Adrián Marín

 El actor madrileño se confiesa y muestra su perfil más humano

por DAVID HERNÁNDEZ

Madrid está lleno de personas que desean dedicarse a la interpretación. Gente de todas las edades que se prepara para el casting de su vida. No es fácil. Hay que saber acostumbrarse a las negativas. Algunos fracasan en su intento y deciden echar la toalla. Hay quienes lo consiguen con trabajo y esfuerzo. Se podría decir que ellos son los afortunados. Finalmente, están quienes con un solo papel logran alcanzar la cima del éxito. Se convierten en ídolos de masas, pierden su intimidad, la prensa y los fans les persiguen y desearían haber tenido una vida más tranquila en el anonimato. Entre el grupo de afortunados se encuentra Adrián Marín. Un joven actor que vive de su vocación, que trabaja en cine y televisión, pero que se puede permitir viajar en metro sin que las masas le acosen. Es más, le gusta desplazarse por el suburbano y mezclarse con la fauna humana que transita por la gran ciudad.

Adrián no fue uno de esos niños que sueñan con ser actor. No se lo planteó hasta los 16 años. “Vinieron al instituto a hacer un casting, en busca de chavales para una serie que se hacía en Telecinco.” Hizo la prueba, le gustó y “saltó la chispa.” Ahí comenzaron las clases de teatro. Después llegaron papeles en series como ‘Aída’, ‘Hospital Central’, ‘Física o Química’, ‘Cuéntame’ o ’90-60-90’ y películas como ‘Planes para mañana’ y ‘WWW’, a punto de estrenarse.


–       En tu última película interpretas a un hacker que vive en Nueva York y se enamora de una chica que conoce a través de Internet. Tus personajes, generalmente, son algo “paletillos”…

–       ¿“Paletillos”?

–       Sí. No se comen un rosco.

–       Eso no es un “paletillo”, es un “pipa”. El típico tontito de barrio que no está en la onda, del que todo el mundo se burla, que no se como un rosco, con el que, digamos, tienen licencia para meterse. Un pobrecillo.

–       La cuestión es que tus personajes nunca tienen nada que ver contigo. Tienes tus puntos macarras. ¿No lo transmites en los cástines?

–       También se transmite. Hace poco, aunque después gente de la propia serie me dijo que había sido una estupidez, estuvieron a punto de darme un papel fijo en TVE y no lo hicieron porque no parecía suficientemente pijo. Así que algo macarra sí se me nota.

–       ¿Cuál es el personaje de tus sueños?

–       No tengo un personaje ideal como tal. Me gustan mucho las películas heroicas, de superación, historias en las que todo son adversidades y una persona o un colectivo lo da todo, sabiendo que no tiene nada que perder, o todo que perder, y mucho que ganar.

–       Aunque finalmente te has dejado llevar más por la interpretación, tus primeros pasos los diste en el mundo de la música.

–       Toda  la vida he pertenecido a una familia de artistas. Mi abuela, mis tías y mi madre, hasta que se quedó huérfana de padre y se tuvo que ir fuera, eran todos músicos. Yo seguí ese camino. Tengo la carrera de violonchelo, que, a trancas y barrancas, conseguí terminar.

–       ¿Por qué te costó tanto?

–       Siempre he tenido una relación muy de amor-odio con la música. Con tres años, me metieron a estudiar en una escuela de iniciación musical. Con todo he sido un poco igual. En la música, acabé con un grado medio después de muchas tentativas de dejarlo. Me metí en el bachillerato de ciencias porque quería ser médico y meterme en un barco para dar la vuelta a África ayudando a la gente. Luego desistí de la idea y me metí en el de ciencias sociales para acabar en el musical. Empecé la carrera de derecho y ahora estoy haciendo relaciones internacionales. Empecé tocando el violín y ahora soy violonchelista.

–       En estos momentos, se te ve más centrado. Compaginas tu carrera profesional con los estudios de relaciones internacionales y ciencias políticas.

–       El derecho no me gustó en ese momento. Lo dejé, me metí a estudiar ciencias políticas y, un año después, empecé relaciones internacionales. Ahora mismo, estoy en tercero de las dos.

–       ¿Son buenos actores los políticos?

–       Eso intentan todos. Se les nota cómo intentan controlar sus gestos, lo que quieren decir, el tiempo, su cuerpo, su voz… La pregunta que a mí me interesa es saber si son buenos políticos los actores.

–       ¿Te gustaría ser político?

–       No lo sé.

–       ¿Entonces, podrías estar formándote como actor para después aplicarlo a la política?

–       La formación de actor, realmente, es la propia vida. Un actor no hace más que empaparse de todo lo que le rodea: de las vivencias, de las personas, de las ciudades… Si un actor aprende de la vida y, si un político, para ser bueno también tiene que aprender de las sociedades, en cierta medida, están aprendiendo en paralelo.

–       ¿Si fueras director de casting, qué papel le darías a Mariano Rajoy?

–       De enanito gruñón onanista o algo así.

–       ¿Y a Rubalcaba?

–       Gepetto.

–       ¿Porque manipula las marionetas?

–       Sí, quizá un poco. Un poco artesano. En la sombra todo.

–       ¿Qué haces cuando quieres desconectar de la política, las relaciones internacionales y la interpretación?

–       Salir a tomar algo, estar en casa tranquilamente si estoy muy cansado, ir al teatro, dar alguna vuelta, ver a mis padres…

–       ¿Cuál es la última obra que has visto?

–       ‘O cerco de Leningrado’, en portugués.

–       ¿No te tientan las tablas?

–       Sí. Tengo un proyecto en mente con un buen amigo. Él está escribiéndolo. A ver si sale adelante. Tenemos muchas ganas. Sería un monólogo dramático sobre el bullying. A ver si prontito nos subimos a las tablas.

–       Tanto trabajo, a veces tiene que saturarte un poco. ¿Dónde buscas la paz en esos momentos?

–       Me gusta mucho ir a la Casa de Campo. Suelo ir montado en bici y me paro cinco minutillos en algún sitio alto. Me gustan los sitios desde donde se ven partes de la ciudad, la Casa de Campo entera o tienes la sierra madrileña al fondo, que desde mi casa siempre se ha visto, cuando no lo impedía la contaminación. Sitios donde el horizonte está más claro y se puede pensar con nitidez.

Al finalizar la entrevista, dimos un paseo por la Gran Vía. Mezclándonos entre la gente y sorteando el tráfico para tomar algunas instantáneas. ¡Sí, instantáneas! Con una vieja Polaroid. Moderno que es uno.

Twitter: @_davidhernandez