Animales de compañía… Humanos o no

Por Lucía  McWeeny

Tengo una amiga que clasifica a los humanos en perros o gatos de una forma compulsiva.

Vamos, si te la presento, a la segunda frase te soltará “tú eres gato” o “tú eres perro”.

Como prefiero no ahondar en su propio concepto de “persona gato” o “persona perro” nunca le he

preguntado en serio qué quiere decir al soltar frases como esas.

Por cierto, yo soy persona perro. Según ella,

La verdad es que, más allá del sentimiento de amor universal hacia los animales que los

humanos buenos suelen tener, unos somos más de gatos y otros somos más de perros. Lo

que no comparto en absoluto es la imagen de humano asociada a cada clasificación. Lo del

gato para la solterona de sofá y mantita el domingo por la tarde y el perro para la soltera/o

que pretende ligar y que, acompañada de su pareja canina, baja al parque religiosamente,

dos veces al día en busca de una pareja humana.

Uf… Hay estereotipos odiosos. Y éste es uno de ellos.

Pero reconozco que el hecho de que que tus relaciones sociales estén marcadas por las

necesidades primarias de tu mejor amigo no deja de ser, cuanto menos, curioso.

Porque, imagina por un momento que un día Toby o Flecha te lo piden una hora más tarde.

De repente un nuevo universo podría abrirse para ti. A lo mejor ese día el pesao del parque ha

desaparecido y en su lugar encuentras a un marono/señora superapetecible… Y tras la caquita

viene un paseo y, tras el paseo, viene un café y, tras el café, viene una cena y, tras la cena

viene…. Ayyy, ¡¡¡que me lío!!!

Podrías acabar bajando al parque para satisfacer necesidades primarias de can y propias y

matar dos pájaros de un tiro. Porque, admitámoslo, todos hemos ligado más en el parque

paseando a un perrito que en casa acicalándo a un gatito.

Incluso se liga más en el parque paseando a un perrito que en la barra apurando chupitos

Existen otras opciones para buscar pareja humana pero pasan por hacerse un adicto al running

(me soplan que ya no se dice jogging, aunque no entiendo bien la diferencia) o pasear a un bebé

(esta opción bastante más compleja y puede atraer o repeler a partes iguales a sujetos que te

interesen).

En fin, si no te decides por perro o gato, siempre puedes optar por el mundo acuático.

Pececitos y tortugas también son animales aunque no te laman la cara y no se acurruquen a tu

lado en el sofá.

Y si la vida no te da para atender a un ser de otra especie siempre puedes colocar su silueta en

un cojín que también te hará compañía. Eso hice yo en este vídeo. Eso sí, descarta pasearlo por

el parque si no quieres ser objeto de miradas extrañas. Pero, si has encontrado una pareja humana,

te puedes acurrucar en el sofá sobre este cojín y…. Ay, que me lío.

Sí, la que habla en el vídeo y la que ha confeccionado este cojín soy yo.

Tengo dos perras.

Labradoras

)