Microteatro.

– ¿Preparado para dar el salto a la gran pantalla?

– Lo estoy preparando. Quiero empezar a rodar de forma profesional y hacer un gran largo y un gran corto. Va a ser más profesional, con un equipo profesional, con una preproducción… En condiciones.

Benja es hermano del actor Secun de la Rosa. Aunque a Benja le ha costado más darse a conocer, poca gente sabe que comenzó antes que su hermano. Debutó como actor en 1997 en 99.9 de Agustí Villaronga. “No lo sabe mucha gente, pero empezamos más o menos igual, lo que pasa que Secun siempre ha sido más centrado, más perseverante, más homiguita”, explica. Secun se trasladó muy joven a Madrid para estudiar, mientras que Benja llevaba una vida más alocada. “Me fui de relaciones públicas a Ibiza y hacía cosas de modelo de fotografía. Cosas como muy locas.” Más tarde, llegó a Madrid para estudiar interpretación en Corazza, pero actuar no le llenaba profesionalmente. No fue hasta 2003, al escribir su primera obra, cuando se dio cuenta de que era en el proceso de escritura donde realmente disfrutaba.

 – ¿Estudiar interpretación ayuda a dirigir?

– Noto que me resulta muy fácil dirigir a los actores. Me resulta fácil sacarles cosas. Están todos comodísimos conmigo. Les doy una libertad y una especie de comprensión que puede deberse a eso, a venir de ahí.

– ¿La vida del director es tan desordenada como dicen?

– No, es bastante más ordenada de lo que muestran y, también, bastante más dura de lo que parece. Estás muy rodeado, con mucho equipo, pero a la vez estás muy solo y tienes que tomar muchas decisiones. Es dura, pero luego es muy gratificante también. Implica tomar muchas decisiones. Eres como el motor.

– ¿Te has encontrado con muchas Eva Harrington?

– Sí, hay muchas, pero me pilla con 30 y muchos largos y ya lo veo venir de lejos. Aunque siempre te sorprendes. Hay mucha arpía. De todos modos, hay muchos mitos de que esto ocurre siempre en nuestra profesión y es algo que ocurre en todas las profesiones. Siempre hay alguien que quiere llegar arriba a costa de lo que sea. Yo soy muy fan de Pedro Almodóvar y te diría que no hay nada que me erotice menos que un actor en busca de trabajo, frase de ‘La mala educación’. Y es verdad, cuando alguien se te acerca y tú lo ves todo tan evidente… A mí, personalmente, no me motiva mucho eso.

– Me han contado que eres bastante místico y creo que eso influye en algunas de tus temáticas. ¿Qué te ocurre con las presencias?

– Me gustan mucho. Soy muy amante del cine de terror. Me apasiona. Entonces, presencias, espíritus, zombies… me encantan y siempre que puedo escribo sobre ello.

– ¡Y lo demuestras en ‘La casa de la portera’!

– Después de 5 meses, hemos prorrogado ‘Presencias’ porque está funcionando muy bien. Lo hacemos en este sitio que se está poniendo muy de moda, donde se hace teatro dentro de una casa. Es chulísimo y ya no es un micro, es una obra de una hora y media, con cinco actores. Una obra muy loca, muy underground, donde hay un poco de comedia, drama, terror… con textos muy intensos de Secun y míos.

 

Twitter: @_davidhernandez