ALBERTO JO LEE

“El teatro es como una competición de taekwondo”

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Por David Hernández

En el interior de una cafetería de la arteria principal de Madrid, me reúno con un actor catalán. Esta mañana, le ha preguntado a una amiga dónde hay un lago en el que poder relajarse, y es que echa de menos el mar y con algo tiene que conformarse. Desde el ventanal, el paraje es inquietante. Altos edificios, un ir y venir de personas aceleradas y vehículos que perturban con sus cláxones y motores. El blues que desprenden los altavoces del establecimiento ponen cierta calma a este escenario.

Alberto Jo Lee, pese a no tener cerca el mar que tanto anhela, dibuja una sonrisa en su cara. Habla con dulzura y transmite mucha calma y energía positiva. Quizá por eso me cuesta imaginarlo en una competición de taekwondo. Sin embargo, cuenta con seis títulos en competiciones internacionales oficiales y varios galardones nacionales, destacando siete medallas de oro. Compagina la interpretación con la dirección de su propia escuela de taekwondo, ‘Bamchundokwan III’, en Barcelona.

Hace un año, debutó en el teatro con ‘El hijoputa del sombrero, una obra sobre el difícil camino hacia la madurez y las peripecias en las que cuatro amigos se ven envueltos durante este sendero. Una historia sobre las drogas, el amor, los miedos y la adicción, que está a punto de estrenar su segunda temporada en el Teatro Príncipe Gran Vía.

-¿Cómo fue tu debut?

-Maravilloso. No esperaba que hubiera un subidón todos los días. Hice una analogía con las competiciones. Hay algo muy parecido. Tú estás entrenando un año y te la juegas en nueve minutos, en tres minutos muchos veces, incluso en centésimas de segundo. Cuando terminas el campeonato y has ganado la medalla sacrificándote, renunciando a miles de cosas, como pueden ser la familia, los amigos, tu chica… dices: “¡Guau! ¡Ha valido la pena!” A veces, cuando no ganas, también ha merecido la pena porque has hecho un buen trabajo y no siempre se puede ganar. Con la función pasa lo mismo. Todos los días tengo que demostrar en cuestión de una hora y cuarenta minutos, todo el sacrificio, todo el trabajo realizado. A veces nos aplauden tres minutos, a veces dos, a veces se levanta toda la sala y se pone en pie. Es como ganar medalla de bronce, plata u oro. A veces no hay medalla, a veces el aplauso es más tímido, pero no importa porque has hecho tu trabajo y lo has demostrado.

-Es muy diferente a ponerte frente a una cámara, que en cualquier momento se puede cortar y repetir la secuencia. Subirte a las tablas supone actuar en directo, sin cortes. ¿Cómo te sentiste la primera vez que saliste a escena?

-¡Nerviosísimo! Les decía a mis compañeros: “Me salváis, ¿no?” Me decían que sí, y yo les decía que también intentaría salvarles a ellos, aunque no tuviera la misma experiencia para hacerlo. Pero luego sí ocurre. Cuando ya estás relajado y no tienes tantos nervios, tu compañero se puede equivocar y tú estás ahí para ayudarle.

-Entiendo que te ha tocado improvisar.

-Varias veces. Recuerdo una en la que mi personaje, Julio, va con un carrito en el que lleva una batidora. Una de las veces, no funcionó. En esa escena, tengo que hacer un batido de frutas a Jackie para que se recupere de una pelea. Entonces, aprieto el botón y no funciona. Vuelvo a apretarlo y vuelve a no funcionar. En la tercera digo: “¡Uy, se ha roto!” Entonces, todo el público empieza a reírse. Luego continúa la cosa. El zumo no se lo puedo hacer de frutas, le doy el zumo normal, que llevaba zumo de piña y le digo: “no lleva frutas, pero da igual, te jodes.” Continúas con eso.

10394794_10152396538065275_2352117593471669286_n– Tu personaje está en una lucha constante. Parece que tenéis bastante en común.

-Yo lo llevo bastante mejor que Julio. Yo puedo hablar de experiencias negativas que haya tenido por ser oriental en un país como España. Pero mi personaje lo ha pasado peor.

-Aunque realmente eres español. Naciste en Barcelona.

-Soy español, catalán, coreano. Cuanta más cultura tienes, mejor entiendes las cosas, hay más enriquecimiento… Pero aquí te etiquetan, eres chino y ya está. Yo he tenido problemas, pero contados.

-Pero tu personaje no sólo es asiático…

-Suma que es gay. Julio lo ha pasado muy mal y quiere parecer fuerte, quiere parecer un macho, quiere que parezca que tiene muchísima seguridad, por eso se entrena tanto y practica tanto las artes marciales. Quiere hacer justicia, como Bruce Lee, que es su ídolo.

Alberto Jo Lee siempre comenta que le gustaría dejar de interpretar al tópico personaje chino, con acento. En ‘El hijoputa del sombrero’, su personaje es chino, nacido fuera, pero adoptado en España. Por fin un personaje que habla bien, lo que el actor considera un regalo. “Empecé en la película ‘Tapas’,  en la que interpretaba a un chino que llevaba poco tiempo en España, que no sabía hablar y tenía un acento muy marcado,” explica. “Tuve que prepararme muchísimo, estudiando el arco de sonidos, porque los chinos tienen un lenguaje muy tonal. –dice unas palabras en chino para explicarlo, mientras le escucho boquiabierto sin entender nada.- No fue fácil.” Como siguió interpretando más papeles similares, perfeccionó el acento.

Siempre termina dando vida a personajes asiáticos, igual que Ricardo Nkosi a inmigrantes ilegales por el hecho de ser negro pese a haber nacido en Madrid. En nuestro país no se arriesga por personajes raciales. Alberto explica que es porque nos falta tiempo: “Barcelona y Madrid son ciudades súper culturales, súper cosmopolitas, súper modernas… Pero hay muchos lugares de España que todavía no.” “En todas las series americanas hay un oriental, hay una persona de origen africano, hay un árabe… Es normal y lo ven normal, porque se vive esa multiculturalidad.” Al actor le fascina tener “niños de todos los colores y todas las culturas” en su escuela de artes marciales. “Mientras practican taekwondo, se olvidan de que el papá de su compañero reza cinco veces mirando a la Meca, les da igual. Ellos quieren divertirse y les importa un bledo de dónde sean,” explica. “Es la generación que va a romper con todas las barreras.”

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-Salvo con el éxito de ‘Ocho apellidos vascos’, la taquilla del cine ha caído en picado, tanto en producciones nacionales como internacionales. ¿Qué crees que está fallando?

-El IVA. No se dan cuenta de que, con todas las posibilidades que hay para ver de forma gratuita una peli, la gente no quiere gastar. Tenemos que impulsar que la gente vuelva al cine a comerse unas palomitas y a pasar un buen rato viendo una pantalla enorme. Hay que recuperar eso, porque, si no, lo vamos a perder.

-El Gobierno lo achaca a la falta de producciones.

¡¿Si no hay dinero, cómo se va a poder producir?! Yo llevo mucho tiempo de pilotos, teasers… Y como yo, muchos compañeros. Esto no ocurría antes. A lo mejor hacías un piloto y ya tenías un 60% de posibilidades de que el proyecto saliera adelante. Ahora es complejísimo el proceso para llegar a rodar una serie o una película porque no hay inversores. No hay dinero.

-¿Qué sientes dedicándote a una de las profesionales más inestables?

-Por un lado, felicidad, porque creo que es un privilegio poder trabajar en lo que te gusta. En el lado de la incertidumbre, claro, te preocupas y tal. Por eso, yo tengo mi escuela, es mi colchón. Si no trabajara como actor, siempre podría volver a la escuela.

-En tu vida, ambas profesiones han estado muy relacionadas. Buscando financiación para montar la escuela, mientras estudiabas la carrera de derecho, empezaste a trabajar en publicidad y eso te llevó hacia el cine.

-Era competidor de combate. Tenía toda mi vida entregada. Me lesioné a los 18, en primero de carrera. Me operé y, a los pocos meses, pude competir de nuevo, pero me volví a lesionar. Dejé la competición y me tomé un año sabático, porque no sabía qué hacer con mi vida, y, entonces, dije: “ya que no puedo competir, voy a preparar competidores.” Una escuela requiere dinero. Fue entonces cuando empecé a hacer cástines de publicidad y, después, llegó la película ‘Tapas’. A partir de ahí, otros directores empezaron a confiar en mí.

-Empezaste sin haber realizado estudios de interpretación. ¿Cómo recuerdas la experiencia?

-Ahora creo que tampoco sé mucho, pero entonces no sabía nada y me tenían que explicar muchas cosas de cine que yo desconocía. La suerte también ha sido que he tenido compañeros muy generosos que se han entregado a enseñarme en todos los trabajos que he tenido.

-Se rompe con el tópico de las zancadillas que se supone que hay en este mundillo.

-Dicen que las hay, pero yo no las he vivido. Creo que también depende de lo que tú desprendas. Yo intento desprender generosidad y compañerismo e ir a favor de la obra.

Twitter: @_davidhernandez